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javierdelgado

"GRAMSCI EN LA CÁRCEL Y EL PARTIDO", UN LIBRO DE PAOLO SPRIANO

“GRAMSCI IN CARCERE E IL PARTITO”, UN LIBRO DE PAOLO SPRIANO

 

Cuando apareció este libro (Roma, Riuniti, 1977) representó un importante esfuerzo por abordar uno de los asuntos casi “tabúes” en la historia del Partido Comunista Italiano, la situación política de Gramsci desde que fue encarcelado. Incluso desde que, dos años antes, se instaló en Roma cuando obtuvo el acta de diputado y asumió la dirección del Partido en el interior afrontando graves problemas de seguridad personal.

 

La clave del asunto ha estado siempre en la relación de Gramsci con Togliatti, por entonces en Moscú, integrado en la dirección de la III Internacional en medio de la refriega que tenía lugar en el interior del partido bolchevique. La última carta de Gramsci a Togliatti (con quien ya no tuvo nunca ninguna comunicación) sería, precisamente, una carta en la que le reprochaba no haber entregado su texto sobre la crisis en la dirección del partido bolchevique. (A Gramsci le parecía que tanto la oposición trotskista como la mayoría tenían la responsabilidad de la situación creada en su partido y habían adquirido una enorme responsabilidad ante el movimiento obrero mundial, de la que parecían no darse cuenta del todo. A Togliatti le parecía que había que posicionarse claramente a favor de la mayoría del partido ruso. Pero Gramsci, por encima de la “diplomacia” de Togliatti, hacía valer – sin éxito- su categoría de máximo dirigente del partido italiano a la hora de hacer oir su opinión claramente por los “camaradas rusos”).

 

A partir de ahí, el encarcelamiento de Gramsci supuso no sólo su aislamiento físico de la realidad cotidiana del país y del mundo, sino su aislamiento de la mayoría del partido comunista italiano: Gramsci pensaba que ya era momento de “reagrupar fuerzas” frente al evidente avance del fascismo junto a las organizaciones socialdemócratas y demócratas en general, mientras que la doctrina oficial de la III Internacional era aún la de que la socialdemocracia no era sino “el ala izquierda de la burgesía” y, más precisamente, la “aliada objetiva” del fascismo (de ahí su lamentable adjetivación de “socialfascista”). Oficialmente, a la dictadura fascista había que oponerle el objetivo inmediato de la “dictadura del proletariado”.

 

Por si esto fuera poco (que no lo era) las circunstancias concretas, físicas, de Gramsci no eran las mejores para enfrentarse a un régimen carcelario en el que no eliges precisamente los compañeros con los que tienes que convivir el día a día. Surgieron pronto roces, equívocos, rechazos, silencios. Más aislamiento.

 

Es un capítulo de la historia del partido comunista italiano que siempre se trató con pinzas y sobre el que muy pocos, a parte de Paolo Spriano,  se han atrevido a escribir en serio, con acopio de fuentes documentales, rigor historiográfico y espíritu crítico.

 

El verano de 1977 viajamos a Italia, en coche alquilado, un grupo de amig@s y camaradas de entonces, con Víctor Viñuales (que hizo de esforzado conductor), Ignacio García de la Rosa, Pilar García y Teresa Rodrigo. Nos quedamos por la Italia del Norte: Pisa, Turín, Milán, Venecia…

 

Recuerdo que paseé por los porches de Turín creyendo sentir en ellos los ecos de los pasos de un joven Antonio Gramsci lanzado a la lucha, desde las páginas  “L’Ordine Nuovo” en defensa de los consejos obreros de fábrica de los años veinte. Turín había sido “la cuna” del comunismo de Gramsci y su combativo movimiento obrero su primera gran  inspiración.

 

A la sede del Instituto Gramsci de Turín entramos mis amig@s y yo como quien entra en sagrado. Allí compré algunos libros, entre ellos éste “Gramsci in carcere e il partito” de Paolo Spriano, entonces recién publicado.

 

Había viajado a Italia sólo en una ocasión antes  y esa vez fue por Roma, Castengaldolfo, Nápoles, Pompeya…, el verano de 1968, a mis catorce años. (Había ganado el segundo premio nacional de redacción de la Coca-Cola y me llevaron por allí durante diez maravillosos días inolvidables).  Después de este otro viaje de 1977 no he vuelto a Italia nunca, y no ha sido por falta de ganas. O sí. Creo que, visto el intérvalo entre la primera y la segunda visita, sería en 2013 cuando me tocaría ya una siguiente oportunidad.

 

Seguiremos con el pobre Gramsci encarcelado…

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