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MERCADO CENTRAL DE ZARAGOZA. ADORNO Y SENTIDO

ADORNO Y SENTIDO EN EL MERCADO CENTRAL

                                JAVIER DELGADO

La decoración del Mercado Central, inscrita en su propia estructura, habla y explica el sentido de un edificio singular. La constituyen cuatro tipos de elementos: los relacionados con el dios Mercurio, los que simbolizan el trabajo y las tareas que contribuyen a la alimentación humana, los que exhiben productos concretos que se venden en este mercado y, por último, el conjunto de los adornos de motivo vegetal.

 Mercurio, el trabajo, el mercado y sus productos

Mercurio está presente en el Mercado por medio de su caduceo y su casco alado, emblemas del dios que se muestran sobre las entradas laterales, en las cerchas curvas del arco de la nave central y en los capiteles corintios de las columnas altas de las fachadas norte y sur. Al trabajo, y más aún a la laboriosidad, aluden las dos colmenas acompañadas de tres abejas con cabeza humana que se tallaron sobre las entradas laterales.

Las tareas vinculadas al mercado alimentario están representadas de tres formas distintas en la fachada principal (sur). En primer lugar, mediante los “carteles” de piedra alusivos al comercio (mulo y roscadero), la horticultura (frutas, azada y regadera), la caza (ánade, arco y flecha) y la pesca (dos peces, remo y red). En segundo lugar mediante las figuras de las cresterías sobre las galerías laterales, en cada una de las cuales se esculpieron una cabeza central de carnero (la carne), dos conejos (la caza), dos frutos de alcachofas (la horticultura), dos peces (la pesca) y dos racimos de uva (la agricultura). En tercer lugar mediante emblemas esculpidos en los capiteles de las columnas altas de las fachadas norte y sur: la agricultura (hoz y tres espigas), la pesca (pez con tridente y anzuelo), la caza (ave alcanzada en vuelo por una flecha) y el comercio (balanza y  rama de laurel).

Los productos que se venden en el mercado están presentes en los cuarenta y dos  tarjetones esmaltados del interior. Iniciando un recorrido desde la fachada principal (sur) hacia la fachada trasera (norte) y volviendo desde ésta hasta la fachada principal se ven tarjetones con las siguientes imágenes:

En el lateral oeste: 1: Melocotones. 2: Gallina y polluelos. 3: Racimos de uva. 4: Peces. 5: Ánade en vuelo. 6: Zanahorias y nabos. 7: Gallina y huevos. 8: Panes y cesta de higos. 9: Alcachofas. 10: Langosta. 11: Cabra. 12: Pájaros 13: Ciruelas. 14. Codornices. 15: Jabalí. 16: Manzanas y melones. 17. Ternero. 18: Naranjas. 19: Olivas negras. 20: Coliflor. 21: Cordero.

En el lateral este: 22: Pavo. 23: Cerdo. 24: Corzo. 25: Aves negras. 26: Peras. 27: Gallo. 28: Toro. 29: Perdices. 30: Cordero. 31:  Melón abierto y melocotones. 32: Faisán. 33: Vaca. 34: Pato. 35: Angulas. 36: Membrillos. 37: Pájaros. 38: Conejos. 39: Carnero. 40: Dos palomas. 41: Cerezas. 42: Peces.

El propio Félix Navarro explicó la presencia de todas estas figuras en la decoración del Mercado Central en un importante artículo publicado en “Heraldo de Aragón” el 24 de junio de 1903, día de su inauguración. En este artículo el arquitecto expone claramente su concepción global del edificio y el sentido de los principales elementos de su ornamentación. En esencia, Navarro tiene una forma de concebir el edificio porque tiene una forma de concebir el trabajo humano (al que canta con su arte), el comercio (un fecundo trato) al que está destinado, las relaciones de los seres humanos entre sí (que han de ser de equidad), las de éstos con la materia (sobre la que reinan), con su propia intimidad espiritual (victoria sobre las rudezas, mezquindades y egoísmos) y con una inspiración superior (una norma bajada del cielo, una ley o razón).

El adorno de motivo vegetal

En cuanto al adorno de motivo vegetal, aparte de la presencia alegórica de las figuras nombradas, Navarro explicó la presencia del trigo y la vid junto al escudo de Zaragoza (los típicos alimentos) y de los canastillos rebosando frutas, acompañados de las ocho letras de la palabra Zaragoza, de los capiteles de las arcadas laterales de las fachadas norte y sur (porque los productos de una región forman su carácter o nombre). Pero no detalló sentido de la presencia de todas las plantas representadas, algunas reiteradamente, a lo largo y ancho del edificio.

Dieciséis son las plantas representadas en el Mercado Central. Por orden de frecuencias (se excluyen del cómputo las presentes en guirnaldas, cornucopias y fruteros): Girasol: 460. (En vigas de celosía: 84. En columnas de hierro semisótano: 144. En cerchas: 160. En cierres fachadas norte y sur: 20. En vallas fachadas norte y sur: 20. En puertas fachadas laterales: 16. En celosía galerías de arquillos: 16). Granada: 329 (En cierres fachadas norte y sur: 8. En columnas de hierro planta calle: 304. En capiteles columnas fachadas norte y sur:16. En cartel fachada principal:1). Olivo: 304. (En columnas de hierro planta calle). Berro de los prados (Cardamine pratensis): 240 (En cierres laterales). Neguilla (Agrostemma githago): 88. (En tarjetones: 84. En dinteles laterales: 4). Trigo: 82. (En cerchas: 80. Junto al escudo de Zaragoza: 2). Vid: 50. (En cerchas: 40. En cresterías: 8. Junto al escudo de Zaragoza: 2). Loto: 36. (En columnas de hierro semisótano). Manzana: 33. (En cestos capiteles: 32. En cartel fachada principal: 1). Membrillo: 17. (En cestos capiteles: 16. En cartel fachada principal: 1). Rosa: 16 (En celosía galerías de arquillos). Pera: 13. (En cestos capiteles: 12. En cartel fachada principal: 1). Alcachofas: 8 (En cresterías: 8). Piña: 2. (En hornacina colmena). Anea:1(En cartel fachada principal). Laurel: 1 (En escudo emblema Balanza).

El plano adjunto permite hacerse una idea de conjunto de la presencia de decoración vegetal del Mercado. Hay que resaltar que la representación de estas plantas es fundamentalmente realista, de forma que el visitante puede reconocer fácilmente las vides de las naves laterales, los trigos y los girasoles de la nave central, los olivos y las granadas de las bases y los capiteles de las columnas y, por supuesto, las frutas expuestas en los capiteles de las columnas de piedra de las entradas norte y sur. Con un poco de atención podrá reconocer también las frutas expuestas en los fruteros elevados sobre los pináculos. En cuanto al berro de los prados y la neguilla, su identificación es discutible, pero creemos que puede defenderse con relativa certeza (son flores presentes en el arte desde la Edad Media).

Un grupo de siete plantas predominan en la decoración del Mercado Central: el girasol, la granada, el olivo, la neguilla y el berro de  los prados, seguidas del trigo y la vid. Atendiendo no sólo a su cantidad sino también a su ubicación y a sus dimensiones, son el girasol, la vid y el trigo las que predominan en el interior del edificio (y el girasol la única que también está en el semisótano). El berro de los prados, por su parte, domina totalmente la decoración en hierro al exterior, como si de una cerca floral silvestre se tratase. Es importante advertir la absoluta ubicuidad del olivo y la granada, por más que por su tamaño no estén evidentes a primera vista. En cuanto al loto, su presencia en los capiteles de las columnas de hierro del semisótano (a los que da su forma) hace de ella también un motivo ornamental de primera magnitud. Seguramente, a parte de su belleza formal, su presencia tiene mucho que ver con el resurgir de motivos orientales en la literatura y el arte de la época, incluso con un cierto renacer del esoterismo.

La importancia primordial del trigo y la vid no resulta solamente de su patente ubicuidad y el gran tamaño de su representación en las cerchas, sino también por su presencia junto al escudo de la ciudad. También la presencia del trigo junto al caduceo de Mercurio en las cerchas del arco central le dota de una especial significación. Lo mismo puede decirse de la flor de girasol, la figura vegetal más representada en el Mercado.

La especial ubicación de la alcachofa, la manzana, el membrillo y la pera en los conjuntos emblemáticos de la fachada (capiteles, cresterías, y carteles), en los que están en representación de la horticultura, hace que su importancia crezca muy por encima de lo que les corresponde por su tamaño y por su frecuencia. La escasa presencia de la rosa (y su reducido tamaño y marginal ubicación en las celosías de las galerías de arquillos) responde precisamente a este planteamiento general: estamos en un ámbito dedicado a las plantas agrícolas, útiles y alimenticias, vinculadas a la agricultura y la horticultura, y no al mundo de la jardinería (al que sólo pertenecen en el Mercado, además de la rosa, el loto y el laurel).

Simbolismo vegetal

La evidente presencia de elementos vegetales en la ornamentación de muchos de los edificios diseñados por Félix Navarro habla por sí misma de la querencia de este arquitecto por ella. Ciñéndonos a su obra en Zaragoza, la mayoría de sus edificios muestran a las claras su gusto por una ornamentación vegetal perfectamente visible por el paseante. El adorno vegetal en las obras de Félix Navarro remite claramente a formas concretas de la vegetación y participa de un lenguaje iconográfico generalizado, gracias a lo cual los elementos concretos de ese adorno pueden ser identificados y, a partir de ahí, entendidos, interpretados. Esto es lo que vamos a intentar en este apartado sobre la posible connotación simbólica del adorno vegetal en el Mercado Central de Zaragoza.

La mayoría absoluta de las plantas representadas en el Mercado Central nos resultan absolutamente familiares y no requieren especial presentación. Han sido desde la más remota antigüedad objeto de atención, no sólo agrícola y culinaria sino cultural, incluso en el ámbito de la experiencia religiosa. Su notable calidad botánica les dotó enseguida de un gran protagonismo de nuestra civilización: enseguida participaron también en la elaboración – incluida su faceta mítica, literaria y artística - de una visión del mundo en la que lo material y lo espiritual se darían la mano. Todas adquirieron muy pronto una inextinguida capacidad de representación simbólica de preocupaciones, satisfacciones y aspiraciones del género humano. 

Las dos únicas plantas que presentarían una connotación simbólica negativa son, precisamente, las únicas plantas silvestres: el berro de los prados y la neguilla, relacionadas en el folclore centroeuropeo al peligro, el diablo y la locura.  Es posible que en el diseño decorativo del Mercado, pleno de plantas agrícolas,  útiles y alimenticias y en el que todo colabora en la exaltación de un proyecto civilizador y socializador, estas pequeñas plantas silvestres estén precisamente aportando una llamada de atención hacia la presencia de los peligros que siempre amenazan el positivo desarrollo de la civilización o hacia los elementos que, como excepción, siempre intentarán mantenerse ajenos a ella. Se trataría de un detalle de una notabilísima sutileza intelectual y artística.

Es importante reparar en la ubicación de los motivos vegetales distribuidos en el espacio entero del Mercado Central (véase plano). Emblemáticos en la fachada, el trigo y la vid se enseñorean (desde las cerchas) del espacio interior del mercado. Lo hacen unidos a las flores de girasol, que por su parte contribuían a embellecer e “iluminar” (desde los capiteles de las columnas de hierro) el espacio del semisótano. También participan del espacio interior otras plantas que se muestran en el exterior: el olivo, la granada (ambos en las columnas) y la neguilla (en el dintel de las entradas laterales y en la cenefa de los tarjetones).

Una observación más atenta evidenciará (véase croquis) cómo el paso de todas estas plantas al interior del edificio viene acompañada de una elevación en altura, en la que ha intervenido una consideración del espacio desde el punto de vista de la luz (de su origen natural, en primera instancia). Los campos de trigo y los viñedos que rodean los puestos de venta lo hacen desde una altura superior, manteniendo una categoría simbólica ya adquirida en la fachada, y al resto de las plantas esa elevación espacial también las elevará a una categoría superior como símbolos. Ocurrirá muy especialmente en el caso de las flores de girasol: presentes en el semisótano y en los cierres metálicos de las entradas, ascienden a las alturas de las cerchas curvas del arco central y allí se muestran repetidamente como símbolo de la transformación de la materia gracias a la luz solar. Espigas de trigo y flores de girasol junto al caduceo insisten en la idea de esa transformación de la materia en fuerza espiritual, precisamente gracias a la intervención de Mercurio (el Hermes de la alquimia).

Algo semejante sucede con los frutos del granado: al alcance de la mano de quienes acceden al interior por cualquiera de las puertas que permiten el acceso a la planta calle, pero también en los elevados e inaccesibles capiteles de las columnas. Atractivo fruto agridulce, conocido símbolo de la fecundidad, podrá transformarse en el interior, en la altura de los capiteles, en símbolo de la amistad y de la generosidad. Y sobre estas granadas, por cierto, las conchas con perlas se exhiben como símbolo de la purificación y el perfeccionamiento a partir de la materia más humilde.

El olivo es árbol simbólico de la prosperidad y de la paz desde los más remotos tiempos. Su no inclusión en la fachada, entre los típicos alimentos de los que habla Navarro puede compensarse sobradamente con esta ubicuidad, especialmente si tenemos en cuenta un antiguo proverbio árabe: El aceite es el pilar de la casa. Lo encontramos representado en las basas de todas las columnas de la planta calle.

Los frutos de los capiteles corintios de las columnas de las entradas sur y norte, los que se muestran en los cuernos de la abundancia y en los fruteros expresan esencialmente la misma idea de copiosidad, fecundidad, abundancia, prosperidad y felicidad, elevando las frutas cada vez a superiores alturas del Mercado, como exhibiendo una ofrenda frutal a plena luz del sol.

Sólo a una planta de las representadas en el Mercado se la ha excluido de esa norma general de elevación espacial como vía de transformación a un ámbito simbólico superior: el loto, que da forma a los capiteles de las columnas del semisótano. Salida de la oscuridad, se abre a plena luz, símbolo de la plenitud espiritual. Junto al agua y en la penumbra, una flor de agua que busca la luz, que significa ella misma la conquista de la luz interior en un contexto religioso de muerte y resurrección. En las “tripas” del Mercado Central, una de las flores más espirituales del planeta. Verdaderamente, a esos lotos no les hacía falta nada más.

¿Y gracias a qué mecanismo todas estas plantas experimentan una transformación que los convierte, más allá de su inmediata capacidad alegórica de la prosperidad material y de la paz, en elementos de una simbología celebradora de la superación intelectual y moral? Es por obra del caduceo que reina entre todos ellos en este edificio consagrado a Mercurio. Es la acción de esa norma bajada del cielo, como lo expresa Félix Navarro, la que propicia una general transformación de la materia gracias a la cual sobrevive materialmente el género humano en materia espiritual gracias a la cual supera la inferioridad de lo que no se eleva del suelo. La presencia en el Mercado Central del dios Mercurio sería la clave del sentido de toda su ornamentación vegetal.

El dios Mercurio (el Hermes griego) desempeña en la mitología occidental la función de heraldo celestial. Comunicador  entre el mundo terrenal y el olímpico, protector de los caminos, de los viajeros, del comercio, del lenguaje, de la elocuencia y en general de la comunicación, Mercurio también actúa como guía y conductor de  las almas al Más Allá. De la paz fue también emblema, desde la Antigüedad, su famoso caduceo, empleado para abatir ante él enfrentamientos y discordias (como recuerda en su artículo Félix Navarro). Mercurio es un dios protector de las artes y las letras, de las artesanías y de los oficios productivos, conocedor de las características del género humano, al que señala y ayuda a encontrar el camino hacia la luz, especialmente interesado en su superación intelectual y moral.

El adorno de motivo vegetal refuerza el carácter positivo y optimista del diseño  del Mercado Central en el que la presencia de Mercurio transforma el edificio en un ámbito social civilizador en el que pueden realizarse los humanos deseos de bienestar, comunicación y superación cultural. Las plantas que lo adornan contribuyen a proclamar este mensaje.

 

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