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javierdelgado

TRANVÍA DE DIOS-

TRANVÍA DE DIOS-

 

 

Una mañana de domingo un adolescente sube al tranvía y ocupa un asiento. Poco a poco va sintiendo una sensación que acaba reconociendo. Los olores de las telas y de los perfumes de un día de fiesta, unido a los de la limpieza y barnizado de las maderas del tranvía le producen el efecto: ¡se diría que estaba en una iglesia, en misa! El silencio general, los bisbiseos, los lentos movimientos de los pies... ¡Así que todo eso no estaba sólo en los templos! Aquella mañana decide que su misa está en los tranvías, en las cafeterías…

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