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javierdelgado

UN ANDARÍN AL QUE LE GUSTA SABER LO QUE VA VIENDO. EL ROBLE DEL CANAL. UNA HISTORIA SOBRE LA REALIDAD Y LA POESÍA QUE TIENE SU MIGA (Y SU CORTEZA)

UN ANDARÍN AL QUE LE GUSTA SABER LO QUE VA VIENDO. EL ROBLE DEL CANAL. UNA HISTORIA SOBRE LA REALIDAD Y LA POESÍA QUE TIENE SU MIGA (Y SU CORTEZA)

Este es el roble del Canal, en invierno. Para no dar más pistas...

Un cuñado mío, Carlos García, trabajador infatigable durante todos los días del año, tiene la costumbre y la obligación de salir a darse caminatas una vez a la semana para compensar el trabajo de oficina y mantenerse en forma. Carlos sale a sus excursiones al punto de la mañana y las acaba a la hora de comer, haciendo docenas de kilómetros entre tanto, de ida y vuelta. Coge el coche, llega a un punto concreto del camino, lo deja bien cerrado y sale a caminar durante horas. Así ha ido recorriendo muchas zonas de los alrededores de Zaragoza y otros lugares más alejados.

Carlos sabe de muchas cosas y tiene muy buen humor, además de una mente rápida y en general buena vista (no sólo para los negocios). El caso es que andando andando mi cuñado va viendo plantas y árboles que le van llamando la atención. Unos por su forma, otros por sus frutos, otros por sus olores y colores, etc. Cuando nos vemos (menos de lo que querrríamos), me pregunta por tal o cual árbol que ha encontrado. Lo que más me admira de Carlos es que sabe describir con gran exactitud no sólo las características del lugar en el que los encuentra (como Julio César en sus textos), sino que además sabe describir al detalle las características del árbol o la planta que le interesa. Me recuerda a los exploradores botánicos que iban a las américas y describían tal y tal y hacían esmerados dibujos y dejaron un legado impresionante.

Carlos no hace dibujos pero hace fotografías, ahora con una nueva flamante máquina mágica con la que se puede fotografiar hasta el crecimiento de una hoja en fracciones cuánticas biflexivas interrecorcholadas. Una maravilla.

Hoy me ha enviado foto desde el Canal Imperial de Aragón, con imagen del que pasa por ser el único roble a orillas del canal entre el puente de América y el Burgo de Ebro.

Yo he escrito algunas veces ya de ese roble, porque me conecta con una historia personal para mí bastante importante. Ahora les cuento.

Hace unos años, el estupendo escultor zaragozano (alejado de aquí porque no encontró compradores para sus obras, ya hablaré de eso otro día)  Luis Cortés hizo una exposición para cuyo catálogo pidió un texto a Mariano Anós (del que ya he hablado alguna vez aquí pero seguro que hablo más, porque hoy mismo me ha contado sus tareas en la preparación de la siguiente puesta en escena (¡La vida es sueño!) y de sus últimas pinturas que le consuelan de todos los males que puede dar esta ciudad a un artista, incluso de un artista que hace lo ue le da la gana como Mariano Anós; es decir, que goza (gracias a su propia organización vital) de una libertad de movimientos y económica más allá de la que suelen gozar otros artistas. El caso es que Mariano escribió unos poemas para las esculturas de Luis Cortés. La exposiciión se centraba en motivos relacionados con el Canal. Y en uno de esos poemas Mariano mencionaba el roble.

De esto hace ya bastantes años. Creo recordar que Mariano, ante mi crítica adusta de que no había ni un roble a orillas de nuestro Canal, me contestó , modestamente, que la cosa, más que nada era rimar noble con roble y quie si había roble o no a orillas del Canal no era realmente cosa suya ni de su poema, sino de una realidad que para nada importaba para lo que había escrito el texto. Y que, de todas formas, él no estaría tan seguro de que no hubiera ni un roble a orillas del Canal. No es que mi crítica le pareciera fuera de lugar y tampoco la cuestión le quitaría el sueño.

Cosa que a mí sí, preocupado siempre -obsesivamente- con la realidad de lo nombrado. (Bonito tema para un poema, que diría alguno). El caso es que por amor a Mariano y por amor a la verdad recorrí otra vez las orillas del Canal por ver si había o no por aquí un roble a mano bien visible. Como un Platón pesadico, amaba más a la verdad que a mi amigo. Pero pronto puede amar por igual a mi amigo que a la verdad. ¡Porque sí había un roble a la orilla del Canal! Precisamente el roble que hoy ha fotografiado mi cuñado Carlos García, y del que escribí este invierno en mi sección "Anímate a mirar" del periódico diario gratuito "Qué!Zaragoza", cuyo director, Nacho Iraburu acogió mi propuesta con entusiasmo: cada semana, un árbol de Zaragoza...  Aquí no les voy a decir dónde está, por si les divierte encontrarlo por ustedes mismos. Ya he señalado en qué tramo se encuentra: entre el puente de América y La Cartuja. Sólo diré que no está lejos, en absoluto. No hay que dejarse los pies para encontrarlo. Ni los ojos, porque se puede distinguir bien.

Volviendo a lo del poema de Mariano Anós, que había puesto roble sin darle mayor importancia pero con la idea de que sí era posible que lo hubiera junto al Canal, llegamos a la conclusión de que un alumno de los Jesuítas de los años cincuenta bien había podido ver ese roble u otros (?) al dirigirse alguna vez andando a La Quinta Julieta, lugar no sólo de ejercicios espirituales sino también destino de breve excursión vespertina. Y que eso se le había quedado grabado en la memoria sin que él mismo lo tuviera en cuenta al escribir el mencionado poema. Aún más. Una excursión frecuente que organizaban los jesuitas de Zaragoza era al colegio de Tudela y al Bocal del Canal. Pues bien, en el bocal hay un inmenso roble de quinientos años. plantado y documentado en la época de la construcción del Canal. Puede admirarse, cercado hermosamente y rodeado de bancos de piedra, en un hondón muy bonito cercano al mesón "El roble", donde, por cierto, dan bastante bien de comer y te tratan con educación. y cuyo dueño conoce al dedillo toda la zona, en la que vive desde hace cincuenta años o así y de la que ha sido guardián o semejante. 

Así que el roble y el Canal tienen profunda relación. Por eso me empeñé luego en hacérselo saber a Mariano Anós, que se puso muy contento y a quien me lo quiera oir o leer, entre otros mi cuñado Carlos García cuya foto de esta mañana agradezco mil veces aquí.

Y espero que toda esta historia (y lo que hay dentro de ella) les haya entretenido un rato. De nada.

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3 comentarios

Carlos G. -

Pues lo cierto es que no sabía que estuviese tan "historiado" el roble del canal. Ya sabes que, si no hubiese sido por tus indicaciones, ja-mááásss lo hubiese encontrado, a pesar de que he pasado por su lado muchas docenas de veces, no ya sólo por esta manía senderista que me ha entrado desde hace unos pocos años, sino porque mi niñez y primer instituto no estaban lejos de él. No voy a dar más pistas acerca de su ubicación, claro..... El Canal Imperial de Aragón.... Qué maravillosa "mancha verde" tenemos aquí al lado y qué poco sabemos de él. He tenido el placer de andármelo desde El Bocal (impresionante el roble, ciertamente) hasta donde creíamos que desembocaría (¿Fuentes de Ebro?) y fue una experiencia enriquecedora e inolvidable. Siempre que puedo, vuelvo allí y nunca me decepciona. Una parte importante de los Sitios de Zaragoza se desarrolló en sus orillas y la propia Firma de la rendición de Zaragoza se hizo en el Molino de Casablanca. Podría hablar mucho y bien del Canal y de todo lo que nos regala; si acaso, sólo recomendar un rincón lleno de paz y belleza poco conocido de él: El Puente de la Clavería (cerca de Garrapinillos) y su encantadora alameda. Si un día pasas andando por allí, con la quietud del agua y las hojas hacia las ocho de la mañana y no te da un pequeño vuelco el corazón....., es que no estás vivo.
Seguiré consultándote, javierdelgadobotánico. Esto de no reconocer un fresno, un olmo, un álamo o un tamarindo....., no veas lo que fastidia.
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javier delgado -

Querido Mariano: Desde luego que da para el debate. A mí ya sabes que llegó a obsesionarme y por eso digo, por comparación, que a tí no te quitaaba el sueño: que no te obssesionó, o al menos eso pareció.En cuanto a los debates (teniendo en cuenta también a los autores que citas - ¡qué cosas nos echábamos al cuerpo! ¡y nos gustaban! (¡ojalá hoy hubiera textos de ese tipo que me apasionaran tanto!)- a mí la cuestión que me parecía clave era: Mariano ¿supo alguna vez que hubo "roble" junto al canal?
Y luego ver cómo te había venido el "recuerdo".
Si nunca lo supiste...
No dejo de ver que hay que acotar el término "saber": cómo sabe un niño-joven que hay un roble junto al canal...
Evitando las magias, aun con todo, tu poema sigue pareciéndome mágico, no sólo por lo dicho sino también. Un beso.

Mariano -

En honor a la exactitud, éste era el seudohaiku en cuestión:

Miran la noche
los patos del canal.
Se queja el roble.

Dices que no me quitaba el sueño el asunto, lo que es sólo relativamente cierto, ya que en efecto la anécdota da para extensos comentarios a la noción de lo verosímil, de Aristóteles a Lucaks o Galvano dellla Volpe, por evocar intensas polémicas de nuestra juventud. Gracias otra vez por tu cariño (y las que vendrán).
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