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javierdelgado

RIBERAS DEL HUERVA: ¿ARRASARÁN CON TODO?

RIBERAS DEL HUERVA: ¿ARRASARÁN CON TODO?

Riberas del Huerva entre Avda. Goya y Gran vía. Así no pueden seguir, pero tampoco hay por qué arrasar con todo como se ha hecho en el tramo del Parque Grande

Artículo publicado en "Opinión" de Heraldo de Aragón el miércoles 2 de abril de 2008 

RIBERAS DEL HUERVA

 

Las riberas del Huerva, a su paso por Zaragoza, han sido desde antiguo motivo de preocupación. A principios del siglo XX se decidió el cubrimiento de un largo tramo del río. Quedaron dos tramos del Huerva urbano a cielo abierto: desde la popular Fuente de la Junquera hasta la Gran Vía y desde el final del paseo de la Constitución hasta su desembocadura en el Ebro. Durante muchos años esos tramos fueron la evidencia de una política equivocada sobre el río y las consecuencias de esa política hicieron de aquellos parajes lugares insanos.

 

En el último tercio del siglo pasado se acometieron importantes obras de adecentamiento y restauración, especialmente importantes en ese último tramo hasta la desembocadura: hoy gozamos de un estupendo “parque lineal”, un kilómetro de bonita y sana sucesión de ajardinamientos, una feliz contribución a la calidad de vida de la ciudad, sin duda una de las mejoras urbanísticas más notables llevadas a cabo en estos últimos importantes años. Ayuntamiento y Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) se pusieron de acuerdo en una obra que permanecerá como modelo a seguir.

 

Las recientes actuaciones de la CHE en las riberas del Huerva en el tramo en que el río fluye por terrenos del Parque Primo de Rivera, sin embargo, han supuesto un cambio radical de esas riberas. Un cambio para mal. Había que intervenir en ellas dado el deterioro que sufrían, pero no merecían el trato que se les ha dado. A los hechos me remito: se han arrasado y ha desaparecido toda la riqueza vegetal y animal que daba personalidad histórica y natural al lugar. En mi novela “Jardines infinitos” (Lumen, 2000) describía detenidamente aquellos lugares. “Hay un recodo del río en el que la naturaleza se muestra casi naturalmente natural: entre fresnos, olmos, sauces, acacias, chopos y carrizales crecen el cardo, la cerraja y el jaramago, la hiedra, la correhuela, la ortiga, la malva, el ácoro bastardo, la salicaria, la pulicaria y la persicaria, el berro, la clemátide y el batacán. Nunca el ruido del agua oculta el insistente parloteo de la picaraza, los silbidos del estornino y del carbonero, el crepitar agudo del petirrojo, los arrullos de la tórtola, el silvato redondo del pito real y la cascada sonora del ruiseñor. Blancas, amarillentas, verdosas, azules mariposas revolotean como un brillo en el aire. Babosas y caracoles se deslizan entre cantos rodados enlodados. Hormigas, escarabajos y saltamontes recorren las distancias inferiores, ocultos en lo posible a la vista de los pájaros que pueblan las copas de los árboles, mientras las arañas construyen infatigables sus trampas, en las que sí caerán los esforzados insectos: sus cadáveres pueblan la pequeña jungla de la fértil ribera, imposible paraíso terrenal. Jardín de las delicias, país de Jauja emboscado, eso sí es este rincón para Buenaventura (…)”. Hoy esas páginas son ya sólo testimonio de un amado territorio que existió.

 

Aún queda por tratar un tramo urbano del Huerva: desde el Parque Grande hasta su cubrimiento bajo la Gran Vía. Se trata de una zona especialmente importante para la calidad de vida de una ciudad que, afortunadamente, ha reaprendido a convivir con sus ríos. ¿Cómo se ha previsto actuar en ellas? Permítasele a la ciudadanía seguir disfrutando la maravilla de sus árboles y de su minúscula multicolor vegetación.

 

En mi novela se cuenta que: “(…) Clara e Isabel  avanzaron río arriba, primero bajo pinos, después bajo chopos y bajo grandes olmos y fresnos y sauces. Entre cañas y zarzales avanzaron (…). Pudieron tocar luego tronco y ramas de muy hermosas higueras y de almendros en flor. Continuaron entre acacias y más cañas y sauces llorones que cubrían por completo el cielo sobre sus cabezas, y altísimos álamos, copudos chopos colmados de hiedra, zarzas, ailantos (…)”. ¿Seguiremos  disfrutando de toda esa riqueza natural?

 

Javier Delgado Echeverría

Bibliotecario y escritor

  
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