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javierdelgado

DÍAS INTENSOS.

DÍAS INTENSOS.

Hay días intensos que se intensifican más y más gracias a una persona que los vive tan intensamente como tú los vives. Esos días son tan tremendos como necesarios para la salud mental. Mientras transcurren exigen el esfuerzo de todas las neuronas y en general de todo lo que llamamos nuestro si eso el algo realmente constatable cuando eso nuestro entra en unión con el ser de otra persona. Existe la sensación de unión, la pérdida del perfil individual en un ser que ni es uno ni es otro ni todo lo contrario, y es esa sensación la que transporta a un mundo interior en el que todo se vive con una intensidad extraordinaria. ¿Éxtasis? ¿Erotismo? ¿Mística? ¿Concentración? ¿Kinestesia? Es en la mente donde se produce la manifestación preclara de un fenómeno que reconocemos tan extraño como deseable, tan disolvente como identificatorio. Fenómenos de la psicología profunda o de lo que sean, experiencias amplificadoras de nuestra capacidad cotidiana de reaccionar y de percibir.

  

Hay días intensamente intensos que transcurren bajo una presión mental liberadora y gratificante, estados de ánimo que se mantienen sobre la cuerda tensa de los equilibristas, que nos  envían de trapecio en trapecio sobre una pista sin red que sabemos lejana mientras volamos con  los ojos muy abiertos para ver ese instante de la velocidad hecha sangre, pulsos, latidos, ritmo vital que avanza y avanzando arrasa con todo lo que antes parecía imposible de movilizar. En un vuelo incesante volamos al pasado y al futuro y vemos esos detalles que nos hacen felices de tan imperceptibles, que nos hacen aullar de placer de tan tontamente descuidados antes. Y en el vuelo circense de esos días desaparecemos sin saber cómo ni adónde ni por qué. Pero queremos con todas nuestras fuerzas desaparecer, que ya no es una huída sino un caminar por la senda real del vivir.

  Hay días intensificados por una vivencia que rebasa los límites del día y de la noche y hunde sus anclajes, o lo que sea que hunda, en las profundidades de un mar que somos mar, que vamos y venimos mar, que nos hacemos espuma de mar contra la espuma que hacemos contra nosotros mismos hechos mares de mares de nosotros sin dejar de serlo pero siendo ya otros: mares, barcos, islas, nubes, estrellas, soledades luminosas, playas y roquedales, faros, golfos, cabos, fiordios, nos hacemos de tierra y vapor y agua y gas y a tanta intensidad resolvemos la ecuación de la vida que sentimos perfectamente un nuevo bing bang en el que todo empieza sin saberse que empieza, o acaba sin final.

 

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