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javierdelgado

HISTORIA DE "SERVAL", LA JOVEN QUE INTENTÓ SALVAR UNAS DOCENAS DE ACACIAS CENTENARIAS EN UNA CIUDAD ESPAÑOLA...

HISTORIA DE "SERVAL", LA JOVEN QUE INTENTÓ SALVAR UNAS DOCENAS DE ACACIAS CENTENARIAS EN UNA CIUDAD ESPAÑOLA...

 Esta lamentable imagen puede verse (y peores) por toda Zaragoza

Esta historia me fue enviada por su autora, cuyo nombre queda en secreto por deseo expreso suyo), desde un pueblo cercano a Madrid. La he publicado en el "foro" sobre "Arbolado público" que "administro" en ElPais.com, foros, Sociedad y en el blog "Ciudadanos árboles"

 http://arbolesenlaciudad.blogspot.com/

 También la he enviado a quienes están suscritos al "Grupo Google" sobre arbolado urbano

http://groups.google.com/group/arboladourbano?lnk=oa&hl=es

 

Me he tomado estas "molestias"  (que no lo son), porque me parece una historia muy interesante en todos sus detalles. Si leen despacio esta historia aprenderán mucho, como creo que aprendió esa joven y como yo mismo he aprendido leyéndola.

Aquí la tienen:

HISTORIA DE "SERVAL", UNA JOVEN QUE INTENTÓ SALVAR LA VIDA DE DOCENAS
DE ACACIAS CENTENARIAS EN UNA CIUDAD DE ESPAÑA...

Me llena de emoción y de gozo que alguien se tome este interés por
los maltratados árboles de nuestras ciudades.

Ellos, que nos proporcionan los pocos reductos de sosiego y calidad de
vida en unas ciudades cada vez más invivibles, son como bien dices
"ignorados", cuando no directamente agredidos y considerados
desechables frente a cualquier estúpida reforma. A veces ni siquiera
hace falta la excusa de una reforma, y se talan árboles aduciendo
idioteces como que son "peligrosos" (peligrosos son los individuos con
ese tipo de mentalidad).


No me estoy inventando esto, yo misma he sido impotente testigo de una
tala semejante de árboles centenarios en una ciudad de los alrededores
de Madrid. Yo misma me pasé un día debajo de una de aquellas acacias
tratando de impedir que la cortaran, mientras iban cayendo una tras
otra unas veinte más.


Esa fue una experiencia vérdaderamente intensa para mí, estuve un
día entero (un frío día de invierno) yo sola debajo de aquel árbol,
sin poder moverme ni para comer ni ir al servicio, pues nadie más
estuvo dispuesto a hacer lo mismo. Aquel día talaron todas las demás
pero esa quedó en pie (solo por un día, claro) como testimonio de la
barbarie.


II


Aquella tarde después del programa de TV, estuve hablando con este
abogado y otro par de personas, que quedaron en intentar hacer algo al
día siguiente para impedir la tala. Yo dije que yo estaba dispuesta a
intentarlo "por las bravas" es decir interponiéndome, y con esa idea
me fui a casa. Al día siguiente no fui a trabajar y a las siete y
media de la mañana estaba en el paseo, pues se supone que empezaban a
las ocho. Por supuesto allí no había nadie más.


Al cabo de un rato apareció alguien con quien había hablado en la
calle el día anterior, y que dijo ser sindicalista, y se quedó un
rato conmigo y estaba allí cuando llegaron los de la empresa de talas
y empezaron a prepararlo todo. Fuimos a hablar con ellos que al
principio nos escucharon con ligera cortesía para, acto seguido,
ignorarnos por completo y seguir con sus preparativos.


Algunas personas más del barrio se acercaron y manifestaron su apoyo a
nuestra iniciativa, pero cuando yo les dije que no teníamos más
remedio, para impedir lo inminente, que ponernos debajo de los
árboles, nadie estuvo dispuesto (el sindicalista se había marchado
porque tenía una reunión). Cuando se pusieron pues a talar (las ramas
altas primero), sólo yo empecé a colocarme debajo de donde se subían
para talar. Esto resultó muy desconcertante para todos, también para
mí, que tenía que correr de árbol en árbol.


Lógicamente aquí los ánimos empezaron a caldearse, y las iniciativas
de los diversos implicados de la empresa iban desde hacerme "razonar" a
intentar pegarme y sacarme a rastras. Ante esta última técnica de
persuasión, yo me puse a gritar "socorro" y "policía" (lo que sin
duda nos dejó de nuevo a todos estupefactos); como había vecinos
mirando no se atrrevieron a más, y efectivamente llamaron a la
policía.


Llegaron un par de agentes, que supongo habrían sabido qué hacer en
el caso de que se hubiera tratado de una manifestación, pero al
encontrarme allí a mí sola y gente mirando desde las ventanas tampoco
entendían cómo abordar la cosa. Me pidieron mis datos y nueva dosis
de "razonamiento"; como yo me mostraba impermeable, uno de ellos (el
más zote) empezó a hacer comentarios ridículos sobre "vinculaciones
políticas" (¿era yo de la oposición en el ayuntamiento?¿quién
estaba detrás de eso?), y luego sobre mis ansias de notoriedad ("tú
lo que quieres es salir en la tele").


Yo a estas alturas había pasado desde el desconcierto a la
indignación, pero sobre todo sentía una pena horrible por lo que
veía no iba a poder evitarse, pues mientras todas estas
"negociaciones" tenían lugar bajo una acacia centenaria otras ya iban
cayendo. Al final esto resultó patente para todos, y el "ejército
enemigo" decidió que lo mejor era "dejarme morir de inanición" allí
debajo, mientras ellos continuaban por otro sitio. Y eso fue lo que
pasó, yo decidí quedarme allí todo el día para que al menos quedara
en pie aquella acacia, como un gesto fugaz, y les vi arrasar cientos de
años de hermosura.


A lo largo del día una pareja de vecinos del edificio de enfrente me
bajaron un par de cafés (era invierno y un día verdaderamente frío),
y al medio día cuando todos los de la tala se fueron a comer, yo
corrí hasta un bar de al lado para pedir un bocadillo e ir al servicio
antes de que volviesen. A lo largo del día aparecieron unos
periodistas del periódico local y de nuevo los de la tele (y otra vez
la monserga de la oposición en el ayuntamiento).


Estuve allí hasta las siete y media de la tarde, cuando después de
haber recogido todo el equipo los vi marcharse en los camiones. Sólo
quedaba aquel árbol.


Cuando me fui albergaba alguna esperanza de que al menos ese lo
respetasen, pero no fue así, al día siguiente por la tarde ya no
estaba.


Esta fue para mí una experiencia intensa, hermosa y triste. Y lo sigue
siendo.

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