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CAMBIO CLIMÁTICO EN LA AGENDA DE DAVOS Y MÁS COSAS: UN ARTÍCULO SERIO DE eRIC LE bOUCHER Y FREDERIC LEMAITRE QUE RECOGEN "LE MONDE" Y EL "THE NEW YORK TIMES SYNDICATE"

CAMBIO CLIMÁTICO EN LA AGENDA DE DAVOS Y MÁS COSAS: UN ARTÍCULO SERIO DE eRIC LE bOUCHER Y FREDERIC LEMAITRE QUE RECOGEN "LE MONDE"  Y EL "THE NEW YORK TIMES SYNDICATE"

 

 ¿Comieron comida para pájaros en Davos?

 

El cambio climático llegó a Davos

Por: Eric le Boucher y Frederic Lemaitre

El XXXVII Foro de Davos no será uno de los más deslumbrantes. Ningún representante del gobierno estadunidense bajó de un helicóptero de la fuerza aérea, como lo hizo Dick Cheney en 2003, ninguna estrella hizo voltear las cabezas

El XXXVII Foro de Davos no será uno de los más deslumbrantes. Ningún representante del gobierno estadunidense bajó de un helicóptero de la fuerza aérea, como lo hizo Dick Cheney en 2003, ninguna estrella hizo voltear las cabezas, como Sharon Stone en 2005, y ningún país estuvo bajo los reflectores, como India en 2006. No importa: el optimismo habita entre los 2,500 participantes. No hay duda: 2007 será todavía un buen milésimo para la economía mundial. Davos 2007 habrá sido el foro del cambio climático.

Las empresas estadunidenses, cuyas maniobras de cabildeo explican en parte que ese país no haya ratificado el Protocolo de Kioto, han cambiado de chaqueta. Incluso Exxon, que gastó millones de dólares para negar el efecto de la actividad humana en el calentamiento climático, reconoce, sin decirlo, que ha dado un viraje. Acusada antes de obstruir el crecimiento, ahora la protección del ambiente se ha convertido en un verdadero negocio. "Lo verde es oro", resume un profesor de la Universidad de Yale, aludiendo al color emblemático de los ecologistas. Y esa tesis fue validada por el reporte del ex jefe del servicio económico del gobierno británico, Nicholas Stern.

No obstante, incluso los liberales están de acuerdo en esto: el mercado no salvará por sí solo al ambiente. Es indispensable la acción de los estados, en especial para ir más allá del Protocolo de Kioto. Mientras que éste establece una reducción de 5% de las emisiones de bióxido de carbono, los científicos coinciden en decir que ese índice debe llevarse rápidamente a 60% o incluso a 70%, según David Runnals, universitario canadiense. Casi podríamos olvidar que 1,600 millones de personas siguen sin disponer de electricidad.

El futuro del planeta depende, de hecho, de Estados Unidos, que es, con mucho, el principal consumidor de energía, así como de China e India, que se están convirtiendo en grandes devoradores de energéticos. "En los próximos veinte años, 600 millones de chinos van a vivir en un medio urbano. Que no cometan los mismos errores que nosotros. Que construyan ciudades duraderas. Que no favorezcan al transporte de automóviles para satisfacer las necesidades de su industria", exhortó el profesor Steve Chu, de la Universidad de Berkeley, a sus interlocutores chinos.

Ese peso que ha asumido China en la escena internacional surge en todas las conversaciones. En el debate sobre las perspectivas económicas de 2007, el representante del banco central chino ocupó simbólicamente el sillón del centro, Jean-Claude Trichet (del Banco Central Europeo) y Robert Kimmit (del Tesoro de Estados Unidos) se contentaron con los sitios laterales. Después de haber sido la fábrica del mundo, China quiere favorecer el consumo interno y aumentar la calidad de sus productos. "Después de la cantidad, viene la calidad", resumió el economista estadunidense Stephen Roach.

Mientras los diplomáticos se preguntan por qué Pekín envió uno de sus misiles a destruir un viejo satélite, los chinos ofrecen dar garantías. "La sociedad armoniosa que nosotros queremos promover no concierne más que a China, pero también nuestras relaciones internacionales", explicaron. "No somos una superpotencia y jamás lo seremos", afirmó Cheng Siwei, vicepresidente de la Asamblea Popular.

El comentario de un observador de Singapur, Kishure Mahbubani, fue el siguiente: "China teme ser vista como una amenaza si trata de desempeñar un papel más importante en la organización del mundo." Mientras que el excedente comercial chino fascina e inquieta, treinta ministros de Comercio multiplicaron los encuentros para tratar de relanzar el ciclo de negociaciones de Doha, en presencia de Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC): Doha estuvo en Davos. Las negociaciones, lanzadas en 2001, se metieron en un callejón sin salida en julio de 2006, pero bien que mal fueron relanzadas después. La ciudad símbolo de la mundialización quería constituir la ocasión de dar un paso hacia un acuerdo. Presente en Davos, el presidente brasileño Lula les espetó a Estados Unidos y a Europa: "Las concesiones que ustedes hicieran en el plano comercial serán otras tantas ganancias en los presupuestos militares del futuro".

Pero de esos encuentros no salió nada, sino un comunicado para decir que el proceso debe continuar hacia una dirección positiva. Las discusiones técnicas no avanzaron la necesario, era demasiado pronto para que los ministros se comprometieran. Si la sombra de la OMC planeó sobre Davos fue, sobre todo, a causa de la inquietud por la amenaza que el regreso del proteccionismo plantea acerca de la mundialización. El fracaso de Doha podría justificarlo y precipitarlo. Varios debates sobre las "angustias" de las clases medias han subrayado que la mundialización también causa perdedores, "incluso en los países emergentes", señaló Carlos Ghosn.

El temor de Davos es que los políticos no lo comprendan y no encuentren más respuesta que las medidas de cierre y protección. Se enunció "un manifiesto para la globalización", con el fin de exhortar a los políticos a renunciar a toda actitud "defensiva" con respecto a la mundialización. Los negocios también habrán de implicarse. "Ciertamenhte, nosotros no hacemos lo necesario", reconoció el jefe de la Nissan y de la Renault. Si el comercio inquieta, las tecnologías tranquilizan. Entre los motivos de optimismo de los "líderes globales", hay que poner en primer lugar los avances tecnológicos. El Foro de Davos siempre le otorgó un buen lugar a Bill Gates y sus colegas. Después de la explosión de la burbuja de internet, en 2000, los debates sobre la web suscitaron menos interés. El mismo Foro saltó el paso y transmitió numerosos intercambios a través de la red y creó un foro en el sitio Secondlife.

Las discusiones sobre el mundo "virtual" de la Web 2.0, donde cada internauta puede exponer sus videos, transmitir su música o simplemente difundir sus opiniones como en un programa de radio, abrieron la era de los debates participativos globalizados. "La tecnología le entrega el poder al pueblo", explicó Chad Hurley, fundador de YouTube. ¿Qué consecuencia tendrá ese individualismo sobre los debates políticos y los lazos sociales? ¿Estamos entrando en la era de un nuevo comunitarismo a escala mundial? Las respuestas siguen abiertas a debate. Mientras que la protección del ambiente hacía temer que las empresas se desviaran de otra gran causa —el desarrollo de África—, el primer ministro británico, Tony Blair, heraldo de la ayuda al Continente Negro, lanzó un vibrante llamado en favor de un mejor gobierno mundial. "Lo que está sucediendo en estos momentos es que las naciones, incluso las más grandes, se dan cuenta de que no pueden preocuparse únicamente por sus intereses nacionales, sin invocar los intereses globales más amplios", afirmó. Si bien el mundo sin duda no es plano, el Foro de Davos quiso demostrar que la globalización es nuestro futuro común.

Le Monde, The New York Times Syndicate

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