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PODAS Y PODAS: UN CLARIFICADOR ARTÍCULO DEL BIÓLOGO LUIS A. MORENO SOBRE LAS TREMENDAS PPODAS QUE SE ESTÁN LLEVANDO A CABO EN VARIOS LUGARES DE ARAGÓN: LA EQUIVOCACIÓN EN LA OPINIÓN DE LOS DIRECTORES DE ESAS PODAS, SU BÁRBARA REALIZACIÓN Y SUS PENOSOS EFECTOS EN EL ARBOLADO. LÉANDO DANDO AL CLIC EN CONTINUAR.

PODAS Y PODAS: UN CLARIFICADOR ARTÍCULO DEL BIÓLOGO LUIS A. MORENO SOBRE LAS TREMENDAS PPODAS QUE SE ESTÁN LLEVANDO A CABO EN VARIOS LUGARES DE ARAGÓN: LA EQUIVOCACIÓN EN LA OPINIÓN DE LOS DIRECTORES DE ESAS PODAS, SU BÁRBARA REALIZACIÓN Y SUS PENOSOS EFECTOS EN EL ARBOLADO. LÉANDO DANDO AL CLIC  EN CONTINUAR.  Ahí están, poda que te poda con las podadoras  

PODAS Y PODAS

  

Ante la alarmante noticia de tremendas podas en casi dos docenas de plátanos de paseo de Teruel capital (Heraldo del viernes 16 de marzo de 2007, p. 22) y la no menos alarmante noticia de la intención de seguir podando de esa manera muchos otros ejemplares de esta especie, me ha parecido oportuno redactar estas líneas y enviarlas a los medios de comunicación aragoneses, en primer lugar para su publicación en el blog personal de mi amigo Javier Delgado Echeverría (ulises.blogia.com).

Así pues, quiero hacer saber a la opinión pública que, como biólogo, niego categóricamente la utilidad de esas podas y me veo moralmente obligado a predecir los importantes daños que han causado en los árboles que las han sufrido.

De ser cierto que el Gobierno Autónomo de Aragón, a través de su Departamento de Sanidad Vegetal, haya recomendado la poda drástica de los plátanos para acabar con una enfermedad provocada por hongos, como es el problema que sufren, la situación resulta mucho más grave, llegando a provocar vergüenza ajena. Dicha actitud pone de manifiesto que los técnicos que han tomado dicha decisión desconocen la fisiología de los árboles, tal y como se desprende de los razonamientos posteriores, así como reitera los erróneos criterios de poda que dicho organismo ya puso de manifiesto en la nefanda actuación sobre el arbolado de la Aljafería.

Los árboles son seres autótrofos, que necesitan las hojas para poder transformar la energía del sol en energía biológica a través del proceso denominado fotosíntesis. Las hojas son la únicas capaces, junto con parte de los troncos aún verdes - como los de los plátanos cuando son jóvenes- de poder reintegrar energía en lo que es el sistema del árbol. Una poda total de las ramas contribuye inicialmente a un grave descenso en la captación de energía solar, y por ello a la disponibilidad de la misma dentro del sistema del árbol.

Dicha merma en la salud de estos se refleja en las distintas guías de valoración de arbolado ornamental en España, como son la del ICONA de 1975 o la "Norma Granada" desarrollada durante los pasados años noventa a través del PARJAP. En dichas normas se establece para los daños que se pueden ocasionar en el arbolado un valor, dependiendo éste bien del tamaño del árbol, bien de la edad que tenga, bien de los costes de reposición. Los daños causados, que no afectan a la integridad del árbol, son cuantificados porcentualmente respecto al valor total del este en tres formas distintas: la pérdida de raíces, los daños por descortezamientos en el tronco, o bien la pérdida de ramas.

En el caso de daños en ramas, tanto en la norma del ICONA como en la "Norma Granada" se recoge que una pérdida de un porcentaje menor del 25% no causa daño al árbol; dicho porcentaje de ramas eliminadas es el admitido en una poda de conservación o de mantenimiento.

Cuando lo que se hace es cortar todas las ramas de un árbol, como es el caso de Teruel, se produce la pérdida del 100% de la copa. Una pérdida del 100% de las ramas supone un valor equivalente a la totalidad del árbol; es más, una pérdida del 80% de las ramas ya equivale a una indemnización del 100% del valor del árbol. Es por ello que no se puede llevar a cabo la pérdida de la totalidad de las ramas del árbol, causando un daño que afecta al valor total de este, en nombre de la poda.


Además, dicho tipo de actuación no sólo afecta restringiendo la captación de energía sino que, gracias a los estudios realizados por el científico Alex Shigo desde el año 1959 hasta 1975 sobre la compartimentación de la descomposición en los árboles, se sabe que las heridas en el árbol provocan que los hidratos de carbono (la energía disponible y necesaria para todas sus funciones vitales), que se encuentran almacenados en el interior del mismo, en la madera, se conviertan en ciertas sustancias no biodegradables en un intento de evitar la invasión de la misma por organismos patógenos o saprófitos.


Dicho proceso tiene como resultado una gran pérdida de la energía acumulada, producida durante años anteriores, en lo que es el sistema árbol. Es decir, no solamente le estamos cercenando al árbol, mediante esa poda brutal, el ingreso de futura energía a través de la fotosíntesis que tendrían que hacer las hojas de todas las ramas que ya no existen, sino que también estamos provocando que gran parte de la energía que tiene almacenada en el interior en forma de almidón (lo que supondría para una familia sus ahorros en un banco) acabe siendo convertida en unas sustancias de un contenido energético muy bajo.

Esas dos circunstancias son las que verdaderamente hacen que no sea en absoluto recomendable llevar a cabo ese tipo de poda bajo ningún concepto, y mucho menos cuando el árbol está ya aquejado por una enfermedad como la antracnosis, que debilita árbol de distintas formas. La forma de actuar la DGA, en lo que a las podas del arbolado ornamental se refiere, posiblemente sea la causa de que puedan verse árboles mutilados en urbanizaciones y poblaciones de nuestra Comunidad.

 Matar mosquitos a cañonazos nunca ha dado buen resultado y este podría ser el símil para lo sucedido: se está intentando eliminar la existencia de los hongos patógenos en las vías terminales de los árboles, en las ramas generadas en los dos últimos años, cuando en realidad lo que se hace es quitar todas las ramas que se han generado durante las últimas décadas, causando con dicha actuación la pérdida de reservas energéticas acumuladas, el descenso de  la captación de nueva energía y graves heridas que son generadoras de posibles focos de pudrición. En los próximos años los árboles mutilados irán languideciendo, de forma gradual en su mayoría, hasta acabar muriendo. La explicación oficial de su muerte seguirá siendo una infección provocada por un hongo, a pesar de todos los “tratamientos” aplicados por parte de los especialistas. Una pena.

 

LUIS A. MORENO

Biólogo.

Viernes 16 de marzo de 2007

Zaragoza

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