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javierdelgado

LENIN Y LA NECESIDAD DE LA EXPRESIÓN

LENIN Y LA NECESIDAD DE LA EXPRESIÓN

 

LENIN Y LA NECESIDAD DE LA EXPRESIÓN

 

Ayer traía a colación una anécdota del Lenin ya enfermo, una anécdota en la que Lenin aborda la expresión no desde el punto de vista del poder (punto de vista privilegiado por Lenin en toda su actividad intelectual) sino desde el punto de vista de la necesidad.

 

La recuerdo de nuevo:

 

Cuando Lenin estaba ya muy enfermo (1922-1923) mandó llamar a Bujarin. “Los médicos le habían prohibido que hablara, temiendo un empeoramiento. Pero en cuanto llegué me cogió de la mano y me llevó al jardín. Allí empezó a hablar. Me dicen que no tengo que pensar en nada, porque me excito demasiado. Y no entienden que he vivido así toda la vida. Si no puedo hablar de todo eso, me excito todavía mucho más. Precisamente me tranquilizo cuando puedo discutir estas cuestiones con personas como usted”.

 

Bujarin se lo contó a Nikolaievski en 1926 y éste lo escribió en un texto que cita A.G. Löwy de la ed. americana Power and the Soviet Elite (New York, 1965, p. 12 ss.) en su libro El comunismo de Bujarin (Grijalbo, 1972, p. 222).

 

Quisiera reflexionar un poco más sobre esta anécdota, porque tengo la impresión de que tiene mucho que ver con mis búsquedas sobre la expresión individual a partir de la experiencia de la depresión. Que Lenin sufría por entonces (entre otras enfermedades, sobre todo la mortal arterioesclerosis cerebral) una depresión grave  parece bastante probable. Y no me parecería traicionar este testimonio concreto de Bujarin si en vez de poner “excito” se pusiera “angustio”. (Habría que ver el término exacto utilizado en la versión original de Nikolaievski). Los últimos años de la vida de Lenin son tremendos. Vean, por citar dos buenos ejemplos relativamente recientes (y no “canónicos”), las obras de Francisco Díez del Corral , “Lenin. Una biografía” (El Viejo Topo, 1999) y Robert Service, “Lenin. Una biografía” (Siglo XXI, 2001).

 

Pero antes de entrar en materia me parece interesante recordar aquí otras dos anécdotas referidas a Lenin.

 

La noche del 19 de enero de 1924 (moriría dos días después, a las 6,50 de la madrugada del 21) , después de un paseo en trineo, Krupskaia le lee a Lenin el cuento de Jack London Amor a la vida (la historia de un hombre extraviado en un desierto helado, enfermo y exahusto que, para sobrevivir, tiene que enfrentarse a un lobo tan hambriento como él y al que finalmente vence). Lenin, después de escucharlo, le pide a su mujer que le siga leyéndole cosas de London. Sin embargo, otra de las historias que le leyó no le gustó en absoluto: estaba saturada de moralidad burguesa,” señala ella. “Trataba acerca del capitán de un barco que promete a su propietario vender la carga de maíz del mismo a un buen precio y luego sacrifica su vida para mantener su promesa.” Krupskaya escribió que Lenin sonrió y rechazó la historia con un gesto despectivo de su mano. (Nadezhda K. Krupskaya: Memorias de Lenin ,1930).

 

La tercera anécdota pertenece a una época bastante anterior, mucho mejor (médicamente hablando), de Lenin…pero no totalmente ajena a la enfermedad. Se trata de su famosa reacción al escuchar la Appasionata de Beethoven.

 

Los hechos tienen lugar en 1913. Krupskaia está enferma y la pareja abandona Cracovia para pasar el verano en la localidad montañosa de Poronin (Polonia). Lenin le cuenta a Gorki: “Mi esposa ha contraído la enfermedad de Basedow [de los tiroides]. Yo también tengo los nervios destrozados”. Gorki no les visita, operan a Krupskaia (que se siente completamente recuperada) y vuelven a Poronin, donde sí acude una vieja amiga de ambos (aunque mucho más de Lenin…), Inesa Armand. El trío charla, pasea y ríe. Inesa interpreta a Beethoven. A Lenin le gustaba la Sonata Patética y le pide una y otra vez que la interprete. Pero en una de esas ocasiones, al escucharla, primero se puso a llorar, para, a continuación, afirmar que un revolucionario no se podía permitir dejarse llevar por tales sentimientos, porque le volvían demasiado débil, haciéndole desear acariciar a los enemigos en lugar de combatirles sin piedad.

 

Slavoj Zizek, en su interesantísimo “Repetir Lenin” (Akal, 2004) adjetiva de “paranoica” esta reacción, pero subraya que Lenin se mantiene “extremadamente sensible al antagonismo irreductible entre arte y lucha por el poder” (S. Zizek, op. cit., p. 43). Por cierto, otro libro interesantísimo de S. Zizek (Lubliana, Eslovenia, 1948) es Visión de paralaje (Fondo de Cultura Económica, 2006), un originalísimo ensayo sobre el “materialismo dialéctico”.

 

Hay más anédcotas de Lenin que siempre pueden interesar recordarse, pero creo que con estas tres (dos de los últimos meses y una de sus años “de fortaleza”)  puede intentarse ir más al fondo del asunto que me importa tratar, el de las raíces de la necesidad de la expresión (y del silencio).

 

¿Qué por qué Lenin?

 

 

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