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javierdelgado

SAN SEBASTIÁN: ANIMALES DIVERSOS EN LOS PARQUES URBANOS

SAN SEBASTIÁN: ANIMALES DIVERSOS EN LOS PARQUES URBANOS

La flora y la fauna de Cristina Enea han sido analizadas de forma exhaustiva por Aranzadi. FOTO: LOBO ALTUNA

SAN SEBASTIÁN

Murciélagos, aves de 66 especies distintas, árboles invasores, hongos, sapos parteros y hasta un visón hembra habitan en Cristina Enea. Es la primera zona verde con un estudio completo, elaborado por Aranzadi

DV. Es el primer estudio sobre la biodiversidad del que dispone el Ayuntamiento, aunque ya ha encargado otros que evaluarán y catalogarán la flora y la fauna de todas las zonas verdes de la ciudad. El departamento de Medio Ambiente tiene como segundo objetivo Ulía, pero, de momento, en la mesa del concejal Denis Itxaso reposa ya el primer análisis exhaustivo y con medidas correctoras, el de Cristina Enea.
Porque no sólo pavos o patos habitan este parque, plagado de habitantes secretos. Gracias a los expertos de Aranzadi se sabe que existen 5.500 ejemplares de aves de 66 especies distintas, 88 tipos de hongos, 251 murciélagos con tres hembras preñadas incluidas. O 180 árboles y arbustos de los que 17 cuentan con algún tipo de protección y 3 pertenecen a especies invasoras.
Además se han registrado especies de anfibios y de reptiles con el sapo partero como estrella, más allá de las ratas o ratones habituales en cualquier espacio sea verde o urbano. Otros mamíferos carnívoros han sido casi imposibles de ver, aunque los autores del informe pudieron detectar un visón y una gineta y no descartan que, en algún momento, puedan aparecer zorros o garduñas.
Este tipo de especies no son propias de parques urbanos, pero las conexiones del parque le dan una peculiaridad única: la inclinación de una de las laderas, muy empinada y llena de laureles, es salvaje y no se transita ni se mantiene. Además está conectada con otros bosques a través del río. Esto podría justificar que se localizaran las huellas de una hembra de visón junto al cadáver de un erizo o el rastro de una gineta, «especie que sobrevive en entornos muy humanizados».
Árboles protegidos.
Lo primero que se matiza sobre el arbolado de Cristina Enea es que es fruto de plantaciones de vivero, que no brotó de forma natural. Pese a ello, se mantiene, por ejemplo, la protección sobre el rusco, tejo, carpe, acebo y loro. Y sobre el tilo de hoja grande, el olmo, el ginkgo, el cedro del Líbano, la sequoia, la alineación de diez plátanos, el chopo, el grupo de tilos plateados y el de robles.
Más allá de estas especies, que cuentan con esa figura protectora, la única encina del parque, el falso ciprés y el haya, uno de los ejemplares con más envergadura, están dentro del catálogo de árboles singulares. Los laureles del llamado bosque juvenil por el escaso diámtero de su tronco se consideran importantes para determinadas especies y además son, junto a los caquis, uno de los pocos que han brotado de forma natural. La aparición de pequeños esquejes de roble o fresno indican, sin embargo, que la fronda de este parque urbano se regenera.
El hogar de un sapo.
Nunca se había hecho un censo de anfibios y reptiles, pero la documentación que se ha consultado para realizar el informe habla de salamandra común, tritón palmeado, sapo partero, sapo común, rana bermeja, rana común, lución, lagarto verde, lagartija roquera, culebra de Esculapio, culebra de collar y víbora de Seoane. Pero en el inventario actual se habla de tritón palmeado, sapo partero y sapo común, de rana bermeja, lución y lagartija roquera. Y de la profusión del galápago americano, que llega desde los hogares donostiarras que quieren deshacerse de estas tortugas y que perjudican al resto de la fauna.
Ninguna es una especie amenazada, todas ellas se centran en pequeños enclaves y, eso sí, el sapo partero ha encontrado en el parque de Cristina Enea un cómodo hogar. Y a instalar en cualquier sitio, desde el muro al estanque. Su compañero el sapo común no puede prosperar por la existencia de cisnes y patos que destruyen los huevos. Los galápagos también le perjudican. A las largatijas roqueras les gustan las paredes de los edificios del Duque de Mandas y las ruinas.
El mirlo y sus amigos.
Las gentes de Aranzadi contabilizaron más de 5.500 ejemplares de 66 especies distintas, sedentarias, migratorias, estivales e invernantes. Se constató que 18 de estas especies se reproducen en el parque y que ocho están incluidas en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas. La lista de aves es enorme, con el mirlo común como principal vecino de su arbolado, además de vencejos, abubillas, petirrojos, ruiseñores y hasta alguna gaviota o martín pescador. Milano real o gavilán hacen así compañía a los animales más famosos del parque, a esos pavos reales que incuban a sus crías en plena campa, a los cisnes o a los patos. Anidan los mirlos, pero también la paloma, el colirrojo tizón, los gorriones, jilgueros o trepadores azules.
 El papel de Cristina Enea en la biodiversidad de la ciudad, afirma Aranzadi, es fundamental y las aves son una rica comunidad que vive en el parque.
Murciélagos junto al agua.
Son 251 ejemplares amantes de la zona del estanque. Su carácter nocturno hace que no puedan ser observados, pero Cristina Enea es también un lugar de reproducción, como demuestra la existencia de hembras preñadas. Y si los murciélagos buscan el estanque, hongos y setas, 88 variedades distintas, prefieren la madera muerta, los tocones de los árboles, el río, la zona del sur del parque.
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