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javierdelgado

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPREXIÓN ( I I )

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPREXIÓN ( I I )

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPREXIÓN ( I I )

 

A su aislamiento del mundo, Gramsci sumó su propio aislamiento personal del conjunto de sus compañeros encarcelados. Al silencio obligado de sus palabras en el día a día de las luchas cotidianas, Gramsci añadió una escritura “para la eternidad”, alejada de las premuras de la coyuntura. A la comunicación desatada por su encuentro (tardío) del amor, ¿respondió con silencio, aislamiento, alejamiento? Claramente no. La cárcel fue para Gramsci el detonante de una tremenda bomba interior que explotó afectando a lo más íntimo de su intimidad. Cuando había callado de sí mismo hasta enconces, cuanto había reservado para sí, cobró expresión. Hasta el punto que podemos preguntarnos: ¿sin la cárcel, qué hubiéramos sabido de Gramsci?

 

Quisiera quitar de la anterior pregunta todo rastro de crueldad. No se trata, por supuesto, de alegrarse porque “gracias a la cárcel” sabemos muchas cosas de Gramsci que sin su experiencia en ella probablemetne nunca hubiéramos sabido. Se trata, sencillamente, de constatar que Gramsci, encarcelado, dio rienda suelta (¿o no tan suelta?) a la expresión de una gran cantidad de confidencias sobre sí mismo de las que, al menos hasta entonces, nunca había dado pistas; ni siquiera atisbos de haber querido expresar.

 

De modo que hubo en Gramsci una “necesidad de expresión” que le llevó a manifestarse mucho más allá de los límites que el Gramsci en libertad, pero también el Gramsci sin amor, había establecido para sí mismo. ¿Cuánto influyeron las condiciones carcelarias y cuánto su enamoramiento de Julia y su consecutiva paternidad de Delio y Juliano…y cuánto su relación con Tatiana? Julia y sus hijos. Tatiana y sus cuidados. La cárcel y sus tormentos. Tres novedades absolutas en la vida de Gramsci. A las que hay que añadir el obligado aislamiento respecto de la realidad cotidiana del país y del mundo y su decidido aislamiento respecto de sus compañeros de infortunio.

 

Se trata de elementos de tan poderosa influencia en su psiquismo que incluso llega a iluminar sus muy opacas relaciones con sus padres, hermanos y familiares (“me conoceis muy poco”, “ni siquiera mi madre…”). .

 

Es un hecho que entre el joven Gramsci recién enamorado de 1922, el Gramsci encarcelado en 1926 y el Gramsci de sus últimos días, en 1937, hay  notables diferencias, sin dejar de apreciarse una personalidad profunda siempre idéntica. Pero la gran diferencia constatable entre esos “tres gramscis” es la que hay entre un ser humano que nunca ha expresado sus íntimos sentimientos y quien los ha ido expresando a lo largo de quince años.

 

Cuando en agosto de 1922 escribe una breve carta a su enamorada en la que le decía ”¿ve usted?, soy menos fuerte de lo que creía y de lo que he hecho creer a os demás” no es el mismo que reafirma una y otra vez su “fortaleza” ante Tatiana durante diez años.

 

Pero tampoco es el mismo Gramsci que en 1923 escribe a Julia: “Le he hecho daño demasiado brutalmente. Verdaderamente he sido un bruto. Todavía tengo que quemar muchas cosas en mí mismo. Me ayudará usted, ¿verdad? Porque hay todavía alguna cicatriz que duele, y hasta tal vez alguna herida que sangra desde que era niño”, que el Gramsci que le escribe a su mujer en carta del 5 de enero de 1937(su penúltima carta): “Creo que siempre has sabido que me es difícil, muy difícil, exteriorizar mis sentimientos, y eso puede explicar muchas cosas ingratas”.  Cuando en ésta carta le hace ver que, según se suele decir, “si ya Cerdeña es una isla, cada sardo es una isla en la isla” le acaba de pedir a Julia que le escriba “todo lo que te pase por la fantasía…espontáneamente, o sea, sin esfuerzo, con ligereza”.

 

De entre todos los fracasos de Gramsci el mayor de su vida quizás fuera (y además pareció muy consciente de  él) el de no conseguir nunca una comunicación satisfactoria, “directa”, con su mujer. Es posible que sus esfuerzos personales por expresarse con ella todo lo libremente que le permitiera lo que el llamaba “cierta carcelitis” tuvieran como objetivo hacer que su mujer se abriera a él como él estaba dándole ejemplo en sus cartas. Nunca lo consiguió.

 

La lectura de las “Cartas de la cárcel” puede darnos las claves de lectura de muchas de las páginas de sus “Cuadernos de la cárcel” que, no hay que olvidarlo, fue redactando en los mismo días y en las mismas condiciones en las que escribió (y recibió) toda su correspondencia carcelaria.

 

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