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javierdelgado

CRISIS ECONÓMICA: TRABAJO Y CAPITAL

CRISIS ECONÓMICA: TRABAJO Y CAPITAL.

 

Artículo publicado en "Opinión" de Heraldo de Aragón el lunes 17 de noviembre de 2008

 

La falta de acción por parte del mundo del trabajo que se percibe por ahora es proporcional al estado general de desmovilización general en la que hemos vivido durante estos últimos años. Probablemente, a medida que avance la crisis económica esa proporción se vinculará más bien a las necesidades de respuesta a sus efectos, con lo que se habrá llegado al punto “cero” de la crisis: ese punto en el que tanto las fuerzas del capital como las del trabajo actúen más o menos con la misma intensidad.

 

Así pues, hay que tener paciencia. Se trata de procesos de masas, de millones de individuos en las más variadas situaciones laborales, de paro, de marginación. Para que se produzca la reorganización social del trabajo será preciso que a la necesidad objetiva se una la posibilidad subjetiva: hoy por hoy, millones de afectados por la crisis mantienen muy diversas actitudes subjetivas, muchas de ellas adaptadas a la forma concreta en la que viven sus diversos efectos económicos en su vida cotidiana. Parece razonable reflexionar sobre las dificultades que encontramos para enfrentar esta crisis desde el lado del trabajo. Dificultades que tienen tanto de elementos objetivos (compromisos concretos con la realidad del mercado, consumismo) como de elementos subjetivos (identificación ideologizante con las pautas vitales del capital, desilusión respecto a posibles “revoluciones”, dificultad ante nuevos retos del mercado laboral y de la acción solidaria: trabajo de las mujeres y entrada masiva de inmigrantes).

 

Habría que calibrar muy bien la medida de la desproporción actual entre los hechos del capital y los hechos del trabajo. Expresado en términos términos ajedrecísticos, quien tiene la ventaja está obligado a jugar a la ofensiva pero quien está en desventaja no se sabe muy bien qué opción debe tomar. En esta crisis la iniciativa siempre ha estado por ahora en el campo del capital. En términos absolutos, el mundo del trabajo no ha influido prácticamente nada en niguna decisión transcendental de las que se han ido tomando ni en las que inmediatamente se tomarán.

 

La clave se llama desorganización. Las organizaciones obreras, sindicales y políticas, las organizaciones cívicas, etc., aún no han comenzado a responder al seismo de la crisis: sedes políticas y sindicales, locales de asociaciones de vecinos, juntas de distrito, municipios, parlamentos regionales, etc., permanecen aún prácticamente inmovilizadas. El tejido asociativo general de nuestros países y la columna vertebral de nuestra vida política y económica no han sido removidos por la acción del mundo del trabajo. Años de desmovilización no se curan en unas semanas.

 

Es preciso analizar con mucho detenimiento la situación objetiva y subjetiva del mundo del los trabajado en todos estos años “de bonanza”. Eso quiere decir tres cosas: comprender los mecanismos actuales de la organización social universalizada según los modelos del capitalismo reinante; dar expresión a las vivencias concretas del trabajado, sin filtros ideologizantes; renunciar a los protagonismos previos en el mundo del trabajo. Analizar, respetar, escuchar, innovar.

 

 

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