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javierdelgado

LA ROMAREDA Y SU DUODÉCIMA. ¡ORA PRO NOBIS!

LA ROMAREDA Y SU DUODÉCIMA. ¡ORA PRO NOBIS! Lo de la Romareda (obras adjuntas, rastro ambulante, campo de fútbol y varios etcéteras medio desvelados o todavía por desvelar) es otro de estos casos que últimamente alegran la vida del vecindario zaragozano. Dicen que en estos asuntos de grandes e impresionantes obras lo fundamental son los números, sobre todo los pequeños números menos contantes y sonantes que se resisten a desaparecer de los papeles una vez puestos: los que hacen unos, los que deshacen otros, los que pasarán como herencia a l@s contribuyentes, los que se irán por los desagües, los que se borrarán con goma Milán, los que se repasarán y los que se subrayarán con la parte roja o azul de un lápiz rojo y azul. Ésa y no otra es una de las tareas cotidianas de un teniente de alcalde encargado del urbanismo: ver volúmenes en tres dimensiones y reducirlos sabiamente a números. Y luego repasarlos, borrarlos o subrayarlos. En eso va una buena parte del sueldo de un teniente de alcalde y todo el de varios ayudantes de varios tipos de ayudas funcionariales, contratadas, subcontratadas, privatizadas o como sea que se hayan establecido para la ocasión o para toda la legislatura.

Pero es que Antonio Gaspar tiene problemas con los números hace ya mucho tiempo, incluso, aunque suene raro y sorprendente, antes de ser teniente de alcalde de Urbanismo. Un ejemplo: hace años firmó una traducción con su ahora señora la Diputada de las Cortes de Aragón Nieves Ibeas (ambos ya entonces profesores de nuestra Universidad) de la novela en francés de Michel del Castillo “El tiovivo español”, en la que puede leerse  que “El padre Risueño era el doceavo [sic] hijo de una familia de campesinos cristianos y pobres (Op. Cit., Zaragoza, Mira, 1991, p. 208). Muy pobre debía de ser  esa familia, realmente, para recibir un doceavo de hijo, es decir, una doceava parte de hijo, que es muy poca cosa de un recién nacido y aun de una criatura hecha y derecha tan sólo en su doceva parte. Hay que ser muy cristiano para afrontar algo así con ese rasgo de buen humor con el que bautizaron al engendro nada menos que con el nombre de “Risueño”. Si les llega a nacer una cuarta parte de hijo le hubieran puesto ya Carcajada General.

Pues ese es el asunto. Que si al duodécimo se le llama doceavo las cuentas salen como salen, sobre todo más quebradas. Y todo ese lío de pasar de áreas a hectáreas y a metros cuadrados, volúmenes, líquidos, gases - sin olvidar los metros lineales y los tranvías de medio punto y todo eso que seguramente un día cercano también nos regocijará - y luego traducirlo a cantidades monetarias, a euros (que menudos son ellos para dejarse manejar así como así), pues eso: que las cuentas se transforman en cuentos de hadas. ¡Estupendo, estupendo!, belloqueó el alcalde de la ciudad varias veces al respecto y prestó más de la doceava parte de sus alharacas a su teniente de alcalde Gaspar, pese a la oposición de la oposición que cuando se opone se pone a hacer cuentas mucho mejor que cuando gobierna, faltaría más, y eso que ellos también están bastante quebrados bajo el peso de la doceava parte del concejal Buesa que en su infinita bondad no se permite apoyar el resto de su mismidad sobre el resto de la oposición.

 Pero héte aquí que, para más INRI, todo un magistrado-juez entero y verdadero sin división de partes que se le conozcan, y encima de la misma Zaragoza, ni madrileño ni catalán ni vasco ni nada de nada, y que se hizo sabio en la Facultad de Derecho de nuestra ciudad, va y dice que no. Que incluso hay cuentas por hacer que no se han hecho (o sea, que se habrán hecho como mucho la mitad de las cuentas en la doceava parte del tiempo necesario para hacerlas lindamente para llegar bien puestas al duodécimo repaso del asunto). Hasta la doceava parte de un juez en el obligado ejercicio de su duodécima función como tal y tal, parece que hubiese podido disponer “estimar la medida cautelar solicitada respecto a los acuerdos del proyecto del nuevo campo de fútbol y adjudicación de las obras…” y aprobar “la suspensión de ambos”, o sea, de las dos cosas, proyecto y adjudicación, sin dejar ni una milésima parte de duda en ninguna parte de sus veintitrés folios de sus jurídicos razonamientos.

Cuentas quebradas, quebradas ilusiones, paralizadas obras. Y entretanto, para dar más color al cuadro, las multitudes de vendedor@s ambulantes exigiendo un nuevo cambio de tercio. ¡Y vuelta a empezar! Todo esto es una expo cotidiana que acabará en bendita y alabada sea la hora o acabará con tod@s nosotr@s. Que a lo mejor es de lo que se trata. De diezmar. Que somos much@s ya y esto no hay quien lo aguante.

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4 comentarios

Antonio Pérez Morte -

Es la duodécima vez que leo este texto y no sabes cómo te agradezco, que no lo hayas reducido a la doceaba parte...

¡Un abrazo!

Tremisis -

Genial. Desde la tribuna cubierta este lateral, un saludo.

pat rizia -

inquietante Romareda,parece el mismísimo triángulo de las Bermudas, es un núcleo de polémica continua, parece que las atrae, alguien debería practicar una psicofonía por los alrededores del campo, no vaya a ser cuestión de ánimas en pena

MAY -

Estoy en la doceaba parte de una carcajada infinita que puede que acabe con un espasmo hilarante general que afecte a mi salud...Genial. un abrazo MAY
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