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javierdelgado

 Este es un pequeño busto de Lenin. Lleva al cuello mi medalla de bautismo. No sé hasta qué punto es buen santo patrón de estas nuevas líneas pero quiero ponerlo al primero en la galería de sant@s patron@s a los que pienso encomendar mis escritos de la sección "Con fe y con valor". No se preocupen: tenemos muchísim@s donde elegir. afortunadamente...

Les voy a contar un secreto (a voces): la democracia en este país ya está a la altura del barro a la que la pusieron hace años en otros países cercanos quienes aprovechan la democracia formal para instalar sus tentáculos más o menos invisibles en los centros de poder para convertirlos en delegaciones de sus verdaderos centros de poder.  

La ciudadanía elige a unos cargos públicos que luego ven supeditada su acción a la presión de otros cargos, públicos o no públicos, éstos muy bien relacionaos entre sí, de forma que vale más lo que se decide en tal o cual despacho particular que lo que se decide en un despacho oficial. Así está la cosa.  Lo peor, con todo, no es eso. Lo casi peor es que muchos de esos cargos públicos se dejan doblegar bajo el peso de tales decisiones externas. Pero lo peor peor de verdad es que la much@s ciudadan@s también se dejan doblegar bajo el peso de decisiones absurdas tomadas en lugares innombrables y por personas a quienes nadie ha elegido democráticamente para dirigir los asuntos públicos. 

 ¡Pero qué les estoy contando! ¡Todo esto ya lo sabían ustedes hace tiempo! ¿No? Mi generación ha visto el horizonte de esa tierra llamada Libertad para luego verse asaltada por individuos de toda laya que desde dentro o desde fuera de las instituciones públicas arrasan cuanto pueden y limitan de facto (aquí conviene una pedantería) la capacidad de decisión libre y secreta de miles, de millones de ciudadan@s. Pero muy especialmente de es@s ciudadan@s que hacen algo más que añadir la misma pincelada con el mismo color al mismo material…

Cualquier  actividad mnimamente creativa (y hoy día, gracias a los avances tecnológicos, muchísimas lo son) está sujeta a un control y a una coerción que ríase usted de las escabrosas historias sobre el estalinismo que ahora llenan las estanterías de las librerías.  Hoy existen en nuestro democrático país verdaderos “comisarios políticos” vinculados a los centros de poder ejecutivo que, so capa de ponerse a su servicio, ponen a su servicio propio a esos centros de poder. Y además trabajan para que tal o cual ciudadan@ se sienta forzado a tomar una u otra decisión. ¡Desde luego no llevan (que se sepa) pistola! Llevan la lista de los “favores” pasados, presentes y futuros de los que dependió, depende o dependerá la capacidad de tal o cual para desarrollar su tarea conforme a sus preferencias y necesidades.  ¡Se habla mucho por ahí del ladrillo y todo eso! ¡Pues las cosas suceden en terrenos mucho menos importantes! Porque se trata de ir generando un estado democrático a la baja, un sistema político en el que funcionen las coerciones sin despertar las protestas. ¡Incluso much@s coaccionad@s no quieren que se sepa lo que les ocurre! ¡Se sienten culpables (como esas pobres muchachas violadas que aún dudan si ellas tuvieron algo …)! 

Tenemos que hablar de estas cosas. Tenemos que reaccionar ante y frente a un deterioro tan rápido de la moralidad política y de la libertad ciudadana. Lo primero que habría que hacer es hablar, escribir, difundir esas tropelías, esos atropellos, esas barrabasadas que conocemos y que callamos por “prudencia”, por miedo y por interés. ¡Para qué negarlo! ¡Y yo el primero! Siempre hay una excusa, una autojustificación para nuestro silencio. ¡Es que es de mal gusto!  Seguramente el miedo mayor, el miedo cerval, el pánico difundido se centra en la idea de que un@ va a ser castigado a las tinieblas exteriores de la sociedad en la que vive su cotidianidad. El ostracismo. Creo que tememos al ostracismo. ¡Y hacemos bien! Tememos razonablemente que se nos ningunee, que se nos oculte, que se nos impida la entrada, que se nos olvide, que se nos deje al margen. Tememos la marginación. ¡Vuelvo a decir que yo el primero!

 Pero tenemos que reaccionar un día u otro, tenemos que comenzar a enfrentarnos a esa forma de funcionar el sistema que muy rápidamente lo está pervirtiendo. Ya saben que aquí les escribe un deprimido. A veces pienso que ya no tengo nada que perder, y eso me da fuerzas para luchar con más serenidad, con más agilidad que antes. Y una parte de esa lucha va a ser, en adelante, la de escribir aquí lo que creo saber de lo que ocurre, por si es cierto que ocurre. Por si a alguien le sirve de algo saber que podemos cambiarlo aunque nos dé miedo, mucho miedo. 

 No estoy desacreditando – creo que ha quedado claro, pero por si acaso (que hay much@ tont@ también leyendo blogs)- la democracia formal. ¡Hemos pagado mucho por conseguirla! ¡Como para despreciarla! ¡En absoluto! Lo que quiero decir es lo que recogían aquellas frases del himno anarquista: “La libertad es un bien preciado y hay que defenderla con fe y con valor”. Con fe y con valor. Así voy a titular en adelante a esta serie de artículos políticos o como quieran ustedes llamarlos.  

Y no se preocupen: que seguiré publicando poemas, relatos, estudios de arte, y bobadas diversas (incluidas las guarradas que tanto alegran a algun@s). ¡Hay tiempo para todo!  

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