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javierdelgado

CON FE Y CON VALOR...Y CON HUMOR: UN OLVIDO MORTAL QUE INTENTARÉ SUBSANAR

CON FE Y CON VALOR...Y CON HUMOR: UN OLVIDO MORTAL QUE INTENTARÉ SUBSANAR

 Antonio Gramsci no actuó con humor casi nunca en su breve y sufrida vida. ¿Se le puede perdonar porque era jorobado? Pero como era muy listo y muy honesto merece la pena hacerle una visita de vez en cuando. Siempre se aprende algo con él. ¡Incluso italiano!

Ayer se me olvidó algo importante, muy importante. (No sé hasta qué punto algo de lo que escribí lo era, siquiera como ejercicio recordatorio de cosas sabidas). Hablaba “encendídamente” sobre la defensa de la Libertad. Hay que defenderla con fe y con valor, y también con humor, con mucho humor. Estaba tan cabreado que me olvidé del humor: mal síntoma. Muy mal síntoma.

¿Se trata de un síntoma personal o de un síntoma generalizado entre quienes advierten las trapisondas que deterioran la democracia? Algo de general ya hay en la actual falta de humor que puede notarse en los textos, los actos, las actitudes de quienes asumen cierto compromiso con la lucha por la libertad.  

Una de las mejores armas contra el poder, bajo el franquismo, fue siempre el humor: golpeaba donde más les dolía y además hacía diáfanas las críticas sin arriesgar la cabeza (que no hay por qué). ¿Hasta qué punto el humor, y qué tipo de humor, puede ser útil hoy en la lucha contra los poderes que pervierten, corrompen, limitan, escamotean, etc., la democracia? La relación entre el humor y la política es muy vieja y se han ensayado y utilizado multitud de variantes del humor en la lucha contra el poder a lo largo de la historia.  Sería interesante reestudiar el uso del humor en la historia de los movimientos emancipatorios y en general en la historia contra todo tipo de poder con la vista puesta en el presente y, sobre todo, en el futuro.

 No sé si es una impresión mía, pero también me parece que últimamente la gente con buena marcha no repasa la historia de nuestr@s antepasad@s. Y eso limita mucho la capacidad de lucha. (Eso también lo he re-aprendido del Ajedrez,  cuya historia es principal maestra).  Estoy poniéndome un poco pesado, siento el peso de estas palabras, estas líneas. No consigo hacerlas volar con gracia. Este texto parece una declaración de últimas voluntades. ¿He perdido la levedad que les conferiría el humor? Espero que no, que sea una incapacidad transitoria. ¡Y a ustedes no tiene por qué afectarles! (Habría que hacer también un estudio comparativo sobre el humor entre los enfermos depresivos y entre los no declarados tales: a ver qué salía). 

 A mí siempre me ha ido el humor negro, gracias, creo, a mi difunta madre, que lo manejaba con elegancia y soltura. Incluso, en ocasiones, sin ser muy consciente de ello. O sí, que las madres son seres bastante inscrutables para sus hijos.  Eso si los hijos escrutan algo en sus madres, que dicho así parece algo entre el incesto y el parricidio, lo cual no está nada mal: dos pájaras de un tiro. 

 Pero el humor negro no es muy comprendido ni compartido, y mucho menos en la lucha política. De serlo, la primera persona que debería ser objeto de chanzas de buen humor negro sería quien se ocupara del cementerio de cada localidad, l@s injustamente olvidad@s concejal@s de cementerios. En todo ese asunto de los cementerios se mueve mucho dinero y hay mucha mano rara por medio, mucha industria, mucha economía sumergida (y enterrada) y mucho mercado negro.  

La muerte, pues, debería ser asunto de primer orden en una lista de asuntos a estudiar sobre la relación entre la política y el humor. La muerte y el miedo a la muerte, y a las distintas formas de muerte, no sólo la mortal, también las veniales cotidianas formas de muerte de la libertad a las que lleva la política del poder y a las que se somete la ciudadanía incluso aportando disciplinadamente pico y pala para cavar su propia tumba. ¡Eso sí que es una política suicida! 

Así que del suicidio político de la ciudadanía también podríamos tratar. Sobre todo des sus causas. ¿Un trastorno especial en el ámbito de las democracias formales? ¿Una pulsión de muerte ante la presencia del poder? ¿Qué hay que “adormece” a la buena gente cuando vive en un sistema político de democracia formal? Ya decían en latín: "Somnus est imago mortis" ¿Pues no es cuando mejor podría abrir los ojos y actuar, precisamente contra es@s “vivill@s” que corrompen cuanto tocan (y más cuando tocan a muerto)?  Vale. Otro día más.

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