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javierdelgado

CRISIS ECONÓMICA: “SOCIALISMO FINANCIERO” Y OTR0AS GANSADAS. ARGUMENTOS PARA UN APOYO A LA POLÍTICA ECONÓMICA DEL ACTUAL DEL GOBIERNO DE ZAPATERO. EL PELIGRO ESTÁ EN EL PP.

CRISIS  ECONÓMICA: “SOCIALISMO FINANCIERO” Y OTRAS GANSADAS. NECESIDAD DE UN APOYO A LA POLÍTICA ECONÓMICA DEL ACTUAL DEL GOBIERNO DE ZAPATERO.

 

 Los señores capitalistas están diciendo muchas cosas interesantes estos días de “crisis total”. ¿Han leído hoy el “Negocios” de El País. Nunca me cansaré de recomendar sus lectura. Hace años una buena amiga me dijo que leyendo el “Negocios” de los domingos se entendía mejor toda la información que llevaba El País. Creo que no exageraba. (Lo siento, pero no puedo con el tono de “Expansión”. Y tampoco mi obligación llega a tanto).

 

También están diciendo algunas gansadas. Hablar de un “socialismo financiero” para hablar (mal) de la propuesta intervencionista de Busch es ganas de ensuciar la palabra “socialismo”. Esta gentuza no sólo mancha lo que toca, también lo que nombra. Una intervención socialista en las finanzas del gran capital norteamericano (y de cualquier otro) pasaría por una apropiación estatal de la propiedad de los bancos en los que se interviene, y esa no parece ser la intención ni de republicanos ni de demócratas en los EE.UU. Tampoco está nada claro que una cosa así fuera buena para el Estado norteamericano ni, sobre todo, en estos momentos, para la población estadounidense.

 

Los manuales de economía política marxista de las últimas décadas del siglo XX planteaban la “toma” de la cúspide financiera del capital  monopolista  de estado como una intervención más o menos rápida y sencilla que ponía en manos del Estado lo esencial de los recursos económicos de un país, en la idea de que tal Estado se apoyaría en alianzas entre las clases sociales más desfavorecidas precisamente por el crudelísimo sistema del capitalismo monopolista de Estado. El problema radica, precisamente, en conseguir realizar esas alianzas de clase y darles una expresión política con instrumentos institucionales de gobierno. Y no es un problema pequeño, como puede imaginarse. De ahí que las estrategias diseñadas por partidos socialistas y comunistas europeos (“del oeste europeo”) desde la década de los setenta planteara esta cuestión muy en primer plano de la actividad política e institucional (municipal, regional, etc.).

 

Ese tipo de intervención del Estado en una dirección socialista supondría insrtar en una dinámica socialista la actividad económica de gran número de empresas privadas financieras y productivas de todo tipo, de modo que la dinámica resultante pudiera ir resolviendo las contradicciones de clase conforme pudieran señalarse objetivos concretos. (Por eso, entre otras razones, comencé a releer al Bujarin de los años veinte y treinta: porque fue una de las primeras cabezas revolucionarias que se planteó en serio los límites y los métodos de ese tipo de intervención y la necesaria “liberación” de energías económicas en manos privadas mientras se va asentando el socialismo en un país).

 

Está claro que eso de lo que ahora  hablan los sabios de Wall Street y las grandes figuras de la política norteamericana (y no sólo norteamericana) no tiene nada que ver con el socialismo.

 

Otra cosa es que, como se propusieran hace años los gobiernos socialdemócratas suecos ante una crisis fortísima en su país, se planteen ciertas compensaciones económicas para el Estado a las inversiones estatales en la banca privada y, en general, en el sistema financiero. Compensaciones del tipo de acciones estatales, etc., que podrían hacer revertir en los contribuyentes (de los que salió antes el dinero para la intervención estatal) la mejora de las condiciones económicas generales (y particulares) conseguidas gracias, precisamente, a esa intervención.

 

 El asunto ya lo están planteando algunos economistas no tan trogloditas, animados por una cierta tendencia socialdemócrata que, dado lo que hay que aguantar, no hay por qué despreciar ni minusvalorar (los comentaristas econmómicos de CNN+, por ejemplo, ya lo están argumentando). Es más, en la situación en la que se encuentran millones de ciudadan@s del mundo globalizado, sría suicida desdeñar algunos recursos de política económica que no hagan más penosa aún la situación del día a día (paro, inflacción, hipotecas, falta de créditos, cierre de políticas sociales: enseñanza, salud, vivienda, emigración, etc.).

 

Por eso es importantísimo ahora en España promover apoyos de amplia base social  a la política concreta que ha planteado el gobierno de Zapatero. Si la conducción del Estado pasara a manos de un gobierno del PP en esta situación las consecuencias sociales serían desastrosas y en cierta medida irreversibles. Nos estamos jugando la forma concreta en la que se actúa ante la crisis, la dirección en que los mecanismos institucionales se ponen en funcionamiento, los que se crean y los que se cierran. El PP intenta aislar al gobierno de Zapatero metiendo una cuña en su base social para ganar algunos puntos electorales. La rápida actuación de Gallardón en Madrid paralizando toda la obra social aún no comenzada (en enseñanza, sanidad, etc.) es una muestra de que ni los más “blandos” peperos desconocen el papel terriblemente desestabilizador que pueden jugar las instituciones democráticas en sus manos en esta fase de la crisis económica.

 

 Por supuesto, no es la política del gobierno de Zapatero lo que queremos, pero sí podemos exigir por lo menos la política que plantea  (y vigilar que se cumple realmente). ¿Con qué capacidad de movilización y organización social cuenta la izquierda española (incluyendo en ella al PSOE gobernante) en estos momentos? ¿Cuanta organización obrera, campesina, empresarial, etc. está en condiciones de asentar un programa económico más allá del que propone el gobierno de Zapatero? En las condiciones actuales sería no sólamente suicida para la izquierda perderse en la marginación del  maximalismo sino de una gran irresponsabilidad hacia las bases sociales a las que estamos obligados a apoyar en su día a día.

 

 No hacemos política para decir buenas frases. Menos aún en estas circunstancias. ¿Hay quien crea que puede movilizar más allá de los objetivos económicos del Gobierno Zapatero? ¿Hay quien crea, incluso, que esos objetivos se pueden cumplir sin el apoyo lo más masivo y organizado posible de base trabajadora de la sociedad española? Hoy tenemos el gradísimo reto de organizar la movilización social,  la creatividad económica y la capacidad política gobernante de una sociedad en la que los cantos de sirena del consumismo, etc., se han hecho ensordecedores (y enceguecedores)  y en la que el individualismo y la competitividad se han instalado como resortes autodefensivos de pequeños círculos en los que prima la defensa de intereses corporativos por encima de cualquier otra consideración. El "bienestar" de millones de explotados se basa en los recursos de superviviencia que propone como modelos el gran capital. (Por eso mi relectura de Gramsci: fue la primera cabeza revolucionaria que se planteó en serio los problemas de la "hegemonía" en las sociedades capitalistas de Occidente y sus consecuencias para el diseño de una política de alianza de clases, organización social, etc.).

 

Se trata de asegurar una dirección practicable y esperanzadora. De concentrar fuerzas. Incluso, tal como están hoy las cosas, de organizar esas fuerzas (hoy dispersas desmovilizadas).

(Continuará)

 

 

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