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javierdelgado

CRISIS ECONÓMICA: ESTUDIAR, ANALIZAR, DISTINGUIR. APROVECHAR TODOS LOS INSTRUMENTOS CON LOS QUE NOS PODAMOS DEFENDER Y PODAMOS DEFENDER A QUIENES AÚN LO VAN A PASAR PEOR.

CRISIS ECONÓMICA: ESTUDIAR, ANALIZAR, DISTINGUIR

 

Los poderes de quienes gobiernan actualmente el mundo parecen dispuestos a arruinarnos con tal de reflotar sus negocios y aumentar sus cuotas de poder. Nuestro problema se podría formular así: ¿entre quienes estamos siendo arruinados hay quienes quieran tomar el poder?

 

A lo que habría que añadirse: los poderes de quienes gobiernan actualmente el mundo desarrollan ilimitadamente sus actividades internacionalmente, “globalmente”, mientras que quienes estamos siendo arruinados tenemos un acceso muy limitado a los mecanismos de poder nacional o estatal y ningún acceso a los mecanismos internacionales de poder (y ya es una formulación optimista).

 

En los últimos treinta años la hegemonía del capitalismo se ha instalado hasta en las más minúsculas moléculas de nuestras vidas individuales: trabajo, consumo, relaciones sociales, ocio, consumo, “sentido común” popularizado, etc. han sido inundados y teñidos con los colores del equipo ganador, el equipo admirado, que ha ido engrosando la legión de sus “hinchas” a lo largo y ancho del mundo.

 

La peculiar situación en los países islámicos complica aún más la situación internacional: sus anhelos de independencia y reafirmación identitaria se canalizan a través de instituciones y movimientos religiosos cuyo poder influye aún más, si cabe, en las conciencias de grandes masas de población a las que un sentimiento de “humillación” anti-occidental entrega en manos de un  aventurerismo fanático de difícil parangón, cuya victoria “redentorista” contra el “materialismo occidental” aparece como un horizonte aún más desolador de violencia y opresión.

 

La actual crisis económica tiene algo que ver (también) con esa difusión universal de la hegemonía capitalista, difusión a la que contibruyó no tanto la caída del muro de Berlín como el trágico espectáculo que permitió que todo el mundo viéramos (por si nos hacía falta un poco más de luz y evidencia). La permanencia en el poder de pequeños o grandes “partidos comunistas” (de Cuba, Corea del Norte o de China) ya no esconde la realidad de las sociedades sobre las que gobiernan.

 

El giro a la derecha de los gobiernos europeos “occidentales” (con la caída de grandes organizaciones políticas progresistas de honda raigambre en Italia y Francia), el marasmo en el que se mueven los gobiernos de buen número de países de la Europa del Este y el renacimiento de gobiernos “grannacionalistas” como el de la Rusia de Putin apenas deja resquicio a la maniobra desde sus poderes nacionales respectivos a unos pocos  “partidos socialistas” (de corte socialdemócrata en el mejor de los casos).

 

Las conquistas democráticas que han tenido lugar en los últimos decenios en  algunos países de Latinoamérica, de África, de Asia y de Oceanía no están aún asentadas en un estable sustrato de poder popular ni cuentan con la existencia de firmes organizciones políticas democráticas. En general, el desarrollo económico y social de Latinoamérica, África, Asia y Oceanía (más de tres cuartas partes de la población del mundo) depende aún decisivamente de las políticas imperialistas aún diseñadas y lideradas por los EE.UU.

 

 

En esa triple red hegemónica en la que se entrecruzan credos religiosos,  programas económicos ultraliberales y propuestas sociales reformistas de mayor o menor calado se ha instalado la crisis económica. Una crisis que está afectando (y aún va a afectar más) a todos los mecanismos concretos de la supervivencia cotidiana de las masas trabajadoras de Oriente y Occidente.

 

A quienes vamos a sufrir la crisis directamente en nuestras vidas nos conviene estudiar, analizar y distinguir los claroscuros de la actual situación internacional y distinguir en ella los elementos, por mínimos que sean, que pueden jugar un papel positivo, siquiera temporalmente, para los intereses de la población trabajadora del mundo y especialmente para la población trabajadora de los países del Tercer Mundo.

 

En esta necesidad intelectual que nos acucia en estos días ando pensando mientras escucho en Radio Nacional 2, Clásica la magnífica retransmisión del concierto de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña que se celebra en el Auditori de Barcelona hoy, 12 de octubre de 2008. Suena “Muerte y transfiguración”, Op. 24,  de Strauss.

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