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javierdelgado

TAREAS PRIORITARIAS: LOS TESTIMONIOS DE LA "MEMORIA HISTÓRICA", LAS VISIONES DE CONJUNTO Y LAS URGENTES PREGUNTAS SOBRE LA ACTUALIDAD

TAREAS PRIORITARIAS

 

Durante unos cuarenta años he dedicado muchas horas a recoger (grabar, filmar, anotar, redactar) testimonios directos de la vida de muchas personas, especialmente militantes obreros, intelectuales antifascistas, dirigentes comunistas, etc. También (en no menor cantidad) testimonios de la vida cotidiana de personas muy diversas (de distintas edades y clases sociales) cuyas vivencias permiten comprender lo que algunos llamaron, en francés “la petite histoire”. Algo parecido a lo que luego vi que hacía el sabio oscense Monesma, pero en mi caso sin artesanos.

 

Algunos de esos trabajos de lo que en más de una ocasión llamé “rememoración asistida” han sido publicados aquí y allá. Incluso me atreví a aportar unas propias memorias personales sobre unos cuantos años concretos de nuestro pasado colectivo. Creo que sé de qué hablo cuando hablo de memorias, biografías… ¿”memoria histórica”?

 

Adelanto ya que no me arrepiento de nada: ni del tiempo dedicado ni de los resultados expuestos. Si acaso, de no haberme empeñado en  publicar más (pero siempre hay problemas delicados con el derecho a la intimidad de las personas, etc.). Considero que hice lo que pensé que debía y quería hacer. Otra cosa es que acaso – pues no estoy seguro de mi capacidad para ello - hubiera podido hacerlo mejor. Durante muchos años la historia (entonces mayormente “Historia”) no recogía el testimonio personal de quienes no lo hubieran dejado por escrito y de quienes, pese a haberlo hecho, no hubieran llegado a significar algo relativamente importante (para quienes decidían qué era lo importante) en el curso de los acontecimientos de una época.

 

 Las vivencias de “la gente de a pie” no interesaban a la Academia. Y la Historia estaba aún muy constreñida en y por la Academia. Por eso la tarea de hacer emerger, sacar a la luz, poner ante los ojos y oídos del público general (y también de los historiadores académicos) el pálpito individual de las vivencias personales de gentes sin especial relevancia ni cualificación (al menos no según las pautas del “éxito social” acostumbrados) o, directamente, denostadas, humilladas, extorsionadas, despojadas propiamente de identidad social, esa tarea recuperadora, me parecía inexcusable para una conciencia progresista con sentido común… histórico. Por eso pensé que se trataba de una tarea prioritaria. (Se estaban muriendo ya muchas personas sin cuyo testimonio no hubiéramos podido reconstruir muchos detalles, ni de la petite histoire ni de la Gran Historia.

 

En los últimos años la expresión “memoria histórica” ha tenido merecido éxito notabilísimo y ha abarcado toda una serie de recursos historiográficos (especialmente de la llamada “historia oral, pero también de la arqueología y la antropología cultural), un éxito más y más dilatado: la cantidad de publicaciones (charlas, congresos, textos, vídeos, etc.) amparadas bajo dicho término ha crecido exponencialmente y su recepción, si no masiva (¿qué es masivo, en estos casos?), sí ha sido y sigue siendo muy amplia, señal de que había realmente ganas de escuchar ese tipo de testimonios. Puede que ni lo publicado ni lo atendido sea tanto (ni en cantidad ni en calidad) como parece, pero en todo caso puede decirse que se ha reparado un error precisamente…histórico.

 

Y ahora, a la altura de 2011, ¿qué representa continuar realizando una tarea de recogida de testimonios, vivencias, etc.? Mi impresión es que, con todos mis respetos para cada persona que se expresa, asistimos a una repetición inacabable de casos y cosas cuya acumulación no está claro que aporte nuevos elementos de juicio. Por supuesto, cada cual está en su derecho de participar en la tarea de acumular detalles (que nunca dejarán de tener su importancia individual); ¿pero es esa ahora una la tarea prioritaria? La pregunta no va contra la realización de ninguna tarea: todas pueden realizarse y todas aportan positivamente. La cuestión, para mí (esto también puede considerarse un testimonio histórico individual que expreso en un momento concreto de mi biografía y en unas circunstancias concretas de nuestra actualidad colectiva), es si eso que más necesitamos ahora mismo (como anteriormente necesitábamos prioritariamente sacar a la luz esos testimonios individuales de asuntos del pasado más o menos reciente).

 

Mi impresión es que ahora mismo lo que estamos necesitando es aproximaciones a una visión de conjunto de la realidad contemporánea, de la actualidad histórica. Y eso en dos direcciones: hacia el pasado, abordando ya decididamente amplias revisiones de conjunto en las que queden integrados esos testimonios recogidos. (Creo que es lo que muy acertadamente se propone y consigue el historiador Julián Casanova). Y hacia el futuro, preguntándonos metódicamente sobre los acontecimientos de la actualidad. He dicho “hacia el futuro”, en la medida en que la actualidad es, ya, futuro.

 

¿Qué estamos viviendo ahora mismo? ¿En qué conectan nuestras vivencias actuales con los acontecimientos que suceden en el planeta? ¿Hacia dónde parecen apuntar las nuevas experiencias, los nuevos anhelos, las nuevas conquistas, realizaciones, fracasos, etc.? Mi impresión es que vivimos cada día asediados por noticias de toda índole y nos resulta muy difícil mantenernos intelectualmente productivos, más allá de las dos primarias reacciones “vitales” (de huida o de lucha). Mi impresión es, tambié, que el nada leve peso del pasado en nuestra subjetividad nos dificulta mirar con ojos nuevos las novedades de hoy día. hasta cierto punto, miramos buscando el rastro de lo que ya conocemos: necesitamos (demasiado) sentir la seguridad del que ya vio. 

 

Rescatar del olvido lo que los poderosos no quieren que conozcamos ni recordemos siempre será una noble tarea. ¿Podemos dedicar algo de tiempo ya, también, a observar detenidamente el presente, a intentar interpretar “los signos de los tiempos” en la multitud y disparidad de los acontecimientos que ahora mismo se suceden a un ritmo frenético? ¿Puede ser esa, precisamente, ahora, la tarea prioritaria? Para comenzar podríamos proponernos, modestamente, encontrar la forma de preguntar.

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