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javierdelgado

EL RÍO (CUENTO INQUIETANTE...)

EL RÍO (CUENTO INQUIETANTE...)

EL RÍO

 (Cuento publicado en Heraldo de Aragón el miércoles 1 de agosto de 2012)

 

Cielo negro. Tierras amarillas. Encerrado por empinados escarpes devastados, este río no puede beneficiar al mundo que le rodea.

 

Sobre las balsas, nuestros cuerpos permanecen derrotados bajo esta lluvia insistente, y este inquieto espacio devora nuestra memoria: ¿qué hacemos aquí los dos?

 

Cuando vuelvo el rostro hacia la parte trasera de la balsa veo sus ojos fijos en los míos. Sobre las turbulencias del río avanzamos hacia quién sabe qué abismo, pero él no tiene ojos sino para mí. Preguntan por el pasado. Pero por mucho que me mire no haré ahora el camino inverso al que la fuerza del río quiere que haga, esa fuerza a la que no sé desde cuándo me he rendido.

 

Eso es lo que no comprende: qué hay en estas aguas que me hacen desearlas incluso más que a la bendita tierra de la que me alejan. Su mirada está muerta. No hay futuro en sus ojos, no hay luz, pero encienden en los míos un fuego dañino.

 

El mundo es la cuenca de un fragoroso río en el que llueve salvajemente. He aquí una fuerza capaz de destruirme y que sin embargo ha preferido llevarme consigo hacia delante, siempre hacia delante, a una velocidad en la que no distingo ya el pánico del placer. No siento sino el agua del río y el agua de la lluvia. Su presencia en mi cuerpo, ¿a qué órgano afecta? Otras veces me siento insensible y entonces sí me asusto.

 

¿Qué imploran esos ojos hundidos, arrasados de lágrimas y lluvia? Acabo de saber qué tengo que hacer con ese de ahí atrás, con esa figura que agota mis horas aún más que la terrible potencia del río. Cortaré las cuerdas que unen las dos partes de la balsa y quedaré libre de él, definitivamente libre. Me da igual que grite, que llore o que me insulte. No puede ayudarme ni defenderse.

 

Ya está hecho. Ahora cae lentamente de la balsa y el agua lo engulle. Hierven las aguas y hierven sus ojos. He de soportar esa mirada que se apaga entre la espuma. El río devora en un instante su imagen fastidiosa. Se acabó.

 

Hace tiempo que avanzan las dudas, tantas dudas. ¿Y si quedó allí engullido lo mejor de los dos? ¿Y si era yo, y no ese otro, quien debió acabar en el fondo del río? Nunca lo llegaré a saber. Sigo sufriendo el tormento de la duda en medio del río, en medio de la tormenta, en medio de un mundo de tierras amarillas bajo un cielo negro. Y el río me lleva...

 

JAVIER DELGADO

(Zaragoza, 2007)

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