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javierdelgado

MAO. LA ÚLTIMA BIOGRAFÍA

MAO. LA ÚLTIMA BIOGRAFÍA Estoy leyendo la última biografía de Mao “Mao, la historia desconocida” de Jung Chang y Jon Halliday .( Ed. Taurus, 1.029 páginas, 28 euros). Creo que ya conté que primero leí el libro de Chang “Los cisnes salvajes” (un best seller que mereció perfectamente serlo) para ver qué grado de fiabilidad tenía esta autora. Y encontré a una señora de mi edad con una notabilísima capacidad para dar forma personal a  la memoria colectiva y además una persona que sabía contar qué pensaban (su abuela, su madre, su padre, sus amigos, ella misma) en cada momento de su vida, sin machacar las vivencias pasadas (como la absoluta devoción por Mao y la fidelidad al Partido y a sus intereses…tan cambiantes) por más que la vida le llevara poco a poco a ver las cosas de otra menera.

 

Pues bien, esta biografía de Mao es realmente un ajuste de cuentas desde la primera frase: el Mao que nos da a conocer produce estupor, lo cual tampoco es muy raro, porque lo cierto es que Mao pretendió siempre producir estupor, y estupor a gran escala. He leído no sé ya cuántas biografías de Mao y también historias de la China del siglo XX y siempre me resulta impresionante, muy íntimamente impresionante, ver qué programa de cambios planteó Mao y el PCCH en un país inmenso y cargado en cada milímetro de su espacio de una vasta, profunda, subyugante cultura. La civilización china me parece la única civilización (que siga existiendo) cuyas raíces beben en fuentes absolutamente distintas a las del resto de todas las demás civilizaciones humanas; fuentes, además, de una antigüedad que da vértigo constatar. Si alguien quiere ver la vida humana desde un ángulo radicalmente distinto al que adoptaron todas las demás civilizaciones, estudie la civilización china.

 

Pues bien, la vida de Mao y la actividad del PCCH resultan tremendamente inquietantes para cualquiera que no mire con anteojeras, prejuicios ni fanatismos ni posiciones previas en pro ni en contra. Es precisamente la inmensidad de la civilización china (en el espacio, en el tiempo, pero sobre todo en la esencia de sus logros idiosincrásicos) los que hace colosal (en sentido literal) el intento de Mao y su partido. Intento, por otra parte, que aún sigue en pie con otros perfiles, otros métodos, otros protagonistas.

 

Cualquier occidental consciente sabe que los paulatinos avances y acercamientos de la civilización china a nuestros países y mercados están constituyendo un proceso imparable cuyos efectos civilizatorios se irán conociendo y serán permanentes ya entre nosotros. No se trata de una invasión, ni desde luego de ese “peligro amarillo” que algunos pregonan estúpida y cobardemente. Se trata de uno de los procesos de revisión cultural (en el sentido más amplio, gramsciano, del término) que haya experimentado nunca Occidente. Y si llegase a buen término, si la variedad de civilizaciones que vivifican el planeta coinciden en asimilar la esencia de la civilización china será sin duda un proceso positivo.

 

Desde esa perspectiva leo estos días la biografía de Mao que ha publicado Jung Chang con ayuda de Jon Halliday. Una de las cualidades de este voluminoso libro es la recogida de testimonios personales de muchas docenas de personas que vivieron cercanas a Mao: familiares, amigos, cargos del partido y cargos públicos, testigos de acontecimientos clave, historiadores y escritores que tuvieron un acceso especial a Mao… Eso, aparte de la impresionante y muy plural bibliografía que también recoge harán de este libro un hito en los estudios sobre Mao y la China de su época. Y tenemos la suerte de que está muy bien traducido al castellano.

 

Soy más amante de las biografías que de la biografía de Mao. Quiero decir que no es Mao una de esas personalidades que personalmente me hagan mucha gracia. Como no lo es Stalin ni siquiera el Che o Fidel Castro, personajes todos tan distintos unos de otros. Siempre me interesaron mucho más Gramsci, Ho Chi Min, Togliatti, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Durruti, …(y por supuesto, las de Marx y Engels y la de gente de su época) y sobre todo las vidas de tod@s es@s dirigentes de segunda fila, cuadros intermedios, cuyas memorias me parece que ofrecen mucha más verdad sobre lo que cuentan que las de los jefes muy jefes, siempre atentos a justificar sus opciones y a callar elementos de juicio que no les interesa desvelar.

 

Me importa leer biografías, las mejores posibles, de personajes destacados de los movimientos emancipatorios, sean anarquistas, socialistas, comunistas, feministas, pacifistas, ecologístas… Mi impresión siempre fue que, al menos en España, la gente de la izquierda no leía casi nada sobre la historia de esos movimientos ni sobre las vidas de sus componentes, ni siquiera de sus líderes más conocidos. Y que eso dificultaba una visión profunda de lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor más próximo. Porque hay que aprender a relativizar, a buscar perspectivas amplias e inclusivas de un montón de elementos contradictorios que están ahí, facilitando la acción transformadora o poniéndola en peligro. Nuestro “santoral rojo”, por decirlo cómicamente, es un tesoro intelectual y moral del que hacemos muy mal en prescindir o en quedarnos con la pura anécdota.

 

Así que ahora vuelvo a la vida de Mao, esta vez de la mano de una china con ganas de hacer saber quién fue aquel “Gran Timonel” y cómo se lo tomaron sus compatriotas contemporáneos. Y ya en las primeras cien páginas encuentro claves sobre el particular que no había leído hasta ahora en ninguno de los no sé cuántos libros sobre Mao que me he metido entre pecho y espalda en los últimos treinta años. Así que lo estoy disfrutando. Lo que pongo en conocimiento de ustedes por si se alegran de que alguien disfrute de algo durante un buen rato…¡por sólo 28 euros!

 

Si les divierte, les seguiré informando sobre este viejo vicio mío de las biografías de mis “santos rojos”.
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2 comentarios

Angel -

Eduardo, vete a cagar.

Eduardo -

debes tener bastante tiempo libre para leer biografias. Te recomiendo mejor que leeas sus obras. quisas aprendas algo de humildad, y se te quite esa sobervia pequeño burguesa expresada en tu prosa.

No basta leer, sino, hay que tomar posicion por lo que lees, o sino eres tibio, los bomitos son tibios
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