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javierdelgado

ENTRETENERSE PARA SEGUIR VIV@. TEXTOS SOBRE LA DEPRESIÓN COMO ESTADO DE ÁNIMO SEMEJANTE A LA BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA

ENTRETENERSE PARA SEGUIR VIV@. TEXTOS SOBRE LA DEPRESIÓN COMO ESTADO DE ÁNIMO SEMEJANTE A LA BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA

 Hay mucha sabiduría en esos juegos, tanto entretenimiento...

Como pueden haber deducido, esta mañana he ido a ver la exposición de Broto en la Lonja. Para eso he tenido que recorrer unos dos kilómetros, dando un rodeo para llegar: la ofrenda de frutos estaba en su apogeo. Las visitas a la exposición de Broto no estaban en apogeo ni en ningún estado positivamente geo: no había cola para entrar (raro) y dentro la pequeña multitud de visitantes se perdía en el espacio vacante (increíble). Por otra parte, la mayoría de las personas que se movían por el interior de la Lonja eran parejas de hombre y mujer, ambos de unos sesenta y tantos o setenta años: diría que jubilados (lo normal). Estas parejas deambulaban con bastante rapidez  por el local, apenas se paraban frente a un cuadro y salían por donde habían entrado.

 Lamentablemente (para mí), no he podido escuchar ningún comentario (lo que siempre intento); entre otras cosas porque nuestra presencia en la Lonja (de mi mujer y yo: Celia quedó en casa, bastante enfriada) parecía llamar la atención de la azafata o joven del servicio de vigilancia del lugar (la cual, para nuestro regodeo, llevaba en la muñeca la pulsera de los mantos de la Virgen del Pilar, que hacía perfectamente juego con su grisácea oficial indumentaria). Por eso, porque con una vigilante cerca no puedes pegar la oreja a ninguna conversación, me he quedado sin conocer la opinión de aquellas parejas de visitantes urgidas por quién sabe que prisa.  

Lo que quiero contarles aquí no es la anécdota del poco aprecio que, al menos esta mañana festiva, el público de Zaragoza, hizo de una exposición maravillosa y además insólita (en el sentido etimológico de la expresión). ¿Dónde estaban l@s amantes de la pintura que acudían por miles a venerar la cursilería arqueológica y pretenciosa de los cuadros de la monja pintora? ¿Dónde quienes se apretujaban con grandísimo interés y seriedad para ver de más cerca, un poco más cerca aún, sí, esos cuadros, atraídos sin duda por la curiosa capacidad de las pinceladas de reconstruir una imagen que creemos conocer por otra que reconocemos a la primera, lo cual sin duda es asombroso? Pero, sobre todo, ¿dónde estaban l@s amantes de la pintura contemporánea de la ciudad de Zaragoza? Cierto es que las noches de fiesta conllevan tardíos despertares, pero parece un poco exagerado hacer de tod@s ell@s  un@s juerguistas a los que la mañana tenía paralizados sobre sus lechos o similares.  También es posible que, por ser las fechas que son, esté extendida la idea de que  no son días para ir a la Lonja a ver la exposición de Broto. ¡Craso error, como hemos constatado! El caso es que la mañana del trece de octubre tocábamos a casi un cuadro de Broto por cabeza entre l@s visitantes. ¡Zaragoza capital cultural! ¡Y una mierda!

 Pero voy a lo que quería contarles. Que en puridad, poco o nada tiene que ver con la exposición de Broto ni con las características culturales de Zaragoza. Se trata de contarles, así, por la cara, por qué he acudido esta mañana a la exposición de Broto en la Lonja igual que hubiera ido a cualquier otra (por ejemplo a la de Mariano Berdusán en el palacio de Sástago (el ordenador quiere escribir Vástago, ya saben cómo son estos bichos ahora, con sus dotes de corrección y mando), o en general a cualquier otra cosa que hubiera por el centro de la ciudad (ofrenda de frutos excluida, entre otras cosas por el sonar ininterrumpido de las gaitas gallegas con ese repertorio de gaita gallega que arrastran desde los Coros y Danzas por las tierras y las gentes de España). 

 Al asunto: ¿Por qué diablos he salido esta mañana de casa? Lo diré rápida y claramente: para entretenerme. Puedo repetirlo, pero será, claro, lo mismo que ya he escrito: para entretenerme.  De lo que quiero hablarles hoy es de la razón por la que un depresivo en mal estado hace una u otra cosa un día cualquiera, aparte de tomarse sus pastillas. Ya lo dije: para entretenerme. Desestimada (transitoriamente) la idea de desaparecer, algo hay que hacer para pasar el rato en este valle de lágrimas. Y ese algo puede ser desde escribir en un blog hasta leer novelas turcas, escuchar música, jugar al ajedrez por Internet o estudiar un libro de botánica. O ver la tele, que me lo dejaba. La cosa es hacer algo durante un rato y que ese algo mantenga a la cabeza entretenida, o más exactamente, distraída. Distraída de sus propios males.  En otra cosa, vamos. Todo (o casi todo) vale para distraerse de las cavilaciones sobre la propia suerte o la vida o los problemas que se creen tener o se creen tener.

Si gracias a las pastillas uno puede mantenerse vivo es porque, subido en un carromato del que tiraran ellas, uno se pasea por cualquier lado haciendo cualquier cosa.  Hay tal pérdida de la pasión bajo el efecto de las pastillas que te mantienen vivo que más vale no esperar a que surja nada parecido para ponerse a la tarea. A mí hace tiempo que todo me importa mucho menos de lo que siempre me importaba. ¡Pero muchísimo menos! Muy poco. Pero gracias a eso, precisamente, puedo soportarlo. ¡Porque así me iba! Y he descubierto que hacer cosas, las que sea, por simple entretenimiento, no está nada mal. Incluso te salen mejor que cuando ponías en ello quién sabe qué esperanzas. ¡Te sale mejor! Como no tienes nada que perder, luchas a muerte como si tal cosa. Estás más hábil sin pensar en la suerte que puede esperarte en un mal golpe. Los samurais aquellos parece que intentaban llegar a un estado mental y moral semejante; y quienes lo conseguían eran los mejores samurais del gremio.

¿Es que habían llegado a un estado depresivo total? Hoy por hoy tengo mis dudas al respecto. Porque cuando comparo lo que dicen que decían (en japonés, o en chino) los libros de la sabiduría de por esos pagos (libros muy semejantes a los que se escribieron antes o después más hacia occidente: India, cuenca del  Mediterráneo), si se los compara, digo, con lo que pueda llegar a pensar –si piensa – un depresivo bien dprimido, pocas diferencias pueden encontrarse. Acaso la única entre ellos (a saber: los buscadores de la sabiduría, en cualquiera de sus variantes) podría ser la intencionalidad: unos quieren llegar a ser sabios; otros sólo queremos seguir vivos. ¡Pero héte aquí que puede leerse bien claro en esos libros de sabios que la mayor sabiduría del ser vivo es la de mantenerse con vida todo el tiempo que pueda! Cuando me di cuenta de esta coincidencia (perdonarán mi ingenuidad) me sobresalté (en la medida en que puedo ahora sobresaltarme).

¿Era un descubrimiento? ¿Ya se sabía? ¡Oh, la, la! ¡La cuestión del eureka, que no es poca cuestión! Si las condiciones anímicas de un deprimido tienen alguna semejanza con las de un avanzado aprendiz de sabio, la cosa resulta cuando menos interesante…al menos para un deprimido (no sé si para un sabio). 

Decía que se hacían las cosas sencillamente para entretenerse. Para un mientras tanto…Para seguir vivo. Sin entretenimientos no hay quien sobreviva, parece ser. Y su corolario: hacer tal o cual cosa no tiene por qué surgir de la pasión del deseo ni del apremio de la necesidad: puede muy bien surgir de un estado de ánimo depresivo en el que, dicho rápidamente, te importa un bledo hacer algo u otro algo.  Claro que puestos a hacer algo uno intenta que le salga lo mejor que sepa: es que de eso depende y en eso consiste su capacidad de entretenimiento! Ponerse a la tarea sin ganas no es lo mismo que hacerlo sin intentar hacerlo bien. Si además de hacerlo sin ganas  no intentas hacerlo bien no te entretienes con ello y vas de cabeza a la desesperación. Palabra.  Me ha costado una enfermedad comenzar a darme cuenta de este tipo de bobadas que al parecer hace muchos siglos que se saben y se difunden.

¿En qué mundo intelectual me formé yo, entonces, para no haberme enterado antes (y por esta causa)? ¿Qué leí o escuché que me dio la impresión (porque acaso no eran ell@s ni sus ideas sino yo y mis dificultades para comprenderlas) de que los actos debían responder a categorías morales por encima del sentirse y saberse bien entretenido? Entretenerse para seguir viv@: nadie me dijo nunca que por ahí había un camino de vida y de verdad. ¿Es que no lo pensaban? ¿Es que nunca se sintieron así, entreteniéndose para mantenerse viv@s? La épica del trabajo, del estudio, de la acción, todas las épicas (incluidas las hípicas) parecían (ya digo, salvo error de interpretación mío) declarar lo contrario. 

 Pues yo esta mañana he ido a ver la exposición de Broto en la Lonja para entretenerme: entre que vas y ves y  vuelves, se pasan unas bonitas horas de la mañana. Y luego, ¡a otra cosa, mariposa! Eso sí: he visto la exposición de cabo a rabo y con vueltas y revueltas (porque además lo propicia y admite), me he visto el video (maravilloso) y he comentado con Ana durante un buen rato las impresiones que todo aquello nos había hecho, lo cual ha sido una manera de mantener la atención en el entretenimiento. Quiero decir: he intentado ver una exposición de pintura contemporánea con los cinco sentidos (y el sexto de mi mujer) puestos en ello. No de cualquier forma. No como si tal cosa. Entregado en cuerpo y alma a la tarea. ¡Era la única manera de entretenerme viéndola! 

Ese asunto de la relación entre depresión y sabiduría (unidos por el único afán de mantenerse viv@) me parece que da para más textos. Así que aquí no acabo con ello. El que avisa no es traidor. Pienso escribirles lo que se me ha ocurrido sobre el particular y sobre otros particulares relacionados, como pueden ser el asunto de la “identidad” o el del “abandono total” y otros. Hasta hoy  lo he ido rumiando como cosa mía (mira tú), pero algo se me produjo ayer en medio de mis confesiones (no inhabituales, por lo demás) que me ha surgido la buena o mala idea de contarlo en el blog. Ya no más entenderlo como una “confesión” de enfermo sino como una tarea de escritura sobre los fenómenos psicológicos, etc., que vive un deprimido como yo: textos de análisis de la experiencia de esta maldita enfermedad que ha cambiado mi vida.

Puede que a alguien le sirva de algo leerlos, no digo que no. Pero francamente, la cosa es que a mí me sirva de algo escribirlos. Para qué nos vamos a engañar.   Desde ahora pienso aprovecharme de ella. ¡Le voy a sacar el tuétano a la depresión! ¡La voy a devorar a dos carrillos! ¿Estás aquí, puñetera? ¡Pues no sabes dónde te has metido! 

Así que lo escribiré. En este blog. Más que nada, para entretenerme.    

1 comentario

JoseAngel -

Hombre, no es de extrañar que después de hacer horas de cola para la pilarica, nadie vaya a hacer más cola para ir a una exposición, si es que no se puede competir, visto lo visto. En cuanto a lo de narrar la depre... desde el momento que tomes armas contra ella, puede que te quedes sin tema, jaja!