PROBLEMAS DE AJEDREZ, XIII: INFANTILISMO EN LA TROPA
CRISIS ECONÓMICA: TRABAJO Y CAPITAL.
Artículo publicado en "Opinión" de Heraldo de Aragón el lunes 17 de noviembre de 2008
La falta de acción por parte del mundo del trabajo que se percibe por ahora es proporcional al estado general de desmovilización general en la que hemos vivido durante estos últimos años. Probablemente, a medida que avance la crisis económica esa proporción se vinculará más bien a las necesidades de respuesta a sus efectos, con lo que se habrá llegado al punto “cero” de la crisis: ese punto en el que tanto las fuerzas del capital como las del trabajo actúen más o menos con la misma intensidad.
Así pues, hay que tener paciencia. Se trata de procesos de masas, de millones de individuos en las más variadas situaciones laborales, de paro, de marginación. Para que se produzca la reorganización social del trabajo será preciso que a la necesidad objetiva se una la posibilidad subjetiva: hoy por hoy, millones de afectados por la crisis mantienen muy diversas actitudes subjetivas, muchas de ellas adaptadas a la forma concreta en la que viven sus diversos efectos económicos en su vida cotidiana. Parece razonable reflexionar sobre las dificultades que encontramos para enfrentar esta crisis desde el lado del trabajo. Dificultades que tienen tanto de elementos objetivos (compromisos concretos con la realidad del mercado, consumismo) como de elementos subjetivos (identificación ideologizante con las pautas vitales del capital, desilusión respecto a posibles “revoluciones”, dificultad ante nuevos retos del mercado laboral y de la acción solidaria: trabajo de las mujeres y entrada masiva de inmigrantes).
Habría que calibrar muy bien la medida de la desproporción actual entre los hechos del capital y los hechos del trabajo. Expresado en términos términos ajedrecísticos, quien tiene la ventaja está obligado a jugar a la ofensiva pero quien está en desventaja no se sabe muy bien qué opción debe tomar. En esta crisis la iniciativa siempre ha estado por ahora en el campo del capital. En términos absolutos, el mundo del trabajo no ha influido prácticamente nada en niguna decisión transcendental de las que se han ido tomando ni en las que inmediatamente se tomarán.
La clave se llama desorganización. Las organizaciones obreras, sindicales y políticas, las organizaciones cívicas, etc., aún no han comenzado a responder al seismo de la crisis: sedes políticas y sindicales, locales de asociaciones de vecinos, juntas de distrito, municipios, parlamentos regionales, etc., permanecen aún prácticamente inmovilizadas. El tejido asociativo general de nuestros países y la columna vertebral de nuestra vida política y económica no han sido removidos por la acción del mundo del trabajo. Años de desmovilización no se curan en unas semanas.
Es preciso analizar con mucho detenimiento la situación objetiva y subjetiva del mundo del los trabajado en todos estos años “de bonanza”. Eso quiere decir tres cosas: comprender los mecanismos actuales de la organización social universalizada según los modelos del capitalismo reinante; dar expresión a las vivencias concretas del trabajado, sin filtros ideologizantes; renunciar a los protagonismos previos en el mundo del trabajo. Analizar, respetar, escuchar, innovar.
INSECTOS NECRÓFOROS. LA VIDA QUE NACE DE LA MUERTE.
Leo estos días sobre los insectos, concretamente sobre los necróforos (esos insectos encargados de hacer desaparecer de la tierra toda sustancia orgánica en descomposición). Esto de los necróforos no es que me obsesione, como parece que tiene que hacerlo un asunto tan… especial; pero confieso que siempre me inquietó la duda sobre quienes, qué y cómo hacían para transformar los seres muertos en nuevas materias orgánicas que a su vez darían vida a otros seres, etc.
Lo que ocurre es que hasta hace unos años no me atreví a estudiarlo. Me ocurrió en esto como con otros asuntos como la magia, a cuyo estudio sólo hace poco he dedicado un tiempo, más que nada porque se trataba de asuntos que me daban miedo.
Hace tiempo compré, por indicación del sabio farmacéutico y botánico Tejero, “La fauna de los cadáveres”, de P. Mégnin (Madrid, Calleja, 1876; reimpr. 1992) y el tratado de “Medicina Legal” de Alberto Teke (Mediterráneo, 1993).
Luego he ido encontrando aquí y allá otros libros. El último fue por las pasadas navidades: “Fiambres. La fascinante vida de los cadáveres”, de Roach Mary (Global Rhythm, 2007): lo pedí como regalo, un regalo un poco raro para esas fechas pero que a mí me venía muy bien.
El caso es que leer sobre las maravillosas obras de los insectos necróforos en los cuerpos muertos del mundo me reconcilia con la vida, con la grandísima fuerza de la vida incesantemente autorregenerándose.
Y cuando más deprimido estoy más me ayuda el ejemplo de estos insectos: de ellos pueden aprenderse muchas cosas sobre cómo conseguir aprovechar(se) incluso de lo más muerto que uno tiene.
La tropa se entusiasma con sus propias evoluciones en el tablero, en las que hay un peligroso recuerdo a los coros y danzas del "Día de San José", ante Franco y su franquísima gracia en el Santiago Bernabeu...
Hace un día estupendo aquí donde paro estos días. Imagino que también en Zaragoza. Un otoño soleado y oloroso que invita má que nada al paseo y al buen humor.
Pero mi depresión se me está haciendo cada día más oscura, más impenetrable.
Cada mañana preferiría no abrir los ojos. Cada noche oscurece más y más mi interior.
El viaje no lo es todo. Da igual donde te metas si un perro te persigue el alma por dentro de la entrañas. No hay escondite para uno mismo.
La depresión es un gran foco iluminando a todas horas.
La depresión es un espejo gigantesco y envolvente que impide ver más allá de nuestros propios rasgos.
El mundo de ahí afuera (no estoy ciego del todo y puedo verlo) lucec con todos los colores de la naturaleza otoñal. Los aromas del campo penetran por las narices como un manjar de leyenda. Hasta las sombras resulta hermosas, contrapuestas al reluciente brillo del agua.
Pero está la luz negra que ciega, la cebolla podrida que hace llorar.
Me estoy perdiendo un otoño magnífico, ese otoño tranquilo que he venido a buscar.
Todo lo quieren hacer ellas nada más empezar.
CRISIS ECONÓMICA: PLAZOS, FASES, ETAPAS, ETC.
(Sigo de viaje. Pero la crisis me persigue. Así que continúo escribiendo sobre la crisis mientras sigo mi viaje).
Como muy bien dice me amiga Laura José en su comentario a mi artículo de ayer, “años de desmovilización general no se curan en unas semanas...”. La falta de acción por parte de l@s trabajador@s que yo percibo es por ahora proporcional al estado general de desmovilización general en la que hemos vivido durante estos últimos años. Probablemente, a medida que avancen los efectos de la crisis, esa proporción se vinculará más bien a las necesidades de respuesta a esos efectos, con lo que se habrá llegado al punto “uno” de la crisis: ese punto en el que tanto las fuerzas del capital como las del trabajo actúan más o menos con la misma intensidad.
Así pues, hay que tener paciencia. Se trata de procesos de masas, de millones de individuos en las más variadas situaciones laborales, de paro, de marginación, etc. Para que se produzcan los primeros apuntes de una reorganización social será preciso que a la necesidad objetiva se una la posibilidad subjetiva: hoy por hoy, millones de trabajador@s afectad@s por la crisis mantienen muy diversas actitudes subjetivas, muchas de ellas adaptadas a la forma concreta en la que viven los diversos efectos económicos en su vida cotidiana.
No seré yo, precisamente un jubilado por depresión, quien azuze impaciente ni quien haga sentir angustiosamente el “retraso” en la respuesta de l@s trabajador@s (respecto a la velocidad de los acontecimientos de la crisis y de las acciones del capital). Pero sí me parece razonable reflexionar ya sobre las dificultades que encontramos para enfrentar esta crisis del lado del trabajo. Dificultades que tienen tanto de elementos objetivos (forma de vida establecida, compromisos concretos con la realidad del mercado, consumismo) como de elementos subjetivos (identificación ideológizante con las pautas vitales del capital, desilusión respecto a posibles “revoluciones”, dificultad ante nuevos retos del mercado laboral y de la acción solidaria: trabajo de las mujeres y entrada masiva de inmigrantes).
Se trataría en estos momentos de calibrar muy bien la medida de la desproporción actual (a la que aludía al principio) entre los hechos del capital y los hechos del trabajo. Equivocarse en ese calibre preciso sería gravemente peligroso para los intereses de l@s trabajador@s. Expresado en otros términos - los términos del Ajedrez – quien tiene ventaja etá obligado a actuar a la ofensiva pero quien está en desventaja no se sabe nunca muy bien qué opción (defensiva/ofensiva) le es más útil tomar. Parece claro que en todo lo relativo a esta crisis la iniciativa ha estado siempre en el campo del capital. No ha habido ni un solo elemento de la correlación de fuerzas mundial que haya podido hacer pensar que la iniciativa ha estado del lado del trabajo, ni siquiera por unos minutos. En términos absolutos, el mundo del trabajo no ha influido prácticamente en nada en niguna decisión transcendental de las que se han tomado en lo que va de crisis.
¿A qué se ha debido esa falta de iniciativa del mundo del trabajo? Creo que la palabra clave es desorganización. Es decir, el mundo del trabajo se ha mantenido por debajo aún del nivel de las ideas y de las propuestas y por debajo del nivel de la movilización. ¡Estamos a dos bajo cero, compañer@s! Las organizaciones obreras, sindicales y políticas, las organizaciones cívicas, etc., aún no han comenzado a retemblar de acuerdo al seismo mundial que la crisis ha desatado: sedes políticas y sindicales, locales de asociaciones de vecinos, juntas de distrito, municipios, parlamentos regionales, etc., permanecen aún más quietas que movidas y, en cualquier caso, nunca removidas (salvo alguna honrosa excepción que siempre hay) por obra de la acción popular. El tejido asociativo general de nuestros países y la columna vertebral de nuestra vida política y económica no ha sido removido por arte de la movilización del mundo del trabajo. Como decía mi amiga Laura José, “años de desmovilización no se curan en unas semanas…” ni, al parecer, en los meses de crisis que ya van.
Mi impresión es que para conseguir subir de los dos bajo cero a ese cero inicial necesario para la confrontación histórica es preciso analizar con mucho detenimiento la situación objetiva y subjetiva de l@s trabajador@s en todos estos años “de bonanza”. O comprendemos perfectamente los mecanismos de la organización social universalizada según los modelos del capital reinante o predicaremos a los pájaros y a los peces como aquel santo italiano de siempre grata memoria.
Segunda cuestión: o conseguimos que se expresen directamente las vivencias concretas de l@s trabajador@s, sin filtros inmediatos, sin cuadrículas ideologizantes presvias, o no nos enteraremos nadie de cómo es la vida de la mayoría de la población a estas alturas del siglo XXI.
Y tercera cuestión: los protagonismos “previos”, las “direcciones” previstas de los movimientos en el seno del mundo del trabajo deberían dejarse a un lado. Sólo la actuación concreta en estas circunstancias concretas podrá establecer liderazgos reales y directrices consistentes a unas movilizaciones cuya complejidad aún no estamos en condiciones de calibrar.
(Continuará)
CRISIS ECONÓMICA: ¿QUIÉN SOY YO PARA HABLAR?
Jubilado por depresión, sin militancia, ni afiliación, ni asociación a organización política, sindical o cultural de ningún tipo desde hace diez años, necesitado de soledad y de silencio cuando la cosa se (me) pone peor, ¿quién soy yo para hablar sobre la crisis económica mundial? ¿Desde dónde hablo? ¿De qué experiencias parto a la hora de analizar la situación actual?
No soy el tipo de persona a la que yo acudiría buscando sus opiniones políticas. Entre otras cosas, porque no estoy en condiciones de actuar de acuerdo a las ideas que sostengo, a las iniciativas que propongo. El “perfil” del opinante interesante del siglo XXI no se parece nada a mi perfil personal (a mi frontal tampoco, ni a mi occipital). No sufro en carne propia las consecuencias inmediatas de la crisis, mi mantenimiento cotidiano nadie ha dicho que peligre.
Puedo temer por el futuro profesional de mi mujer, pero se trataría de un temor temerario: no hay razón para enervarme (más) con eso. Sufro, eso sí, pensando en el futuro de mi hija, las posibilidades de formación, las ofertas de empleo, el cumplimiento de sus ilusiones, la supervivencia junto a sus amig@s a través de las diversas formas de botellón que se irán celebrando en los próximos años, a través de las trampas de la vida y los desánimos.
Si me atrevo a escribir en este blog sobre la crisis económica, más que nada en sus aspectos sociales, lo hago porque intento aportar algo a un debate necesario sobre nuestra forma de vida: economía, costumbres, ideologías, todo eso y algo más. Un debate necesario y urgente al que incluso personas como yo mismo estamos convocados, o eso creo. Así lo veo yo: que aunque mi resistencia física y psíquica sea mínma en estos momentos y aunque no pueda ofrecer sino algunas pocas palabras más o menos hiladas, tengo la obligación de ponerme en el corro y hablar cuando me toca. ¿O estoy confundido y aquí no hay corro que valga ni hay nadie que dé la palabra…ni tengo ninguna obligación?
No escucho a tantas personas que me gustaría escuchar. No leo a tanto sabio que me gustaría leer. No veo a tanta gente que me gustaría ver actuar. Hay muchos noes en estos muchos días, mucho silencio, mucha parálisis o pasividad. O a mí me lo parece. Todo se produce lenta, muy lentamente: las reacciones de los partidos, de los sindicatos, de las organizaciones sociales, de los colectivos afectados directametne ya por las medidas de las empresas…
Es posible que ya que no puedo actuar según pienso esté pensando según actúo; es decir, como un jubilado por depresión cuya conexión con el mundo se basa en los medios de comunicación, las lecturas, lo que puede uno escuchar por la calle, alguna que otra conversación personal. Es posible que actuando así no pueda sino pensar, justificatoriamente, como alguien que no entiende la realidad como un precipitado histórico de contradicciones en ebullición sino como un palimpsesto en el que se han van superponiendo noticias muy diversas, tomadas de acá y de allá según las teclas te lleven a unas webs o a otras…
Al igual que otros asumieron su punto de partida personal en su condición, por ejemplo, de presos (el ejemplo máximo sería el de Antonio Gramsci escribiendo “fur ëwing” sus cuadernos en la cárcel), quisiera reorganizar mi participación al debate sobre la crisis económica actual sobre la base de mi situación real, la de un jubilado por depresión. No la de cualquier jubilado má o menos sano. Me gustaría que mis palabras y mis gestos se comprendieran ateniéndose a su origen: el de un individuo enfermo, cargado por la invalidez y la “incapacidad total”.
Es posible que aclarado ese punto de partida mi contribución, incluso aunque, por eso mismo, no tuviera ningún interés inmediato, tuviera, por lo menos, algo más de decencia y autenticidad.
HA MUERTO MIGUEL NÚÑEZ
Fue uno de los mitos de la resistencia antifranquista, un hombre cuyo nobre no se nombraba en vano. Aprendió hasta de sus enemigos (de clase y de su misma clase, que de todo tuvo). Mantuvo el buen talante incluso en circunstancias muy penosas. Supo mucho más de lo que quiso aprovechar a su favor o en contra de quienes incluso lo merecían. Padeció el mal de la clandestinidad como quien vive una epidemia de gripe casi eterna.
Hablé con él varias veces desde los años setenta (lo conocí por Antonio Rosel, por Vicente Cazcarra y por Miguel Galindo, que habían estado en la cárcel de Burgos con él. Compartí confidencias sobre dirigentes más o menos vedettes y sobre duras pruebas personales a las que puede someter la militancia política.
De la lucha antifascista lo sabía casi todo. De los ideales comunistas lo único necesario: porque no era dogmático y prefería impulsar las vidas diversas de cada cual.
Supo contar a tiempo gran parte de su experiencia. Dio charlas y escribió. Conservo su voz grabada en minicassetes: entrevistas personales de las que con el tiempo podrá darse cuenta. Memoria de otros tiempos y ejemplo para los que vienen.
Copio aquí la nota de elpais.es:
El veterano político Miguel Núñez, uno de los fundadores en 1936 del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y destacado luchador antifranquista, falleció ayer en Barcelona a los 87 años como consecuencia de un enfisema pulmonar. Núñez (Madrid, 1920) falleció en la residencia geriátrica en la que estaba ingresado desde el pasado mes de enero, cuando regresó a Barcelona desde Madrid, donde había residido en los últimos años.
Infatigable luchador, Núñez estuvo casi 17 años en las cárceles franquistas y recopiló su dilatada vida política en un libro de memorias que tituló La revolución y el deseo (Península), en el que, entre otros momentos de su trayectoria, hacía referencia a su historia como soldado de la llamada quinta del biberón y a los cuatro consejos de guerra a los que fue sometido durante la dictadura de Franco. En 2004 Núñez recibió la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña.
VISIÓN DE PARALAJE
Artículo publicado en "Artes & Letras" de Heraldo de Aragón el jueves 13 de noviembre de 2008
“Visión de paralaje” (Fondo de Cultura Económica, 2006) es el sugerente título de uno de los libros más inquietantes del filósofo y psicoanalista (lacaniano) esloveno Slavoj Zizek (Lubiana, 1948), autor de un buen número de obras no muy difundidas aún en nuestro país.
La paralaje puede ser definida como el desplazamiento aparente de un objeto causado por un cambio en la posición del observador. Zizek utiliza esta noción para montar un potente texto con una capacidad de síntesis (Kant, Hegel, Nietzsche, Marx, Freud, Lacan…desfilan agudamente comentados por sus páginas) que supera las trampas de la erudición para lanzarse a estudiar el fondo de la brecha que separa al Uno del sí mismo.
En cuanto a la Filosofía, nunca me he considerado un estudioso, sino un lector, un lector desinhibido que pide a los libros de los filósofos (de cualquier época) que le hablen de asuntos sobre los que uno mismo puede tener una opinión contrastable y en un lenguaje que permita ese contraste de opiniones. También prefiero que no intenten convencerme de nada sino que me sugieran nuevos caminos para el discurrir y me faciliten nuevas búsquedas con mejores instrumentos intelectuales.
Mi lectura de los libros “de filosofía” es, pues, la de quien pretende saltar desde un trampolín y poder desplegar al máximo su propia inteligencia, desarrollar la intuición y aumentar su capacidad de fabulación. Hacía tiempo que no encontraba un libro que me facilitara esos vuelos, al menos a mi medida.
Zizek escribe sobre teoría del conocimiento para investigar en los límites del individuo humano en esta fase científico-técnica de nuestra historia. Y les aseguro que me parece que lo hace muy bien. Leyéndole se aprende (porque informa) y se discurre (porque da mucho que pensar). Zizek: por si acaso, apúntenselo.