JOSÉ LUIS CANO VENIT, VIDIT, DONAVIT, VINCIT
Todavía celebrando el Día del Libro, quiero decir, leyendo ya el libro que me regalé, me llama Jose Luis Cano y me tienta: ¿A primera hora o a última de la mañana? Para regalarme un ejemplar de su nuevo libro “El Papa Luna”. ¡Me apresuro a responder que a primera! Y entonces el artista ubicuo se presenta en carne mortal y risueña en mi casa con el libro, que lleva un prologuito mío y por eso lo de traérmelo y que lo vean ya mis pecadores ojos. ¡Qué bien están todos estos libros de Cano sobre personajes aragoneses! Entre la sabiduría de Cano y la sabiduría de Chusé Raúl Usón, editor de Xórdica, han fabricado un invento multiinvento gracias al cual aprendemos sonriendo y disfrutando de las dos plumas (con perdón) de José Luis: la de escribir y la de dibujar. Pasarán los años, pasarán alcaldes, presidentes, arzobispos y multitud de otros jefes religiosos o laicos (incluso los laicos religiosos), pero los libritos de Cano perdurarán para siempre. Ésa es su gloria y todas nuestras nietas, incluso alguno de nuestros nietos si alguno sigue leyendo, la verán y la aclamarán en público y en privado. Así son las obras imperecederas. José Luis, ya puesto a traerme regalos, va y saca de su sobre de los encantamientos un dibujo original suyo en cartulina que reproduce la mejor parte de un cuadro de Zurbarán sobre no recuerdo qué místico beato: una maravilla de dibujo cuya entrega me emociona hasta el punto de querer agradecérselo hincada la rodilla en las baldosas de la entrada de mi casa. ¡Noooo! ¡Noooo!, protesta imperativo el artista, que aun queriéndome mucho como me consta no está por permitirme tonterías. Le abrazo, le doy muchos besos y seguimos la charla, comentando varias anécdotas de amigos y conocidos nuestros de los que procuramos reírnos muchísimo y lo tenemos fácil porque hacen y dicen cosas muy risibles, lo que les agradecemos muchos. Algunos de los tales tienen puestos de mando en plaza, y entonces nuestras risas son más frescas y como infantiles: siempre nos divirtió mucho reírnos de la autoridad. Antes, ya saben cuándo, no tenía mucho mérito (aunque podía llevar a la cárcel), pero ahora que los conoces casi desde chicos la cosa se complica y la risa es una actividad muchísimo más compleja. ¡Malos que somos el pintor Cano y yo!
Se va Cano (Cano siempre se está yendo a sus recados, trabajos, juergas…) y quedo con el libro y con el dibujo, que me apresuro a exponer en mi biblioteca. La única vez que me presenté a algo en unas elecciones Cano me hizo muchas caricaturas para la campaña electoral y esas caricaturas y la postal con José Manuel Falcón y Emilio Lacambra junto a la sabina de Villamayor fueron lo mejor de todo lo que me ocurrió entonces. ¡Pero qué les voy a decir de Cano que ustedes no sepan ya y no valoren! Así que me callo. Por ahora. Seguro que habrá más ocasiones de hablar de Cano, que para eso se inventaron los bloges según me voy enterando poco a poco, inocente principiante como soy.
Nota: La foto no da cuenta cabal de la calidad del dibujo de Cano, porque le he quitado peso y esas cosas para poderla publicar. Así que hay que imaginárselo todavía más bonito. Conste que no es por dar envidia.
He decidido decirlo bastante claro en este blog. Al fin y al cabo, esto es una ventana para comunicarse, no un espejo para mirarse ni un cristal deformado para mostrar una imagen a medida de lo que se espere de uno ahí fuera. Vivo bajo los desastrosos efectos de una depresión. Sobrevivo con pastillas, tratamiento y buenas compañías. A ratos el ánimo se viene abajo. A ratos alguien o algo te da ánimos y parece que la vida tiene algún sentido: entonces haces cosas, las que más te gusta hacer: leer, estudiar, escribir, follar, ver cine, escucharr música, pasear, hablar. Pero también ocurre que un encuentro inesperado con la decepción o con el dolor moral acaba echando por tierra todo el ánimo, los ánimos y las ganas de vivir. Quienes lean este blog tienen derecho a saber que aquí hay una persona montada en una especie de montaña rusa emocional, una montaña rusa de la que a veces se teme tenga algún fallo estructural y que este cacharro en el que vas a toda hostia salga despedido al vacío. No me interesa el morbo ni la compasión. Sólo intento que el hecho de expresar el problema me ayude a resoverlo, o al menos a sobrellevarlo mejor. Durante los primeros muchos meses oculté mi mal a todo el mundo, y eso me hizo mal a mí mismo. No es que ahora me haya vuelto exhibicionista. Sólo que así las cosas están más claras entre quien se meneja en este blog y sus posibles
Acabo de terminar de escribir una nueva novela que llevaba en la cabeza desde hace seis años. Ha salido toda seguida y creo que bien. No se parece a las anteriores mías, salvo quizás a los textos de "Memoria vencida". Son cientro treinta y pico folios con mucho diálogo, una trama muy tramada y un final jodido. Su asunto es la biografía del dirigente aragonés Víctor Larraz, la historia interna del Partido Comunista de España y las redes financieras creadas para su mantenimiento. No diré más. Sólo que el título es el que aparece como título de estas líneas: "EL HÉROE AGOTADO". Ahora toca corregir erratas, "atirantar" el texto, lavarlo y plancharlo. Luego...