Blogia
javierdelgado

"EL DE ENMEDIO", CUENTO SOBRE UNO QUE NUNCA SE SINTIÓ QUERIDO

"EL DE ENMEDIO", CUENTO SOBRE UNO QUE NUNCA SE SINTIÓ QUERIDO  SOÑÓ QUE SE MORÍA Y EN LAS PUERTAS DEL CIELO SAN PEDRO LE PREGUNTÓ: ¿QUÉ QUIERES? Y ÉL LE CONTESTABA QUE VOLVER A NACER, PERO DE OTRA MADRE, DE OTRO PADRE Y CON OTROS HERMANOS.Y  A SER POSIBLE, TENER UNA HERMANITA. NO SABEMOS SI SAN PEDRO SE LO CONCEDIÓ.

                                              

 EL DE EN MEDIO

 

Sus padres esperaban una niña, la parejita. Su primer hijo tenía dos años y ésta que ahora nacería cubría todos sus anhelos de paternidad. Pero no fue niña.

 

Cuando nació, dos años después que Luis, su madre esperaba y deseaba una niña. Decepcionadísima, su madre, durante tres años, le vistió le peinó y le vistió como si fuese niña y lo llamó “La nena”.

 

Este asunto del niño-como-niña durante unos años (más generalizado de lo que se supone: se conocen conozco muchos más casos, incluso de nuestra época): los efectos en el interior del sujeto: ¿qué sintió esa personilla mientras le trataban bien por ser niña? Y sobre todo: ¿qué sintió cuando, roto el encantamiento, cayó en la desgracia de ser niño no deseado como niño?

 

Fue él mismo quien en un determinado comento hizo la confidencia de aquella situación inicial.  Nunca volvió a comentar nada sobre el asunto, ni nadie le animó a hacerlo. Nunca amplió nada su primera noticia: ¿no había –en el recuerdo consciente -  nada que ampliar? ¿O no había, más bien, la confianza necesaria para hacerlo? ¿La hubo con alguien en su vida, por ejemplo con su primera mujer?

 

Ante la evidencia del rechazo, ¿cómo reaccionó aquel niño?. Infancia con madre que no te quiere y con padre que prefiere al mayor (que te lleva sólo dos años y comparte contigo la cotidianidad y es ¡casi! Como tú.). 

 

Siete años más tarde, el 6 de septiembre de 1924, nace Carlos, un hijo “tardano” acogido con cariño. La actitud incluso de los dos hermanos mayores hacia el pequeño fue de cariño y sobreprotección. Cuando el pequeño ya era un señor hecho y derecho, sus dos hermanos siguieron tratándole con los mismos sentimientos.

  

Su padre parece haber preferido al mayor de los tres, a Luis, o por lo menos haberle apoyado en todo, mientras le descuidaba a él, ese segundón que ni siquiera fue la niña deseada. Sobre esto, siempre tuvo un reproche visceral hacia su padre: Él tuvo que salir adelante sin el apoyo que su padre daba evidentemente a su hermano, y sin el cariño que su madre le daba a Luis y al pequeño Carlos. Él, en medio, el preterido. Intensos sentimientos de abandono injusto. Intensos sentimientos de envidia, sobre todo hacia su hermano Luis (toda su vida): a Luis se lo facilitan todo y le premian todo. A él no le facilitan nada y no le premian nada.

 

Su forma de recordar su infancia (quién sabe hasta qué punto basada en la realidad) es la de dolerse de lo mal que lo pasó, lo que tuvo que esforzarse siempre para conseguir las cosas y la falta de cariño y de apoyo con los que vivió. Nunca se le ha escuchado recordar historias de su padre, anécdotas graciosas o interesantes o ejemplares. Nunca se le ha escuchado contar historias de su madre como historias dulces. Más bien, en los pocas ocasiones que la recordaba, mostraba hacia ella una viva animadversión. Del resto de sus familiares parecía tener una noción francamente “oficial”, basada en vínculos legales dentro de la ortodoxia católica y de los deberes familiares generalmente aceptados.

 

Vivió así durante más de noventa años, al cabo de los cuales ni siquiera mencionaba en ninguna ocasión a su padre ni a su madre ni, novedad, a sus hermanos, por cierto, muertos ya hacía tiempo. Fue un superviviente mudo al que apenas podía sacársele una palabra sobre su entorno familiar. Vivió en la vejez, más aún queen la juventud o en la madurez, al día. Encontraba en los calendarios de pared su más deseada distracción de la jornada: tachar cada día el número del día anterior.  Como aún podía hacerlo en breves segundos, tenía una buena cantidad de calendarios colgados en las paredes de su  casa, en la que no había expuesta ni una sola imagen de sus familiares más cercanos. Sobre la mesa de su ya inútil despacho reinaba un cuadro de considerables proporciones en el que un pintor aficionado había pintado su retrato a la edad de ochenta años: en su mirada se percibe la íntima herida un deseo inalcanzado.

  

4 comentarios

celeste -

wuaoooooooooooo q largo pero di embargo apreindi q es impoetant el cariño en familia

Zelia -

Weh, siempre es un placer.
Recemos por que cuando empiece el instituto siga con tan buen humor. Aprovecha ahora que puedes!!
Ah, por cierto, sigo insistiendo en que la idea de la abeja Maya daría un vuelco inesperado a tu blog. A lo mejor hasta atraes a más gente...
Aunque personalmente mi postura se inclna más hacia el Final Fantasy, pero ese es ya otro tema que ahora no voy a sacar...que luego me emociono. ¿Estás sirviendo ya la cena? Biennnn, pues a papear!!!
besus.

javier delgado echeverria -

Queridddddddddaaaaaaaaaaaaaaa hijaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa: odio a la abeja Maya y esos países multicolooooooreeeeeeeeessssssssss. Por lo demás, intento contar cosas que conozco y me importan. Gracias por tu juicio estético.

Zelia -

¿Por qué no escribes un cuento sobre la abeja Maya?
En un país multicolooooor...
Nah, stá bien escrito. ^^
Besos d tu hija!!