Al caminar o viajar en auto resulta alucinante observar la cantidad de arboles, palmeras, y arbustos muertos o mutilados. De Ballaja a la Ashford, Ponce de Leon a Rio Piedras. Aun mas curioso es que no existe diferencia alguna entre la vegetacion del Jardin Botanico de Rio Piedras, El Parque Central, el Parque Munoz Rivera o la Universidad de Puerto Rico.
No hay esfuerzo evidente respecto a la estetica. La jardineria como la pintura, requiere considerar la composicion, perspectiva, simetria, asimetria. En todos estos espacios mencionados no hay muestra de vegetacion baja, media y alta para crear perspectiva. No hay contraste de colores, textura, aromas, formas en cuanto a crecimiento: vertical, horizontal, triangular, redondeado, enredaderas, rastreras etcetera.
En nuestra insula paisajista, al usar piedras, rocas,(elementos de la jardineria chino/japonesa) se hace de la manera mas torpe posible, colocando las piedras encima del terreno en lugar de excavar un tanto para que luzca natural y no tiradas como todas las que se observan frente al Tribunal de San Juan.
Peor aun, la variedad de arboles, arbustos, plantas es la mas reducida posible.
Para que no haya duda, visite San Patricio, Plaza Las Americas o Monte Hiedra. Cuente la variedad de especies sembradas. Vera que el total no llega a 20, a pesar de que el tropico hay miles de especies como puede descubrir quien investigue en internet o vaya a la libreria.
Aceptando que en Puerto Rico no existen viveros con propagadores serios, conocedores de lo estetico, siendo los responsables de la ausencia de opciones; entonces es necesaria alguna imaginacion, que no tienen quienes han sembrado toda la vegetation en estos centros comerciales, carreteras, centros de estudio y lugares de esparcimiento.
Por eso todos siembran lo mismo, en el mismo orden, por eso el aburrimiento que se siente en cualquier contexto cuando se camina o se viaja en auto. En lugar de salir a coger aire fresco y disfrutar del aroma de un frangipani los cuales no abundan, es preferible ir a la libreria a mirar l libros de jardineria o ver programas en cable tv.
EXTRAÑOS EN LOS PARQUES
Extraños en los parques
Artículo publicado en "Opinión" de Heraldo de Aragón del miércoles 19 de marzo de 2008
Con la llegada del buen tiempo cunde la alarma: grupos de inmigrantes “invaden” los parques públicos. Los parques de la periferia urbana son los más afectados y se ve con malos ojos la llegada de estos grupos de “extraños” que parecen arrebatarnos terreno, quitarnos algo propio en los parques. Un problema que se añade a los muchos con los que lidian a diario, todos los días del año, la mayoría trabajadora “local”.
¡Además del botellón, los emigrantes! Distintas costumbres, distintas formas de actuar en lugares públicos, es verdad. Pero también es cierto que las costumbres cívicas de muchos zaragozanos no han sido tampoco hasta ahora mismo ningún buen ejemplo para nadie: ahí han estado siempre las evidencia de “nuestro” vandalismo. ¿Qué hacemos, pues? ¿Se trata de buscar culpables?
En todos los países de Europa se está viviendo ahora la misma experiencia de cambio de hábitos en el uso de los parques públicos. Hay ya demasiados tristes ejemplos de intolerancia mutua entre los viejos y los nuevos vecinos, con el añadido del voluntario u obligado ocio juvenil (¡cómo decirlo sin eufemismos!). Cualquier trabajador social europeo sabe de qué hablamos al hablar del actual uso de los parques públicos. Zaragoza no es la excepción: tampoco aquí hay una política municipal que atienda estos cambios en los usos de espacios públicos, especialmente de los parques y jardines. Hasta ahora los únicos instrumentos que se han utilizado han sido las políticas hacia los vagabundos y “transeúntes”. Pero no estamos hablando de transeúntes ni mucho menos de vagabundos. Hablamos de padres y madres de familia, grupos familiares muy amplios, relaciones entre nuevos ciudadanos que trabajan en las ciudades y que aprovechan las pocas horas libres de los días de fiesta para esparcirse y relacionarse relajadamente en lugares al aire libre (que además de más sanos resultan más baratos).
¿Tienen razón los viejos vecinos? ¿La tienen los nuevos vecinos llegados a miles en los últimos años? ¿La tienen los jóvenes? La dichosa razón no está en ningún lado. El asunto supera los límites de la racionalidad para entrar peligrosamente en el amplio y difícilmente expresable mundo de las vivencias colectivas, las experiencias familiares, las formas de sentirse bien en lugares públicos, los usos y costumbres de cada etnia o grupo humano, las maneras de asimilar las novedades en cada momento histórico, las variantes “leyes” de grupos y pandillas, las modas juveniles, etc.
Los comportamientos actualmente ”inapropiados” pueden ser perfectamente asumibles como parte de una diversidad del “paisanaje urbano” que como toda anterior diversidad, se mimetizará (¿eso es lo deseable?) más tarde que pronto con el medio. Cuando se trata de delitos (violencia, gamberrismo, mafias, etc.) hablamos de lo que siempre ha sido la urbanidad…y la acción policial. Pero generalmente nos quejamos de comportamientos que no atentan ni contra la seguridad de las personas ni contra la seguridad de los bienes municipales. Nos quejamos de los gritos, del rastro de las comidas, de la “ocupación” de zonas enteras. ¿Dejaremos que alguien se beneficie de nuestros problemas de convivencia?
No se puede defender los árboles, los parques, etc. y rechazar a las personas. El trato a la naturaleza es un síntoma de cómo nos tratamos entre las personas, pero el trato entre las personas es exactamente lo más importante que podemos tener.