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javierdelgado

LECTURAS

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPRESIÓN (I I I )

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPRESIÓN  (I I I )

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPRESIÓN  (I I I )

 

La escritura de Gramsci durante los once años que estuvo encarcelado resulta admirable tanto por su calidad como por la cantidad ingente de asuntos sobre los que versa. Sus cartas y sus cuadernos son uno de los testimonios más impactantes de dignidad y de inteligencia que ha dado el siglo XX.

 

Me he fijado en algunos aspectos de las “Cartas de la cárcel” de Gramsci para rastrear elementos de su “necesidad de expresión”: en ellas pueden encontrarse claves importantes de su producción intelectual anterior a su encarcelamiento y, desde luego, la que fabricó en la cárcel.

 

Se ha argumentado con frecuencia que el carácter “entremezclado” de los escritos de Gramsci en  sus “Cuadernos de la cárcel” tuvo mucho que ver con las penosas circunstancias concretas en las que tuvo lugar la vida cotidiana de Gramsci durante aquellos años, incluida la importante circunstancia de su mala salud. Sin embargo, no me parece que esas circunstancias puedan explicar totalmente la opción de Gramsci por un tipo de anotaciones como las que hizo a lo largo de once largos años.

 

Gramsci pudo plantearse otro tipo de escritura digamos más “tradicional”: la redacción de un libro (más o menos amplio) tras otro. Muchos presos lo hacen mientras viven encarcelados. Gramsci no. Él optó por un tipo de escritura que, por mucho que estuviera pensada “para la eternidad” (ojo con el sarcasmo que se gastaba el sardo, como señala Manuel Sacristán), daba cuenta de procesos intelectuales ligados a sus lecturas cotidianas. Así como eran las noticias o ideas que recibía en su correspondencia las que le espoleaban en la escritura de sus cartas (recuerdos, sentencias, peticiones, discusiones, etc., surgían generalmente de una intervención exterior), eran las lecturas de periódicos, revistas y libros las que inspiraban sus notas (resúmenes, refutaciones, desarrollos, diseño de líneas de investigación, etc.). Es muy importante tener en cuenta esto a la hora de leer o estudiar sus textos.

 

Sólo con la edición de sus “Cuadernos de la cárcel” por Valentino Guerratana, en 1975, pudo realmente seguirse el rastro de ese día a día en el que se fueron redactando las muy diversas notas que los iban integrando. Hasta entonces la edición “por temas”, sin datación de cada nota (y sobre todo, sin la estructura cronológica del conjunto) no facilitaba en absoluto el estudio de los escritos de Grmasci tal y como habían sido redactados por su autor.

 

Lo que me importa hoy resaltar es que la “necesidad de expresión” de Gramsci tuvo tanta importancia en su selección de asuntos como en su selección de forma, y que su forma de redactar sus textos revela una intencionalidad concreta que los identifican y en cierta medida los “explican”. Tanto esa sí que esa identidad propia de los “Cuadernos de la cárcel” luchó por sí misma contra cualquier otro tipo de estructura y emergió, ¡más de treinta años después!, en la edición de Guerratana. Puede decirse que la edición cronológica de 1975 representa no sólo el triunfo de la escritura de Gramsci sino también el triunfo de la sensibilidad de sus lectores. Por fin los textos tenían una difusión acorde con su genuina redacción.

 

En cuanto a la forma de los escritos de Gramsci es importante resaltar su característica principal de textos "de búsqueda", expresión de una inquietud intelectual que no se detiene en las consabidas frases hechas ni en la jerga de la tribu: Gramsci se plantea con total lucidez que su tarea no es la de sermonear ni la de lanzar consignas ni la de "reafirmar" ideas mediante su divulgación, sino la de proponer nuevos enfoques a los asuntos sobre los que reflexiona, señalar vías de desarrollo de tal o cual asunto, penetrar valientemente y sin apoyos en la "tradición" (comunista, marxista) en el mundo de las ideas y lanzar al aire ("a la eternidad", ¡hasta qué punto ,a pesar de su sarcasmo!) una forma de pensar y de expresarse.

 

Se trata, por tanto, también, del triunfo de una “necesidad de expresión”  por abrirse camino tanto en su redacción cotidiena como en su difusión póstuma. Tratándose de los escritos de un máximo dirigente comunista en los años treinta, representa el triunfo del respeto a la expresión de la “necesidad de expresión” del individuo por encima de los intereses inmediatistas de su partido y, en general, del conjunto del movimiento comunista. Pero el principal triunfo vino de la mano de su autor, un Gramsci encarcelado que opta por una forma de expresión hasta entonces nunca realizada por ningún otro dirigente político ni por niguna figura intelectual europea.

 

Y es ese triunfo personal de Gramsci  el primer triunfo que debemos celebrar.

GRAMSCI: "AVERSIÓN INVENCIBLE A LA EPISTOLOGRAFÍA"

Para documentar lo ue en el anterior artículo afirmaba sobre los efectos de la vida carcelaria en la comunicabilidad

 -concretamente epistolar - de Gramsci, les copio aquí unas líneas de la carta que envió a Julia el 20 de mayo de 1929:

"He tenido siempre una invencible aversión a la epistolografía. Desde que estoy en la cárcel he escrito almenos 200 cartas, ¡un verdadero horror!"

Téngase en cuenta que estamos aún a principios de 1929. Gramsci llevaba ya tres años encarcelado, pero aún le quedaban todavía ocho largos años más en prisión.

En la edición de "Lettere dal carcere" de Torino, Einaudi, 1975 (Quinta ed.: reimp. de 1951) esta carta de 1929 lleva el número 125. La última el 428.

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPREXIÓN ( I I )

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPREXIÓN ( I I )

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: SILENCIO Y NECESIDAD DE EXPREXIÓN ( I I )

 

A su aislamiento del mundo, Gramsci sumó su propio aislamiento personal del conjunto de sus compañeros encarcelados. Al silencio obligado de sus palabras en el día a día de las luchas cotidianas, Gramsci añadió una escritura “para la eternidad”, alejada de las premuras de la coyuntura. A la comunicación desatada por su encuentro (tardío) del amor, ¿respondió con silencio, aislamiento, alejamiento? Claramente no. La cárcel fue para Gramsci el detonante de una tremenda bomba interior que explotó afectando a lo más íntimo de su intimidad. Cuando había callado de sí mismo hasta enconces, cuanto había reservado para sí, cobró expresión. Hasta el punto que podemos preguntarnos: ¿sin la cárcel, qué hubiéramos sabido de Gramsci?

 

Quisiera quitar de la anterior pregunta todo rastro de crueldad. No se trata, por supuesto, de alegrarse porque “gracias a la cárcel” sabemos muchas cosas de Gramsci que sin su experiencia en ella probablemetne nunca hubiéramos sabido. Se trata, sencillamente, de constatar que Gramsci, encarcelado, dio rienda suelta (¿o no tan suelta?) a la expresión de una gran cantidad de confidencias sobre sí mismo de las que, al menos hasta entonces, nunca había dado pistas; ni siquiera atisbos de haber querido expresar.

 

De modo que hubo en Gramsci una “necesidad de expresión” que le llevó a manifestarse mucho más allá de los límites que el Gramsci en libertad, pero también el Gramsci sin amor, había establecido para sí mismo. ¿Cuánto influyeron las condiciones carcelarias y cuánto su enamoramiento de Julia y su consecutiva paternidad de Delio y Juliano…y cuánto su relación con Tatiana? Julia y sus hijos. Tatiana y sus cuidados. La cárcel y sus tormentos. Tres novedades absolutas en la vida de Gramsci. A las que hay que añadir el obligado aislamiento respecto de la realidad cotidiana del país y del mundo y su decidido aislamiento respecto de sus compañeros de infortunio.

 

Se trata de elementos de tan poderosa influencia en su psiquismo que incluso llega a iluminar sus muy opacas relaciones con sus padres, hermanos y familiares (“me conoceis muy poco”, “ni siquiera mi madre…”). .

 

Es un hecho que entre el joven Gramsci recién enamorado de 1922, el Gramsci encarcelado en 1926 y el Gramsci de sus últimos días, en 1937, hay  notables diferencias, sin dejar de apreciarse una personalidad profunda siempre idéntica. Pero la gran diferencia constatable entre esos “tres gramscis” es la que hay entre un ser humano que nunca ha expresado sus íntimos sentimientos y quien los ha ido expresando a lo largo de quince años.

 

Cuando en agosto de 1922 escribe una breve carta a su enamorada en la que le decía ”¿ve usted?, soy menos fuerte de lo que creía y de lo que he hecho creer a os demás” no es el mismo que reafirma una y otra vez su “fortaleza” ante Tatiana durante diez años.

 

Pero tampoco es el mismo Gramsci que en 1923 escribe a Julia: “Le he hecho daño demasiado brutalmente. Verdaderamente he sido un bruto. Todavía tengo que quemar muchas cosas en mí mismo. Me ayudará usted, ¿verdad? Porque hay todavía alguna cicatriz que duele, y hasta tal vez alguna herida que sangra desde que era niño”, que el Gramsci que le escribe a su mujer en carta del 5 de enero de 1937(su penúltima carta): “Creo que siempre has sabido que me es difícil, muy difícil, exteriorizar mis sentimientos, y eso puede explicar muchas cosas ingratas”.  Cuando en ésta carta le hace ver que, según se suele decir, “si ya Cerdeña es una isla, cada sardo es una isla en la isla” le acaba de pedir a Julia que le escriba “todo lo que te pase por la fantasía…espontáneamente, o sea, sin esfuerzo, con ligereza”.

 

De entre todos los fracasos de Gramsci el mayor de su vida quizás fuera (y además pareció muy consciente de  él) el de no conseguir nunca una comunicación satisfactoria, “directa”, con su mujer. Es posible que sus esfuerzos personales por expresarse con ella todo lo libremente que le permitiera lo que el llamaba “cierta carcelitis” tuvieran como objetivo hacer que su mujer se abriera a él como él estaba dándole ejemplo en sus cartas. Nunca lo consiguió.

 

La lectura de las “Cartas de la cárcel” puede darnos las claves de lectura de muchas de las páginas de sus “Cuadernos de la cárcel” que, no hay que olvidarlo, fue redactando en los mismo días y en las mismas condiciones en las que escribió (y recibió) toda su correspondencia carcelaria.

 

"DE LA POBREZA AL PODER. CÓMO PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO CIUDADANOS ACTIVOS Y ESTADOS EFICACES", DE DUNCAN GREEN. UN LIBRO IMPORTANTE.

Hace algunos días les contaba que había estado en Cálamo y había apuntado una serie de libros sobre economía. Y que de entre ellos había elegido uno para comprar. Les pregunté si adivinaban cuál de ellos. No sé si Ustedes acertaron.

El caso es que el libro que compré fue

"DE LA POBREZA AL PODER. CÓMO PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO CIUDADANOS ACTIVOS Y ESTADOS EFICACES", DE DUNCAN GREEN. (Barcelona, Oxfam Internacional, junio de 2008).

Ahora puedo decirles que me parece realmente un libro importante. Muy importante.

Metidos en la "nuestra" crisis económica, merece la pena tomar un poco de perspectiva "global" y preocuparse por cómo lo están pasando en esa otra (grandísima) parte del mundo.

Y puest@s, no me resisto a recomendarles que repasen alguno de los manuales de economía política marxista que tengan por casa.

Por mi parte, ando repasando el "Tratado marxista de economía política. Capitalismo monopolista de Estado" (Barcelona, Laia, 1977; trad. de la edición francesa de Paris, Éditions Sociales, 1971).

Se trata de un manual elaborado por una comisión del Partido Comunista Francés y resulta provechoso darle un repaso, ahora que las expresiones de los jefes economistas del sistema tienden a ocultar verdades fundamentales.

LOS SITIOS (DE ZARAGOZA) NOVELADOS. Y ALGO SOBRE LA ACTUAL "NOVELA HISTÓRICA"

LOS SITIOS NOVELADOS

 

Artículo publicado en "Artes & Letras" de Heraldo de Aragón el jueves 2 de octubre de 2008

 

La conmemoración del bicentenario de los Sitios de Zaragoza ha tenido también su expresión bibliográfica: se han publicado bastantes títulos dedicados a recuperar la memoria de unos días terribles de los que siempre podremos aprender algo. Muchos de esos títulos lo son de obras literarias, en su gran mayoría novelas, ese tipo de novelas que suele ampararse bajo la etiqueta de “novela histórica”, un género de gran predicamento en estos tiempos y al que sólo habría que pedirle (aparte de las generales cualidades literarias que se le exigen a cualquier novela) que no pretenda ofrecer una exposicion histórica mejor que la que ofrecen los historiadores en sus estudios, ni mucho menos sustituir la lectura de la documentación histórica. En general, ningún novelista proclama explícitamente tales desatinos, pero la publicidad sí ha dejado creer a los lectores de “novela histórica” que pueden encontrar en esas novelas lo que deberían buscar en los libros de historia. Asistimos a una deserción masiva de la lectura científica en materia de historia y a una entrega hipocrítica a la lectura de un género literario cada vez más teñido con los densos colores de una fantasía más o menos espirituosa. Así que me ha parecido más importante la reciente noticia de la edición de textos, planos, grabados, etc., contemporáneos o inmediatamente posteriores a los Sitios (como los que ha publicado la IFC bajo supervisión de Pedro Rújula) que la de novelaciones de aquellos acontecimientos. Entre las novelas, de todas formas, hay una que, precisamente por su falta de ampulosas pretensiones, me parece muy recomendable para regalar a jóvenes lectores que quieran acercarse literariamente al asunto: se trata de “1808. Los cañones de Zaragoza”, de Fernando Lalana y José Mª Almárcegui, (Alfaguara, 2007).

 

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: EL ERROR DEL AISLAMIENTO (I).

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: EL ERROR DEL AISLAMIENTO (I).

 

Al poco de ser encarcelado, Antonio Gramsci toma algunas decisiones equivocadas, que serán decisivas; supondrán dificultades añadidas para su supervivencia en la cárcel.

 

La primera es la decisión de aislarse de sus compañeros. Aislamiento intelectual pero sobre todo físico. El Gramsci que ha sobrevivido durante años gracias a compartir con sus compañeros de lucha el día a día, los anhelos, la ilusiones, las decepciones y los temores, el Gramsci que ha ejercitado a cada minuto la comunicación hablada y escrita y ha dado y recibido compañía y apoyo, se encierra en sí mismo y se aleja de los suyos.

 

Gramsci piensa que, dadas sus condiciones de salud, necesita una celda para él solo. La pide y la consigue. Pero con eso no sólo no soluciona sus problemas de salud, sino que los agrava. Por su lado, porque a cambio deberá aceptar una celda junto a la que el movimiento de los carceleros será incesante, impidiéndole descansar y agravando su insomnio. También se demostrará que cuando sufre crisis más intensas necesitará de la compañía de un camarada que vele por su salud. Por el lado de sus compañeros, además, esa vida en su celda individual (ese “privilegio”) nunca será comprendido. Cualquiera que haya pasado algún tiempo en una cárcel (o en una habitación de hospital) sabe por qué.

 

Pero lo decisivo es que un hombre en la cárcel no sobrevive aislado. Eso lo saben muy bien las autoridades carcelarias que por eso inventaron muy pronto las “celdas de castigo”, las “celdas de aislamiento”. El día a día de la cárcel es duro para cualquiera y tod@s necesitamos la compañía (incluso con sus momentos irritantes) para sobrellevarlo. Tanto es así que todos los colectivos de presos que han existido decidieron castigar “aislando” a los compañeros a los que rechazan (por las razones que sean en cada caso) con diversos grados, todos muy dolorosos, de aislamiento.

 

Gramsci reforzará muy pronto sus razones personales para su aislamiento de sus compañeros apoyándose en la realidad de unas discusiones que pasaban de lo agrio a lo violento: las opiniones sobre la situación italiana chocan, y quien había celebrado la realización de “cursos” en la cárcel pronto hará todo lo posible para cerrar “la escuela” (y lo conseguirá). Para Gramsci aparece como un mecanismo de defensa (incluso física): sus compañeros no aceptan sus opiniones contrarias a las consignas de la nueva dirección clandestina del Partido, se produce un riesgo de desmembración, de acciones “fraccionales”, etc.

 

 Pero en realidad está cometiendo un enorme error, que pagará muy caro. En la cárcel es posible mantener grados diversos de comunicación con los compañeros: horas, motivos, personas, pueden ser (lo son, de hecho) seleccionados para que la convivencia no se convierta en un infierno para nadie. Gramsci estaba acostumbrado al debate y a la amistad con quienes no compartían con él todas sus opiniones, ni siquiera las fundamentales (desde su militancia socialista en el “Avanti!” turinés hasta su militancia comunista en la máxima dirección del PCI). ¿Por qué, entonces, cerrarse a cualquier comunicación cotidiana con unos hombres con los que le unía mucho más que le separaba y con los que podía mantener lazos de afecto y estima por encima de las diferencias de opinión? El Gramsci que se “autoexcluye” de la vida colectiva en la cárcel no es el Gramsci tal como se le ha conocido hasta entonces durante una docena de años de intensa vida en común.

 

Cualquiera puede comprender que una actitud “esquiva” (en realidad, totalmente aislada) produce inmediatos  mecanismos de repulsa y rechazo por parte del resto del colectivo, más aún si se trata de un colectivo de hombres encarcelados. Y más aún, si cabe, si se trata, como era el caso, de militantes de un mismo partido político. Si además quien se aisla es un militante intelectual rodeado de militantes obreros de un partido que se autodenomina “vanguardia de la clase obrera”, el problema se complica.

 

Hace veinticinco años no entendí, por más que lo intenté, cómo fue que Gramsci no se dio cuenta de que había cometido un grave error al aislarse incluso físicamente de sus camaradas encarcelados. Hoy día no entiendo tampoco cómo Gramsci no rectificó a tiempo. Creo que no exagero si digo que en la cárcel, y más entre camaradas, es posible siempre un “reencuentro”: ambas partes aceptan algo de culpa en las dificultades de la relación, etc., (ni siquiera es absolutamente necesaria una exprsión explícita de esta “negociación”) y la vida en común recomienza incluso en mejores condiciones de las que había antes del aislamiento. Mantenerse inflexible a estos efectos es buscarse “la ruina”, como lo han expresado desde hace cientos de años los presos.

 

(Seguiremos)

GRAMSCI: TELEGRAMA DE TATIANA SCHUCHT A PIERO SRAFFA COMUNICÁNDOLE LA MUERTE DE SU AMIGO GRAMSCI

GRAMSCI: TELEGRAMA DE TATIANA SCHUCHT A PIERO SRAFFA COMUNICÁNDOLE LA MUERTE DE SU AMIGO GRAMSCI

Enste es el telegrama del 27 de abril de 1937 en el que Tatiana Schucht comunica a Piero Sraffa la muerte de su amigo Gramsci.

En el texto puede leerse:

Nino deceduto stamane

GRAMSCI: EL TELEGRAMA DE TATIANA SCHUCHT A PIETRO SRAFFA SOBRE EL AGRAVAMIENTO DE LA SALUD DE ANTONIO GRAMSCI

GRAMSCI: EL  TELEGRAMA DE TATIANA SCHUCHT A PIETRO SRAFFA SOBRE EL AGRAVAMIENTO DE LA SALUD DE ANTONIO GRAMSCI

Este es el telegrama en el que Tatiana Schucht comunica a Piero Sraffa el agravamiento de la salud de Antonio Gramsci. En el texto dice:

Piero Sraffa King Kollege Cambridge

Nino sempre gravissimo potendo venga = Tatiana

GRAMSCI: PIERO SRAFFA, EL AMIGO DE GRAMSCI. UN ARTÍCULO MUY INTERESANTE DEL ECONOMISTA ARGENTINO GUSTAVO A. MURGA.

GRAMSCI: PIERO SRAFFA, EL AMIGO DE GRAMSCI. UN ARTÍCULO MUY INTERESANTE DEL ECONOMISTA ARGENTINO GUSTAVO A. MURGA.

A quien interese Antonio Gramsci le tiene que interesar la vida y obra de su gran amigo el economista Piero Sraffa

Piero Sraffa fue quien, entre otras cosas, abrió una cuenta de librería gracias a la cual Gramsci recibió durante sus años de cárcel todos los libros y publicaciones que solicitaba. Pero  es que además fue quien, en contacto permanente con Tatiana y con algunos otros familiares de Gramsci,  comunicaba a la dirección exterior del PCI (especialmente al también turinés Togliatti) las circunstancias concretas de Gramsci en la cárcel. Y gracias a él los Cuadernos de Gramsci fueron conservados una vez sacados (por su cuñada Tatiana) de su  último lugar de cautiverio.

Sólo por eso ya merece la pena saber sobre Piero Sraffa, economista, antifascista, amigo de Gramsci. Pero también merece la pena saber de sus estudios económicos. Por eso el articulo del profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires Gustavo A. Murga resulta tan interesante: porque tiene en cuenta el conjunto de la aportación de Piero Sraffa.

Pueden encontrarlo en la siguiente dirección:

http://marxismo.cl/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=100&Itemid=1

Eso tiene Internet: que no sirve solo para perder el tiempo. También sirve para aprovecharlo.

 

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: NECESIDAD DE EXPRESARSE Y SILENCIO. DIALÉCTICA DE LA CONTRADICCIÓN

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: NECESIDAD DE EXPRESARSE Y SILENCIO. DIALÉCTICA DE LA CONTRADICCIÓN

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: COMO EXPRESARSE EN SILENCIO

 

La opción de Gramsci de ponerse a la escritura de unos “Cuadernos”, escritura doblemente secreta (hacia sus carceleros pero también hacia sus propios camaradas) es una opción en la que pesa en gran medida la idea y la perspectiva del silencio.  Se trata de un caso en el que la dialéctica de la contradicción expresión / silencio tiene una forma de salida concreta. Que en el caso de Gramsci conviene historizar.

 

Hasta tu detención y encarcelamiento, Antonio Gramsci ha vivido siempre en contínuo diálogo cotidiano con sus semejantes. Sobre todo desde su encuentro con los obreros de Turín (cuando dejó su carrera universitaria para dedicarse a  tareas políticas en el grupo rojo del PSI turinés), Gramsci fue inmediatamente reconocido por su afán dialogador, “socrático”, como sería siempre recordado por sus compañeros. A tal punto que cuando las cosas no le parecen claras en el seno de la dirección turinesa del PSI decide, en vez de colocarse en tal o cual puesto directivo, organizar una “escuela” socialista entre el proletariado más consciente de la ciudad, una escuela en la que un todavía joven Gramsci comentaba con sus compañeros el día a día y desgranaba para ellos sus lecturas de fondo. Es decir: cuando la inmediata via política pareció “taponada”, Gramsci eligió la conversación cotidiana, insistente y metódica; la expresión directa de sus conocimientos y de sus análisis, desvinculándose de las cortapisas de una militancia más “administrativa”.

 

Ese rasgo “conversador” del joven Gramsci no era, ni mucho menos, algo que le naciera directamente de lo más profundo de su intimidad, sino algo que correspondía a un compromiso con la realidad concreta, con la realidad concreta de otros seres humanos hacia los que Gramsci fue consciente de que había que ejercer una función “mayéutica” para que aprendieran a reflexionar por sí mismos de acuerdo a un método sistemático y a una perspectiva intelectual (y moral) coherente. Lo sabemos por sus propias confesiones posteriores: en sus cartas explica cómo vivía encerrado en sí mismo (y sufriente) mientras por fuera actuaba de acuerdo a su compromiso político; y expone con una sinceridad aplastante la inmensa soledad espiritual y afectiva en la que siempre vivió durante aquellos años.

 

Pero, pese a esas confesiones posteriores, lo cierto es que Gramsci aparecía ante sus compañeros como una personas absolutamente conversadora y comunicativa, capaz de acudir a una fábrica, a un círculo cultural, a un local de la organización socialista, etc., a preguntar a quienes alí estuvieran por sus experiencias inmediatas de lucha y a plantearles ideas y perspectivas que acaso no se les habían ocurrido. El Gramsci de “L’Ordine Nuovo” es un activista de la palabra escrita pero aún más de la palabra hablada. Es posible que, en su recuerdo, el silencio de su parte más íntima pesara más que la expansiva comunicabilidad con la que se manifestó en aquellos años turineses.

 

Uno de los rasgos más distintivos del joven Gramsci fue su comunicación con todo tipo de protagonistas de la actividad social y política, fueran o no militantes socialistas, fueran o no militantes, fueran o no reconocidos como protagonistas por las organizaciones existentes. Precisamente ese rasgo de “apertura” le llevaría consecuentemente a una concepción de los “consejos de fábrica” en la que defendería su existencia como organización de autogobierno proletario en la que todos los componentes, estuvieran o no inscritos en el partido, estuvieran o no inscritos en el sindicato, tuvieran voz y voto a la hora de diseñar la actividad. Esa concepción sería malentendida y atacada por otros dirigentes socialistas como, por ejemplo, los muy influyentes ya Bordiga y Serrati, para quienes tal dinámica “contraponía un órgano esencialmente corporativo al único instrumento de liberación del proletariado, el partido de clase, el partido comunista” o representaba “un crédito de capacidad revolucionaria que se concedía peligrosamente a la masa amorfa”.  (Volveremos a esto otro día).

 

Lo que me  importa resaltar hoy aquí es que toda la personalidad de Gramsci sufre una tremenda conmoción desde su encarcelamiento, una conmoción que pronto le llevará a cerrar la boca y a entregarse a la escritura,  a una escritura, además, no concebida como la que hasta entonces realizaba (como un instrumento inmediato de comunicación en la dinámica diaria de la lucha, material que se “quema” en las manos), sino como una tarea “für ewig” (que puede traducirse como “para la eternidad” pero teniendo siempre en cuenta, como señaló Sacristán, la “trágica ironía”, de su expresión, “su trágico autosarcasmo”, aludiendo al poema de referencia “Per sempre”  de los “Canti di Castelvecchio” de Pascoli), como le escribiría a su cuñada Tatiana en la carta del 19 de marzo de 1929, en la que por primera vez comenta el sentido y el contenido del  trabajo intelectual que se plantea realizar.

 

El Gramsci joven se expresaba continuamente, hablando y escribiendo contínuamente, mientras guardaba un silencio casi absoluto sobre su intimidad. El Gramsci encarcelado cierra casi absolutamente la boca y deja de escribir “para el día” mientras produce dos tipos de escritos: uno “cerebral” en sus cuadernos y otros, en sus cartas, en los que da rienda suelta a la expresión de su más íntima  intimidad. 

 

Seguiremos.

POESÍA POPULAR DE LA CHINA ANTIGUA. UNA MARAVILLOSA ANTOLOGÍA

POESÍA POPULAR DE LA CHINA ANTIGUA

 

Articulo publicado en "Artes & Letras" de Heraldo de Aragón el jueves 25 de septiembre de 2008

 

Otras veces les he comentado libros de poesía china de la tradición culta, gran lectura siempre. Esta vez quiero animarles a leer una colección de poemas chinos de tradición popular, pensados para cantarse y transmitirse de padres a hijos, parte de una “cultura subalterna” que se desarrolla en medio de la “cultura hegemónica” generada por los letrados. “Poesía popular de la China antigua”, selección de poemas, traducción del chino, introducción y notas de Gabriel García-Noblejas (Alianza, 2007). La particularidad de la antigua poesía popular china es que nació ya como expresión lírica y no estuvo dedica a la épica como sí lo estuvieron las poesías mesopotámicas, indias o griegas. Son cantares de origen popular cuya antigüedad se remonta al siglo X a.C. y que recorren toda la historia de China con ocasión siempre de las fiestas colectivas: recolección, nacimientos, casamientos, banquetes, etc., durante los que se cantaban e incluso bailaban. No encontraremos en esta poesía los complejos desarrollos de la prosa (cuya cima sigue siendo “Sueño en el Pabellón Rojo. Memorias de una roca” de Cao Xueqin y Gao E., del siglo XVIII , ni las sutilezas intelectuales de la poesía culta como, por ejemplo, la de Wang Wei y su círculo, del siglo VIII). Pero la poesía popular china (como todas las poesías populares del mundo, por otra parte) guarda muchos tesoros de belleza, en los que la inteligencia y la sensibilidad se expresan con recursos sólo aparentemente simples. Es cierto que hay en ella mucho “sentido común” (en su acepción mas decepcionante) y todo tipo de obviedades pretenciosas, pero no mucha más que en buena parte de la poesía “culta” en cualquier lengua. En este caso de la poesía popular china también puede decirse aquello que lo “naif” no quita lo valiente. ¿O no era así?

 

 

 

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: RECUERDOS DE SU CAMARADA BRUNO TOSIN. TAREAS MIENTRAS LLEGAN MEJORES TIEMPOS…

GRAMSCI EN LA CÁRCEL: RECUERDOS DE SU CAMARADA BRUNO TOSIN. TAREAS MIENTRAS LLEGAN MEJORES TIEMPOS…

 

Me llegó en 1976, justo cuando a pareció publicado: "Con Gramsci. Ricordi di uno della "vecchia guardia", de Bruno Tosin (Roma, Riuniti, septiembre de 1976). (Puede que convenca aclarar que la editorial italiana Riuniti era la editorial  "oficial" del Partido Comunista Itaniano, lo que daba a los textos publicados en ella una significación especial).

Como en 1976 he ido ahora directamente al capítulo V: "A Turi con Gramsci", en el que Tosin relata su encuentro en la cárcel de Turi con Antonio Gramsci en diciembre de 1930.

“Cuando pregunto [a los presos políticos] por su vida común con Gramsci los camaradas resultan menos locuaces: me notifican brevemente su [de Gramsci] desacuerdo con la línea política y la táctica del partido, hablan de un curso de confrerncias interrumpido bruscamente debido al desacuerdo entre camaradas y del inmediato aislamiento de Antonio respecto del colectivo”.

El desacuerdo de Gramsci con la política (emanada de la III Internacional) por la que el Partido Comunista Italiano (y el resto de los partidos comunistas) debería lanzar la consigna de una inmediata  “dictadura del proletariado” frente a la dictadura fascista, una política “maximalista” en su opinión. Como relata Tosin:

 “Según Gramsci, hablar de amplios movimientos de masa, de huelgas y hasta de huelgas generales es ‘maximalismo’ vacuo. Antes de llegar a una situación realmente prerrevolucionaria hay que trabajar largo y duramente entre las masas con palabras simples y comprensibles, por objetivos transitorios: por ejemplo, se puede desde ahora hacer propaganda entre obreros, campesinos y capas medias sobre el problema constitucional, se debe tender a la acción común con todos los grupos antifascistas para abatir la monarquía y el régimen mussoliniano con la consigna de la república. Consideraba no sólo posible sino inevitable una fase intermedia, un periodo de transición más o menos largo con la formación de una Coonstituyente que podría incluso preparar la llegada de ua repúbica soviética de los obreros y campesinos”.

Esa “fase intermedia” era el objetivo de Gramsci en 1930… y sería en 1937 (cuando murió) el objetivo del Partido Comunista Italiano (tras el cambio de aires en la dirección de la III Internacional).

Aquí lo que importa es que en la cárcel, Gramsci, “il capo del partito”, está aislado, incluso físicamente, de sus camaradas de la prisión de Turi, a causa de sus divergencias de opinión (unas divergencias que la dirección del PCI se cuidó muy mucho de no hacer públicas mientras Gramsci estuvo en la cárcel   l– acertadamente: por aquel entonces eso acarreaba un aislamiento total, si no la expulsión, las campañas desprestigiadoras, etc.  -  y sobre las que sólo daría noticia bastantes años después, cuando ya desde la III Internacional se bendecía una perspectiva política como la avanzada por Gramsci). Un Gramsci al que Tosin encuentra “muy cambiado” físicamente, con el pelo rapado, la cara enpequeñecida y surcada de arrugas en la que se ve que le faltan dientes…

 

¡Y aún le quedaban siete años de cárcel (y de vida)! De lo que le esperaba (a él y al pueblo italiano) pareció perfectamente consciente a su camarada Tosin, que cuenta cómo Gramsci pasaba los días aislado en su celda leyendo y tomando notas y que en un momento determinado le explica sobre lo que anda escribiendo en sus cuadernos: “Es un trabajo de gran empeño y alcance, y creo que aquí dentro lo podré llevar bien adelante porque temo que las previsiones del partido de una rápida caida del fascismo tardarán en realizarse”.

 

La “necesidad de expresión” de Antonio Gramsci va a concentrarse en esos cuadernos, una vez que la comunicación directa con sus camaradas  (que tanto le gustaba y en la que encontraba tanta inspiración intelectual y vital) parece imposible en aquellas circunstancias. Una “neccesidad de expresión” que iría forjando una forma de escritura muy personal (muy “cerebral”, en su propias palabras) y que pronto buscaría otra vía de avance en la escritura de sus cartas a su mujer y a su cuñada.

 

De esas cartas hablaremos  dentro de algún rato.

 

"GRAMSCI EN LA CÁRCEL Y EL PARTIDO", UN LIBRO DE PAOLO SPRIANO

“GRAMSCI IN CARCERE E IL PARTITO”, UN LIBRO DE PAOLO SPRIANO

 

Cuando apareció este libro (Roma, Riuniti, 1977) representó un importante esfuerzo por abordar uno de los asuntos casi “tabúes” en la historia del Partido Comunista Italiano, la situación política de Gramsci desde que fue encarcelado. Incluso desde que, dos años antes, se instaló en Roma cuando obtuvo el acta de diputado y asumió la dirección del Partido en el interior afrontando graves problemas de seguridad personal.

 

La clave del asunto ha estado siempre en la relación de Gramsci con Togliatti, por entonces en Moscú, integrado en la dirección de la III Internacional en medio de la refriega que tenía lugar en el interior del partido bolchevique. La última carta de Gramsci a Togliatti (con quien ya no tuvo nunca ninguna comunicación) sería, precisamente, una carta en la que le reprochaba no haber entregado su texto sobre la crisis en la dirección del partido bolchevique. (A Gramsci le parecía que tanto la oposición trotskista como la mayoría tenían la responsabilidad de la situación creada en su partido y habían adquirido una enorme responsabilidad ante el movimiento obrero mundial, de la que parecían no darse cuenta del todo. A Togliatti le parecía que había que posicionarse claramente a favor de la mayoría del partido ruso. Pero Gramsci, por encima de la “diplomacia” de Togliatti, hacía valer – sin éxito- su categoría de máximo dirigente del partido italiano a la hora de hacer oir su opinión claramente por los “camaradas rusos”).

 

A partir de ahí, el encarcelamiento de Gramsci supuso no sólo su aislamiento físico de la realidad cotidiana del país y del mundo, sino su aislamiento de la mayoría del partido comunista italiano: Gramsci pensaba que ya era momento de “reagrupar fuerzas” frente al evidente avance del fascismo junto a las organizaciones socialdemócratas y demócratas en general, mientras que la doctrina oficial de la III Internacional era aún la de que la socialdemocracia no era sino “el ala izquierda de la burgesía” y, más precisamente, la “aliada objetiva” del fascismo (de ahí su lamentable adjetivación de “socialfascista”). Oficialmente, a la dictadura fascista había que oponerle el objetivo inmediato de la “dictadura del proletariado”.

 

Por si esto fuera poco (que no lo era) las circunstancias concretas, físicas, de Gramsci no eran las mejores para enfrentarse a un régimen carcelario en el que no eliges precisamente los compañeros con los que tienes que convivir el día a día. Surgieron pronto roces, equívocos, rechazos, silencios. Más aislamiento.

 

Es un capítulo de la historia del partido comunista italiano que siempre se trató con pinzas y sobre el que muy pocos, a parte de Paolo Spriano,  se han atrevido a escribir en serio, con acopio de fuentes documentales, rigor historiográfico y espíritu crítico.

 

El verano de 1977 viajamos a Italia, en coche alquilado, un grupo de amig@s y camaradas de entonces, con Víctor Viñuales (que hizo de esforzado conductor), Ignacio García de la Rosa, Pilar García y Teresa Rodrigo. Nos quedamos por la Italia del Norte: Pisa, Turín, Milán, Venecia…

 

Recuerdo que paseé por los porches de Turín creyendo sentir en ellos los ecos de los pasos de un joven Antonio Gramsci lanzado a la lucha, desde las páginas  “L’Ordine Nuovo” en defensa de los consejos obreros de fábrica de los años veinte. Turín había sido “la cuna” del comunismo de Gramsci y su combativo movimiento obrero su primera gran  inspiración.

 

A la sede del Instituto Gramsci de Turín entramos mis amig@s y yo como quien entra en sagrado. Allí compré algunos libros, entre ellos éste “Gramsci in carcere e il partito” de Paolo Spriano, entonces recién publicado.

 

Había viajado a Italia sólo en una ocasión antes  y esa vez fue por Roma, Castengaldolfo, Nápoles, Pompeya…, el verano de 1968, a mis catorce años. (Había ganado el segundo premio nacional de redacción de la Coca-Cola y me llevaron por allí durante diez maravillosos días inolvidables).  Después de este otro viaje de 1977 no he vuelto a Italia nunca, y no ha sido por falta de ganas. O sí. Creo que, visto el intérvalo entre la primera y la segunda visita, sería en 2013 cuando me tocaría ya una siguiente oportunidad.

 

Seguiremos con el pobre Gramsci encarcelado…

ANTONIO GRAMSCI: UN HOMBRE QUE NO SE RINDIÓ. Y NUESTRA SITUACIÓN ACTUAL

ANTONIO GRAMSCI: UN HOMBRE QUE NO SE RINDIÓ Y NUESTRA SITUACIÓN ACTUAL

 

El 29 de mayo de 1933 Antonio Gramsci escribió en una carta a su cuñada Tatiana sobre su situación personal (“Lettere dal carcere”, Einaudi, 1975, carta 349,  p. 785).

 

“Hasta hace algún tiempo yo era, por así decirlo, pesimista con la inteligencia y optimista con la voluntad. Es decir, aunque veía lúcidamente todas las condiciones desfavorables y fuertemente desfavorables para toda posible mejora de mi situación (tanto la general, en lo concerniente a mi posición jurídica, como la particular, en lo concerniente a mi salud física inmediata), pensaba que con un esfuerzo racional, con paciencia y arte, sin despreciar nada para organizar los pocos elementos favorables  e intentar neutralizar los muchísimos elementos desfavorables, podría obtener un resultado apreciable, podría conseguir, por lo menos, vivir físicamente, detener el terrible consumo de energías vitales que me va postrando progresivamente. Hoy ya no pienso así. Esto no quiere decir que haya decidido rendirme. Pero sí quiere decir que ya no veo ninguna salida concreta y no puedo contar con ninguna reserva de fuerzas”.

 

Pese a todo, Gramsci estudiaba y escribía. A ese mismo año de 1933 corresponden los cuadernos 1 (notas diversas sobre varios temas), 2 (elementos de política) , 44 y 22 (notas diversas). ¡Y aún sobrevivió en ese calvario hasta abril de 1937!

 

Esas frases de Antonio Gramsci sobre su circunstancia personal expresan perfectamente cómo nos sentimos muchas otras personas en algún momento de nuestras vidas. Son, por ello, tan íntimamente personales como universales.

 

Pero es que hay muy pocos testimonios escritos en los que se exprese tan claramente un análisis de la situación concreta no sólo de un ser humano concreto en un momento concreto, sino incluso la situación concreta de todo un grupo humano (l@s explotad@s del mundo) en un momento concreto de la historia de la lucha de clases. Por ejemplo, en este mismo de ahora.

 

Y, sin embargo, no nos rendimos.

"ESCUELA DE MARXISMO": UNA WEB ROJA LATINOAMERICANA

"ESCUELA DE MARXISMO": UNA WEB ROJA LATINOAMERICANA

Este cartel lo he tomado prestado de www.marxismo.cl/portal

UNA WEB ROJA CHILENA SE INTERESA POR ESTE BLOG

 

Me acabo de enterar de que web de la organización "Escuela de marxismo" se ha interesado por mi blog y ha reproducido algunos artículos míos sobre Bujarin y Lenin.

También me dicen que andan buscando libros de Della Volpe, porque se proponen "erradicar la metafísica". Ya les he dicho que eso de erradicar la metafísica me parece un objetivo excesivo ahora mismo que el Capital nos está erradicando físicamente (a los humanos y al conjunto de seres del planeta), pero que me alegraré de que tengan buenos resultados.

Por si algun@ de ustedes quiere conectar con esta buena gente, les pongo aquí su dirección:

www.marxismo.cl/portal

CHE GUEVARA: LA FANTASÍA DEL CINE Y DOS LIBROS QUE AÚN NO HE LEÍDO

CHE GUEVARA: LA FANTASÍA DEL CINE Y DOS LIBROS QUE AÚN NO HE LEÍDO

 

Fui a ver la (última) película sobre el Che Guevara y me gustó ver que en la sala había bastante gente, bastante joven y much@ latinoamerican@.

 

En la pantalla el actor da bastante bien el pego y hasta uno cree haber visto antes al mismísimo Che hacer y decir lo que el actor hace y dice en la película. No así con el que hace de Fidel Castro, un tanto caricaturizado por el lado de lo histriónico. Se ve que sólo puede haber un mito por película.

 

Me pareció que sobraban muchos minutos y que faltaban bastantes elementos de juicio y esas cosas.

 

De postre, me compré una biografía del Che con el peligroso título “Che Guevara” que publicó un para mí desconocido (por eso mismo compré su libro) berlinés Frank Niess hace ya cinco años y que se difunde traducido (por Mónica Scholz) a la lengua española por la editorial EDAF desde 2007.

 

Guardaba para la ocasión un viejo libro sobre el Che (de hecho, lo compré “de viejo”), escrito por un para mí  también desconocido Horacio Daniel Rodríguez (se publicó en Francia y en España al mismo tiempo; aquí por Plaza & Janés, 1968), que tiene la gracia del momento.

 

Me parece que el autor no acierta en nada en las páginas finales, cuando dice, por ejemplo: “Así pues, el ‘condottiero’ ha muerto. Pero en el mismo momento el mito ocupa su lugar. O se pretenderá hacerlo. Castro se ocupará de que no ocurra. En ello le va, en parte, la continuidad de su poder”.

 

Es lo que tiene publicar nada más que suceden las cosas. Por eso merece la pena, de vez en cuando, echar un vistazo a lo que se ha publicado sobre un asunto. Por lo demás, como no he hecho sino ojearlo, “suspendo el juicio” y ya les diré.

 

No sé si Horacio Daniel Rodríguez sigue vivo ni si, de estarlo, ha visto la película sobre el Che que “echan” ahora mismo en los cines de medio mundo (o más).  Quienes estábamos vivos cuando vivía el Che (y leímos con ojos juveniles en la revista “Triunfo” los reportajes sobre sus últimos días y su asesinato) y seguimos vivos cuarenta años después tenemos cierta obligación de afrontar biografías como la suya desde la contemporaneidad. Una contemporaneidad que no la da, exactamente, la fantasía del cine, sino la realidad de la calle. La puta calle.

 

 

NUEVO CURSO: LIBROS DE ECONOMÍA

NUEVO CURSO: LIBROS DE ECONOMÍA

 

He estado esta mañana en la Librería Cálamo (la de la plaza San Francisco; acaba de haber tres, contando la de la Expo; ahora que hay dos – la otra en el Actur – quizás haya que aclararlo).

 

Me he fijado sobre todo en libros sobre economía, porque ando buscando nuevos enfoques a los problemas de hoy (¿les suena la expresión?). Y he apuntado estos cuatro, que les doy por orden alfabético:

 

. GREEN, Duncan: “De la pobreza al poder. Cómo pueden cambiar el mundo ciudadanos activos y Estados eficaces”.  (Oxfam, 2008).

 

. NAPOLEONI, Loretta: “Economía canalla. La nueva realidad del capitalismo”. (Paidós, 2008).

 

. SACHS, Jeffrey: “Economía para un planeta abarrotado”. (Debate, 2008).

 

. YUNUS, Muhammad: “Un mundo sin pobreza”. (Paidós, 2008).

 

Estaba también, tentador, el tomazo de Steve Coll sobre los Bin Laden (RBA, 2008), que algo que ver tiene con esto de la economía mundial.

  

Por suerte para mí, no estoy matriculado en ningún curso de economía (ni de ética, ni de nada), por lo que puedo leer o no lo que me dé la gana en cada momento, lo cual es una gran ventaja para gente como yo, que no tiene fuerzas ni ánimo todos los días.

 

Adivinen cuál de estos títulos me he comprado.

 

Por cierto: ahora en las paredes de Cálamo han puesto unas maquinicas en las que un@ mism@ puede saber el precio del libro que le interesa (y así calcular la compra…) sin tener que estar preguntando todo el rato a nadie.

GRAMSCI: NO VOY A DEJAR DE LEERLO. NO VOY A DAR UN PASO ATRÁS.

Ayer por la noche cogí de nuevo la biografía de Gramsci por Fiori, abrí por donde la había dejado y continué su lectura.

Mi mujer (sabedora - más que nadie en el mundo - de mis problemas) me preguntó, con bastante intención:

- ¿Sigues con Gramsci?

- Sí. Dejarlo sería una rendición.

Ella me lanzó un beso.

Me puse muy contento y seguí...

Seguramente les parecerá todo esto un poco (o un mucho) exagerado.

Bueno.

Seguramente lo es.

ANTONIO GRAMSCI: ¡NO SOPORTO RELEER SU BIOGRAFÍA!

ANTONIO GRAMSCI: ¡NO SOPORTO RELEER SU BIOGRAFÍA!

 

No contaba con esto. No me imaginaba que releer la biografía de Antonio Gramsci me produjera tanto dolor. Lo intenté con la de Salvatore Francesco Romano que les citaba hace unos días (UTET, 1965). Lo he vuelto a intentar con la de Giuseppe Fiori (Península, 1968. Trad. por Jordi Solé-Tura de la ed. de Laterza, 1966) y estoy a punto de abandonar su (re)lectura.

 

¿Qué hay en la vida de Gramsci que me duele tan profundamente? ¿Qué íntimos dolores míos propios se reavivan al leer sobre su vida?

 

No sé si a ustedes les habrá sucedido algo parecido. A mí, creo recordar que sí, pero no podría decirles ahora mismo en qué consistió (si se trató de una biografía, si tuvo que ver con la política, si se trató de relecturas…). Esto de ahora es un dolor tremendo, que me inutiliza intelectualmente. ¡Está teniendo el efecto contrario al que imaginé!

 

No es la primera vez, desde que caí enfermo, que he tenido que abandonar una lectura o una escritura; pero no acabo de resignarme en esta ocasión.

 

He pensado seguir solamente con los textos de sus “Cuadernos de la cárcel” (y dejar también sus “Lettere dal carcere” por lo mismo que dejo su biografía; incluso con más razón: sus propias cartas sobre sus vivencias carcelarias, sus problemas con su mujer, con su cuñada, consigo mismo…). Buscar inspiración intelectual esquivando lo biográfico. Pero no es mi forma de ver las cosas: siempre he considerado la obra de una persona como parte de su vida y su vida como base de su obra; desvincular vida y obra de un autor siempre me pareció hacer trampa, en el sentido de desvirtuar su contribución. ¿Gramsci sin Gramsci? ¿Gramsci a pesar de Gramsci? ¿Gramsci por encima de Gramsci? ¡Y un cuerno!

 

Por otra parte, está la cuestión de fondo, el asunto de la “necesidad de expresión” (mi proyecto de trabajo para esta temporada). Sin la “necesidad de expresión” de Antonio Gramsci, ¿qué me importan sus escritos? Lo más sintomático de ellos, lo que busco especialmente en esta relectura, es precisamente un rastro concreto de su “necesidad de expresión”, y eso implica directamente una biografía, un Gramsci que escribe más allá de lo que se espera de él, incluso de lo que él mismo está dispuesto a reconocer como expresión suya. No creo en las cabezas “frías”. Para mí no existen. La historia de las ideas es la historia de los hombres y de las mujeres que las expresaron... incluso sin darse cuenta de todo lo que, en realidad, estaban expresando.

 

Depresión y expresión en Antonio Gramsci: ese también  me pareció una forma de plantearme ahora un asunto digno de una búsqueda documental. No sólo de la depresión del Gramsci encarcelado, sino ya la del Gramsci estudiante en Turín que se siente mal por escribir a su padre una y otra vez pidiendo dinero y a su madre contándole sus terribles dolores, mareos y desvanecimientos, su angustia por conseguir las más altas calificaciones para no perder la beca...

 

¿Es por su titánico esfuerzo de autocontrol y autosuperación por lo que me produce ahora un malestar incluso físico? ¿Es por su gigantesco esfuerzo intelectual por lo que me causa tanta inquietud? ¿Es – vamos a decirlo de una vez por todas – porque su ejemplo vital me empequeñece y me abochorna?

 

Lo que ocurre es que lo que quiero aprender ahora de Gramsci no está por ese lado, diríamos, de la épica, sino por el de la sintomatología de las dificultades de la expresión. De la expresión, concretamente, de personas entregadas a la lucha por transformar el mundo que fueron capaces de seguir luchando sin dejar por eso de manifestar sus dudas, sus desánimos, sus abandonos, su más íntima desazón. ¿Para qué me sirven los héroes ahora? No es al Gramsci heróico de la propaganda togliattiana y del patriotismo de partido (perfectamnte lícito, por lo demás: había de qué presumir y además las circunstancias lo requerían, no me caba duda) lo que me hace volver los ojos a su escritura.

 

¿Busco el consuelo de mis debilidades de hoy en las posibles debilidades de mis héroes de juventud? No. No es eso. Creo que no. Quiero creer que no…

 

 

GRAMSCI, LA CÁRCEL, LA ENFERMEDAD, LA ESCRITURA

GRAMSCI, LA CÁRCEL, LA ENFERMEDAD, LA ESCRITURA

 

Me está resultado muy doloroso volver a Gramsci, tanto que no sé si seré capaz de seguir leyendo ahora sus cosas. El problema es doble: por el lado de Gramsci y por mi lado.

 

Por el lado de Gramsci, no puedo olvidar las circunstancias en las que tuvo que escribir esos Cuadernos: enjaulado, enfermo, aislado, maltratado. Mussolini  había dado la orden de que aquel cerebro dejara de funcionar. Las instituciones carcelarias fascistas no conseguirían ese objetivo durante diez años, peroa Gramsci el esfuerzo por mantener su cerebro funcionando en aquellas terribles condiciones le costaría la vida. Y al leer esas páginas no puedo olvidar las condiciones en las que fueron escritas, el lento apagamiento de una vida sometida a una tortura cotidiana.

 

Por mi lado, me resulta extremadamente difícil olvidar, mientras releo esas páginas amadas, las circunstancias en las que yo mismo las leía durante los años setenta, sobre todo esos años inmediatamente anteriores a la muerte de Franco, que viví en aquellos pisos alquilados para ofrecer lugar seguro de reunión a la dirección del partido, esos pisos vacíos de vida en los que no me apetecía entrar y en los que tenía que hacer algo parecido a una “vida normal” para no levantar sospechas…

 

En invierno, bajo ajenas mantas rasposas (no tan rasposas como las mantas carcelarias que habían dañado la piel de Gramsci), con una de aquellas estufas de butano insoportables al pie de la cama y el flexo encendido en la mesilla… o en verano, agobiado entre unas paredes que necesitaban airearse mucho más a menudo, subrayo tal o cual línea del texto de Antonio Gramsci, quien las había escrito bajo los efectos de un frío mucho más intenso y de un calor mucho más agobiante…

 

Comencé por (re)leer el “Antonio Gramsci” de Salvatore Franccesco Romano (Turín, Unione Tipografico – Editrice Torinese, 1965) una buena voluminosa biografía que, por haberla leído la primera vez ya en 1977, pensaba que no me traería a la cabeza esos malos recuerdos de Gramsci… y míos. Pero ha sido repasar esa vida y venírseme todo un mundo de agobio a la  mente, la inmensa tristeza que sentía entonces tanto por la penosa vida de los últimos años de  Gramsci como por los penosos derroteros que había tomado por entonces la mía.

 

¡Qué forma de mantener el tipo, la mía, entonces! ¡Qué depresión larvada, qué derrota vital! Yo había intentado formarme como un “intelectual organico” del Partido Comunista y el resultado estaba siendo ya el convencimiento de un total fracaso: ni el Partido parecía necesitarme como intelectual ni yo podía renunciar a mi identidad intelectual en la militancia. Y aquella lectura de Gramsci me ponía ante los ojos la imagen del fracaso reflejada infinitamente en un laberinto de espejos en el que se habían estrellado ya tantos y tantos…

 

En una húmeda parcela del barrio de las Delicias, en un gélido cuarto repleto de cajas de libros, había subrayado durante el invierno de 1973 las páginas de “Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno” (Buenos Aires, Nueva Visión, 1972). En una de ellas, en un interlineado más amplio entre un texto sobre el Estado como “guardián nocturno” (Lassalle) y otro texto sobre “el contenido económico de la hegemonía política del nuevo grupo social que ha fundado el nuevo tipo de Estado”, hay una palabra escrita por mi mano con lápiz azul: “Carrero”. A partir de esa página 161 mis subrayados son mucho más esporádicos. La palabra “Carrero” estoy seguro de que la escribí bastantes días después de haber “desaparecido” durante aquellas navidades (escondido con mi hermano y camarada entonces Manolo en un piso en el que nadie había vivido durante algunos años, desde la muerte súbita de mi abuelo paterno: aquel piso fantasmal, aquella conmocionada España, todo aquello…), cuando volví de nuevo a esa casita, a su rumor de árboles cercanos y a la infinita  humedad de sus paredes.

 

En 1977, cuando leía la biografía que he citado, todo aquel mundo entre fantasmagórico y subterráneo, épico y angustioso, había desaparecido casi completamente y se atisbaban horizones mucho más risueños. Sin embargo, la pena negra incubada durante los años anteriores me pasaba factura precisamente cuando “lo peor” ya había pasado. Y ahí estaba de nuevo, ante un Gramsci que desde su celda, en 1933, confesaba en una carta a su (maravillosa) cuñada Tatiana: “Come ho cominciato a giudicare con maggiore indulgenza le catastrofi del carattere!” Y yo necesitaba esa indulgencia, precisamente la indulgencia de gente como Antonio Gramsci que ya había desaparecido del mundo bajo el peso de la represión y de la derrota. Una indulgencia que no encontré. Ni siquiera en mí mismo.