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javierdelgado

FRANCO, ASESINO

FRANCO, ASESINO

A PROPÓSITO DE LA EXPOSICIÓN "PAISAJES PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA" QUE SE MUESTRA EN EL PALACIO DE SÁSTAGO

Una definición bastante contundente de Franco la daba una canción en que se decía: “Franco, cabrón, / asesino de mujeres y niños / del pueblo español…” El caso es que la frase se quedaba corta porque aquel asesino no se cargó solamente a mujeres y niños sino también a hombres, muchos hombres; y no sólo a hombres del bando de sus adversarios sino también a cientos de miles de hombres que seguían sus órdenes. No tuvo ningún problema en sacrificar a estos últimos en pro de una campaña militar concebida como larga tarea de exterminio y destrucción. Franco no quería ganar rápidamente una guerra, sino acabar lentamente con varias generaciones de españoles. Grandes batallas como la batalla del Ebro fueron diseñadas por él de tal forma que murieran el mayor número de contendientes, también de los que batallaban a su mando.

Así que cuando ves la exposición “Paisajes para después de una guerra” sobre  regiones devastadas en la guerra civil (en este caso, en Aragón) y las tareas de restauración e incluso reinvención de pueblos enteros anteriormente reducidos a ruinas y oyes aquellas voces de la propaganda franquista y ves aquellas fotos de la propaganda franquista se te revuelve el estómago y se te rebrincan los cojones del alma. Deseas que sea ése el efecto que produzca la exposición en quienes entren en el Palacio de Vástago a ver qué es eso que se ofrece a la vista, que haya escándalo en sus ojos cuando vean a las claras la cara de la iniquidad, del cinismo y de a vesania de un asesino con mando en plaza que acabó quedándose con el mando y con la plaza a fuerza de asesinar y asesinar y asesinar.

Realmente resulta educativa la exposición. No es cierto que parezca presentarse a honra y prez de aquel asesino implacable. Otra cosa es que la presentación los proyectos urbanísticos y arquitectónicos de aquellos años en esas regiones devastadas sea todo lo digna que aquellos proyectos merecen, que lo merecen. Nacieron de la muerte y de la miseria, se construyeron a lomos de prisioneros de guerra, verdaderos esclavos del régimen, pero hay que atender al planteamiento concreto de quienes diseñaron casas, barrios, plazas, edificios oficiales… Y si la destrucción se acometió con saña militar la construcción se hizo en ocasiones incluso con delicadeza y el resultado a veces fue muy aceptable.

Hay muchas cosas a la vez en esa exposición y hay que verlas todas, intentar verlas todas por encima del rechazo que las voces y las imágenes más directamente agresivas del fascismo triunfante nos producen. Creo que los profesores Carlos Forcadell y Alberto Sabio han hecho una selección muy inteligente de materiales y que su propuesta es altamente inquietante para cualquiera que sepa escuchar y mirar. Los textos del excelente catálogo dan una información perfectamente comprensible sobre el asunto.

Por eso me parece rearo que muchas personas, incluso algunos arquitectos, me hayan hablado de la exposición con actitud contraria, señalándola como “propaganda franquista”. No sé si la han visto detenidamente ni si sus razones para tal rechazo tienen un argumento atendible: me gustaría escucharlo. Porque se da el caso de que en los próximos tiempos vamos a recibir propuestas de visiones de la guerra civil, de la posguerra, de la lucha clandestina de la oposición, etc., cada vez más numerosas  y dispares y, esperemos, cada vez más “profesionales” en el sentido de que sus planteamientos surgirán, en general, de concepto, metodología y práctica historiográfica más o menos discutibles pero apoyados en líneas de trabajo seriamente asentadas. Que a la vez se sucedan otras exposiciones y divulgaciones y acciones en las que prime lo personal y subjetivo, la intencionalidad concreta de tal o cual persona o colectivo es bueno y respetable y sobre todo emocionante y justo. Pero habrán de coexistir unas y otras. Afortunadamente, ya está este país en condiciones de digerir muy diversas formas de expresión del interés por el pasado. Ese pasado del que hasta hace pocos años sólo podían hablar los vencedores de la guerra civil y en los términos que les permitiera la censura de ese Franco cabrón asesino de mujeres y niños del pueblo español.

 

PRESENCIAS

PRESENCIAS

ESTÁBAIS CON NOSOTROS,

CALLADAS PRESENCIAS,

ASOMADAS AL BALCÓN SECRETO.

SOMBRAS DE SOMBRAS,

¡CÓMO ACOMPAÑÁBAIS

NUESTRO AMANECER!

 

DESPEDIDA. CUENTO TERRIBLE

DESPEDIDA. CUENTO TERRIBLE

Se acercaría junto al lecho. Ella le miraría con sus ojos de madre. Entonces le pediría perdón y ella le perdonaría. Quedarían así reconciliados para toda la eternidad.

 

Pero ella permaneció con los ojos cerrados cuando él se acercó al lecho y le pidió perdón. Con esos mismos ojos cerrados y un rictus de fastidio en los labios le contestó cortante:

 

      - No hay nada que perdonar.

 

Y entonces a él le brotó todo el veneno que llevaba en el pecho y necesitó expresarlo. Y hablando muy lentamente le dijo:

 

-Necesitaba tu perdón, y también perdonarte. Pero ya veo que no estás para mí, como no lo estuviste tampoco entonces. Por tu culpa me alejé de Dios.

 

Los ojos de su madre se abrieron desmesuradamente. En su mirada se veía el pavor.

 

-         Me alejaste de Dios. Tu actitud intransigente me lanzó más allá del círculo de la fe. Me pareció evidente que una fe sin amor no podía ser cierta. Y tú actuaste conmigo sin amor. Así que o no había fe o no había Dios. Tu actitud confirmaba mis peores sospechas.

 

La boca de su madre se abría y cerraba como los de un pez fuera del agua.

 

-Sólo te preocupó tu soberbia y el temor al castigo divino que pudieras recibir por no haber sabido mantenerme en tu fe. No pensaste ni en Dios ni en tu hijo, sino en ti misma y en el dolor que mis palabras te habían producido. Quisiste hacerme daño, devolverme un daño que yo en todo caso te hacía en honor a la sinceridad, a la autenticidad y al respeto. ¡Tenía diez y siete años, mamá! ¡Y habías sido mi única confidente desde que tuve uso de razón! ¡Sólo a ti podía confiarte mis dudas!

 

Cerrada la boca, los ojos entrecerrados, ella escuchaba. Un ligero temblor le recorría el cuerpo.

 

-         Sólo pensaste en ti misma. Ni siquiera imaginaste que en mis propias rotundas palabras de adolescente hubiese una pregunta, una necesidad, un desahogo, la búsqueda de una voz que me calmara, tu voz. Sólo pensaste en ti misma. ¡Cómo debió de molestarte mi actitud engallada, mi presuntuosa impertinencia, mi pedantería intelectual! Por todo aquello quería pedirte perdón. Dices que no hay nada que perdonar. Pero es que todavía no quieres perdonarme. Para ti sigo estando, por aquellas palabras, en el extremo más distante del mundo respecto a ti.

 

Sus párpados se elevaron lastimosamente. Fruncía fuertemente los labios. Parecía no poder decir algo que deseara decirle. Después de un silencio, él continuó.

 

-         Pues yo había venido a pedirte perdón y a perdonarte. Pero si no hay nada que perdonar, lo dejaremos estar. Quiero creer que en realidad no eres mi madre. Esa tarde me hiciste saber que ya no me considerabas tu hijo. Realmente, dejaste de ser mi madre, si es que antes ya no lo habías dejado de ser. Yo creo que tú sí sabías lo que estabas haciendo conmigo en ese momento y que pese a todo no supiste ni quisiste aceptarme. Hubiese bastado un gesto tuyo de confianza en el Dios en el que decías creer. Te pudo la soberbia. Y actuaste con rencor. Había venido hasta aquí a pedirte perdón y a perdonarte. Muérete sin mi beso. Los tuyos hace ya muchos años que se hicieron veneno dentro de mí.

 

Ella miraba desde una infinitud inescrutable. En los aparatos se veían unas líneas luminosas continuas. Sonaban unos pitidos que parecían hacer de alarma. Entró una enfermera, que maquinalmente dijo, mientras le tapaba el rostro:

 

-         ¡Dios la tenga en su gloria!

-         ¿Usted cree?, le contestó él con agresividad.

 

La enfermera se volvió hacia él, sorprendida.

 

Fueron los ojos llorosos de la enfermera lo último que vio al cerrar la puerta.

 

CARTA ABIERTA A L@S DIRIGENTES DEL PSOE DEL AYUNTAMIENTO DE ZARAGOZA

CARTA ABIERTA A L@S DIRIGENTES DEL PSOE DEL AYUNTAMIENTO DE ZARAGOZA

 Hoy, lunes 24 de abril, me publica Heraldo de Aragón el siguiente artículo de Opinión, que reproduzco aquí para su difusión en el cyberespacio.

 Realmente, a est@s amig@s se les pueden preguntar muchas más cosas. He preferido centrarme sólo en el asunto del clientelismo por ser, a mi entender, la clave de sus dificultades para hacer una política municipal de izquierda y la raíz de sus compromisos menos evidentes, por ejemplo con los jefes de la industria local del ramo de la construción.

¿QUÉ QUEREIS DE NOSOTROS?

 

Queridos compañeros del PSOE que dirigís el Ayuntamiento de Zaragoza,  ¿qué queréis de nosotros? Me refiero a la ciudadanía en general, pero también a nosotros en particular, vuestros compañeros de la izquierda.¡Tenéis compañía en la izquierda! Y me atrevo a deciros que, en mi opinión, son muchas personas las preocupadas seriamente por vuestras obras  y por vuestras omisiones.

 

Puede que no queráis nada de nosotros. Pero con establecida periodicidad venís a pedirnos el voto. Queréis nuestro voto. Aparte de eso, lo cierto es que no tenemos noticia de que queráis nada más de nuestra parte. La actividad política de la izquierda, especialmente la de vosotros, compañeros del PSOE, parece dar paso a una de las prácticas que más favorecen a la derecha: establecer núcleos de poder localizados alrededor de una actividad u objetivo concreto, a cuyo frente hay un cargo público: dicho de otro modo, a crear clientelismo.

 

Las propuestas transformadoras de la izquierda siempre han necesitado el apoyo activo de las mayorías y su participación en la consecución de los logros deseados. El clientelismo nada tiene que ver con eso. El clientelismo es un tipo de elitismo más o menos arbitrario en cuanto a su extracción social, que pretende más conservar que arriesgar, y por eso es un factor regresivo. Lo que se pretende conservar, por si hace falta recordároslo, es ese cargo o cargos desde los que se fomenta el clientelismo. El cliente aspira no sólo a serlo, sino a transformarse un día en cargo público; y éste espera pasar, tras su transito por la institución, por lo menos a cliente de los nuevos cargos, etc.

 

¿Nos queréis como ciudadanía o como clientela, compañeros? Ya es penoso verse en la necesidad de haceros esta pregunta, y ya perdonareis si os irrita; pero el caso es que en los últimos años la actividad de los cargos socialistas del ayuntamiento de Zaragoza ha establecido entre nosotros, dolorosamente, esa duda. Lo que llamamos “sistema democrático” se pervierte de esta forma y tan sólo queda un cascarón vacío en el que resuenan los discursos que cada cierto tiempo hay que emitir para mantener la tradición. Y poco a poco se refuerza el  poder en la sombra, hijo de acuerdos privados y ocultos.

 

Estamos en condiciones de comprender las dificultades de llevar a cabo políticas ciudadanas progresistas en un país en el que la correlación de fuerzas general es notablemente favorable a las posiciones de fondo reaccionarias, por más que algunas apariencias engañen. Pero de ahí a optar por el clientelismo van no sólo unas siglas sino el espíritu de la izquierda.

 

¿Qué queréis de nosotros, compañeros socialistas del ayuntamiento de Zaragoza? Tal como van las cosas no vamos a estar condiciones de dar ni de defender el voto a vuestro partido como a veces hicimos. La sucesión de errores en vuestra actividad dirigente va dejando escaso margen a vuestra capacidad de maniobra (¡y eso que aquí no dimite nadie!)  y a nuestra capacidad de apoyo.  ¿Confiáis en que el rechazo que sentimos a volver a ser gobernados por la derecha (cuyo clientelismo es consustancial) os aúpe de nuevo a vuestros cargos? ¿Y por qué? Existe el voto en blanco.

 

Queridos compañeros del PSOE que aún dirigís el ayuntamiento de Zaragoza, ¿qué queréis de nosotros? ¿Y qué estáis dispuestos a cambiar para que la vida política zaragozana permita intervenir desde posiciones claramente adscritas a los intereses de las mayorías? Necesitamos una clara contestación, un gesto inequívoco.

 

                                                            Javier Delgado Echeverría.

JOSÉ LUIS CANO VENIT, VIDIT, DONAVIT, VINCIT

JOSÉ LUIS CANO VENIT, VIDIT, DONAVIT, VINCIT

Todavía celebrando el Día del Libro, quiero decir, leyendo ya el libro que me regalé, me llama Jose Luis Cano y me tienta: ¿A primera hora o a última de la mañana? Para regalarme un ejemplar de su nuevo libro “El Papa Luna”. ¡Me apresuro a responder que a primera! Y entonces el artista ubicuo se presenta en carne mortal y risueña en mi casa con el libro, que lleva un prologuito mío y por eso lo de traérmelo y que lo vean ya mis pecadores ojos. ¡Qué bien están todos estos libros de Cano sobre personajes aragoneses! Entre la sabiduría de Cano y la sabiduría de Chusé Raúl Usón, editor de Xórdica, han fabricado un invento multiinvento gracias al cual aprendemos sonriendo y disfrutando de las dos plumas (con perdón) de José Luis: la de escribir y la de dibujar. Pasarán los años, pasarán alcaldes, presidentes, arzobispos y multitud de otros jefes religiosos o laicos (incluso los laicos religiosos), pero los libritos de Cano perdurarán para siempre. Ésa es su gloria y todas nuestras nietas, incluso alguno de nuestros nietos si alguno sigue leyendo, la verán y la aclamarán en público y en privado. Así son las obras imperecederas.

 

José Luis, ya puesto a traerme regalos, va y saca de su sobre de los encantamientos un dibujo original suyo en cartulina que reproduce la mejor parte de un cuadro de Zurbarán sobre no recuerdo qué místico beato: una maravilla de dibujo cuya entrega me emociona hasta el punto de querer agradecérselo hincada la rodilla en las baldosas de la entrada de mi casa. ¡Noooo! ¡Noooo!, protesta imperativo el artista, que aun queriéndome mucho como me consta no está por permitirme tonterías. Le abrazo, le doy muchos besos y seguimos la charla, comentando varias anécdotas de amigos y conocidos nuestros de los que procuramos reírnos muchísimo y lo tenemos fácil porque hacen y dicen cosas muy risibles, lo que les agradecemos muchos. Algunos de los tales tienen puestos de mando en plaza, y entonces nuestras risas son más frescas y como infantiles: siempre nos divirtió mucho reírnos de la autoridad. Antes, ya saben cuándo, no tenía mucho mérito (aunque podía llevar a la cárcel), pero ahora que los conoces casi desde chicos  la cosa se complica y la risa es una actividad muchísimo más compleja. ¡Malos que somos el pintor Cano y yo!

 

Se va Cano (Cano siempre se está yendo a sus recados, trabajos, juergas…) y quedo con el libro y con el dibujo, que me apresuro a exponer en mi biblioteca. La única vez que me presenté a algo en unas elecciones Cano me hizo muchas caricaturas para la campaña electoral y esas caricaturas y la postal con José Manuel Falcón y Emilio Lacambra junto a la sabina de Villamayor fueron lo mejor de todo lo que me ocurrió entonces. ¡Pero qué les voy a decir de Cano que ustedes no sepan ya y no valoren! Así que me callo. Por ahora. Seguro que habrá más ocasiones de hablar de Cano, que para eso se inventaron los bloges según me voy enterando poco a poco, inocente principiante como soy.

Nota: La foto no da cuenta cabal de la calidad del dibujo de Cano, porque le he quitado peso y esas cosas para poderla publicar. Así que hay que imaginárselo todavía más bonito. Conste que no es por dar envidia.

EN CÁLAMO, LIBROS, BORRAJAS, TERNASCO Y BUEN VINO

EN CÁLAMO, LIBROS, BORRAJAS, TERNASCO Y BUEN VINO

Celebrar el Día del Libro en la librería Cálamo es siempre acercarse a la sorpresa. Este año aún más. No sé cómo habrá sido el rato de los cuentos por la tarde, pero por la mañana nos hemos encontrado allí varios cuentistas, algunos poetas, profesionales serios y much@s lector@s amabilísim@s que además de comprar libros hablaban de libros y de asuntos todavía (!!) más interesantes. Saludos, besos, risas... El  olor maravilloso de las mejillas de la profesora María Ángeles Naval me ha hecho besarla cuantas veces me ha dejado tan amablemente. No hay que desaprovechar ninguna ocasión de oler bellos olores, ésa es una de mis consignas. Sencillamente, hay que pedir permiso y luego no ser pesado. Creo que me he comprado el libro más gordo de cuantos había a la venta y aún no tenía: la biografía de Mao de Jung Chang, autora del muy difundido libro "Cisnes salvajes", que leí primero para hacerme una idea sobre la verosimilitud de lo que contara esta inteligente y memoriosa china; como lo que leí en los "cisnes..." me satisfizo, me decidí a hincarle el diente a esta biografía creo que escrita con toda la mala leche que la autora y un historiador amigo han podido poner. No me gustan las vidas de santos y después de leer muchas biografías de Mao (que me gusta menos que Ho Chi Min, por poner un ejemplo cercano temporal y físicamente) aún tengo ganas de ver qué me cuentan del Gran Timonel. Para coger fuerzas con el bulto pude comer cuanto quise de un maravilloso ternasco de Aragón que ahora comercializa la cooperativa "Pastores": en una bandeja van dos raciones que con meter al microodondas unos minutos (o al horno unos pocos más) ya está preparado para comerse y chuparse los dedos. El amigo Paco Marcén, padre de la criatura, o sea, de la idea y de las bandejas, estaba encantado de ver cómo entre tantos libros nos lanzábamos tod@s a comer su ternasco. Dice que se puede comprar en El Corte Inglés, Mercadona, Galerías Primero y no sé dónde más pero me pienso enterar. Si las borrajas que regalaba Paco Goyanes hubieran estado ya comestibles nadie hubiéramos salido de allí en bastante más tiempo, teniendo en cuenta que los vasos se llenaban de vino Guelvenzu. Esto parece una crónica gastronómica más que librera, pero es que lo sorprendente no es encontrarte libros y lector@s en una librería, sino todo un regocijante alimenticio preparado para la ocasión. Cálamo esx así y por eso la amamos tanto. Entre bocado y bocado, Isidro Ferrer se esmeraba en dibujos dedicados con toda la paciencia del mundo, Manolo Vilas resucitaba grave y amigable mientras firmaba su increíblemente buena poesía de "Resurrección" y Adolfo Burriel se liaba con todo bicho viviente conla escusa de firmarles sus dos premiados libros de poemas cuyos títulos lamento no recordar en este momento y in embargo me sé: cosas ya de la edad, dicen algunos. Aún había más sabios y más jóvenes escritores (escritoras que yo sepa no, y me fijo mucho siempre: igual se me ha escapado alguna y ya lo sentiría) y muy sabi@s comprador@s. Total, que hemos pasado la mañana a cubierto, bien comidos y bien bebidos y encima incluso algunos han firmado libros (yo pocos, pero es que no estaba el pintor y además el libro es muy grande para llevar por la calle). Así que todo muy bueno y muy abundante. Una mañana de San Jorge con el feliz añadido de que ni el santo ni el dragón han hecho acto de presencia. Me gustaría poder haber puesto aquí varias de las muy buenas fotos que he hecho con mi fabuloso móvil, pero por ahora parece que sólo va una por artículo; así que he tenido que discurrir mucho para elegir la que ya habrán visto precediendo a estas líneas que aquí terminan porque ya creo que lo he contado todo (incluso alguna indiscrección de ésa sin las que un blog no tendría ninguna o poca gracia. De modo que ya sólo puedo advertirles aquello de ¡ojo y oreja que viene una vieja! Y ustedes deberán adivinar su porqué.

SALIR A BUSCAR LIBROS Y PALABRAS: AMOR, LIBERTAD, VIDA...

SALIR A BUSCAR LIBROS Y PALABRAS: AMOR, LIBERTAD, VIDA...

Noche reparadora. Despertar festivo. Gente joven en casa comentando qué libros se regalarán hoy en el día de regalar y regalarse libros. La bonita encuesta sobre las palabras preferidas: amor, libertad, paz, vida, azahar, esperanza, madre, mamá, amistad, libélula... Coger el hilo de la cometa Palabra, verla subir vibrante, ascender, ganar altura, saludar al mundo desde la distancia. El hilo en nuestra mano: el temblor de esa vida de las palabras vivas. Su eco en todo el cuerpo, su pálpito en el alma. Su álito sagrado entre los labios. Amor, Libertad, Vida... Amar en libertad mientras vivamos. Vivir el amor a la libertad. Liberar todo el amor que podamos en vida. Un programa para los días animados, a favor de la vida, de la libertad y del amor. Salgamos a buscar esos libros, esas palabras. Aún hay vida.

DUDAS QUE DUDO MUCHO

DUDAS QUE DUDO MUCHO

¿Y no sería mejor dejarse de pamplinas y pararse y callarse, gritar aquel no  puedo más y aquí me quedo, callarse de una vez, entregarse del todo a ese sentir, saber y reconocimiento de que nada importante mañana habrá cambiado y que si cambia no nos daremos cuenta y que si sí nos la damos será solamente para seguir otro tramo de un camino que nunca hubimos de empezar? ¿No sería mejor dejarse deslizar por el breve laberinto del cascarón del caracol y dejarse caer en el fondo, apagado todo eco del ruido exterior, cerrar los ojos y deshacer la imagen que nos fuimos haciendo de nosotros mismos y por fin aceptar el silencio y el no, el descanso y la nada? Sé que ahora lo pregunto y que poco más es que una amable retórica que intenta mantener la esperanza en que haciendo preguntas, escribiendo, saludando, moviendo las piernas, agitando las manos, asintiendo, negando, proponiendo, rabiando, en fin, gerundeando como es costumbre hacer la vida te devuelve las fuerzas que le has dado (y si no un buen puñado de pastillas al día) y sigues y recobras esa boba inquietud en lo que pasa en el mundo y a tu alrededor y también en ti mismo, y por eso pregunto, escribo –por ejemplo en este blog-  frecuento a los amigos, leo libros más o menos intensos, intento aprender a jugar a esos juegos que inventaron los chinos, sonrío, río, hasta bromeo. Sé que hacer las preguntas sólo sirve para darse un plazo, un poco más, un poco más de tiempo, porque temo hacer daño a dos o tres personas si de pronto me quedo tan quieto como pueda quedarse quieto un muerto y no respondo a nada y no estoy y ya no estaré nunca y ese nunca da miedo porque si es un nunca equivocado ya no habrá vuelta atrás, ni preguntas ni hastío, incertidumbre, cansancio, todas las compañías que ahora  aún me acompañan y a las que la vida me tiene acostumbrado de tal forma que hasta su compañía me parece añorable si pienso en que (por ejemplo) esta tarde me dejo de pamplinas y me callo y me paro.

 

Y aun hay otra pregunta que me muerde por dentro y quiero ver escrita en la pantalla para no censurarme: ¿Qué ha pasado en las últimas horas, ¡si no ha pasado nada!, que me ha hecho levantar, sentarme en esta silla, encender este bicho y ponerme a expresar un sentimiento profundo de dolor por vivir, por seguir vivo, la duda y su desdicha, el apagón, la insistente repetición de la maldita voz que dice: nada merece la pena, nada merece la pena, nada, nada…?

DIA(S) DE(L) LIBRO(S)

DIA(S) DE(L) LIBRO(S)

Mañana se celebra la festividad de nuestro señor san Jorge suyas hazañas en pro de la cristiandad son de tod@s conocidas, por lo que no insistiremos Otros blogs, webs, emailes y hasta publicaciones en papel hay destinadas a su difusión, valoración y celebración. Aquí tan sólo desearíamos referirnos a una de las características de tal multitudinaria celebración: la que tiene por ingenioso apelativo “El día del Libro” y que como su nombre indica viene a dar protagonismo en este día veintitrés de abril a los libros y a la lectura. Orgullosos de una tradición secular favorable a la cultura, hacemos votos porque mañana, haga el tiempo que haga y caiga lo que caiga de los cielos como es propio y común en estas fechas, la muchedumbre y el gentío, las familias y las peñas de guiñote, e incluso el individuo de cualquier sexo y edad no adscrito a grupo alguno, se acerquen confiada y entudiásticamente a los puestos de venta en los que se les ofrecerán las novedades del momento y el descuento en el precio acordado por el benéfico gremio de libreros. Salgan chic@s y grandes a las calles y a las plazas y no vuelvan a sus domicilios sin el leve peso de una publicación con la que recrear el intelecto, el tacto, la vista o lo que cada cual prefiera y sea capaz. Hay tanto donde elegir y de tan variados precios  que nadie quedará disgustad@ si se acerca y elige un ejemplar de la más pura mercancía que haya dado el ingenio comercial humano.

 

Sea, pues, celebrado el patrón de Aragón como merece y ábranse las páginas de miles de libros al aire alegre de las nuevas lecturas. Sea. Ocurra. Suceda. Hágase realidad. Que ustedes lo pasen bien y yo que lo vea.

 

 

Esta no es una página subvencionada por ninguno de los innumerables departamentos y escondrijos del Gobierno de Aragón ni por el gremio local de Libreros ni por ninguna entidad financiera ni de otro tipo. Lo que hacemos constar por si la ausencia de palabras críticas al respecto pudieran despistar a nuest@s bondados@s lector@s. Dicho queda.

AVISO DE CIERTO INTERÉS

AVISO DE CIERTO INTERÉS

Saliendo al paso de ciertos comentarios de más de un lector asustadizo y crédulo, el autor de este blog quiere avisar a tod@s sus posibles  lector@s presentes y futuros que ell@s mmism@s y por sus propios medios deberán distinguir, en los textos e imágenes aquí difundidos, lo real de lo inventado, lo cierto de lo fingido y el buen humor de la mala leche. De no ser así pudiéranse derivar indeseables consecuencias de las que este autor no pude ni debe ni quiere hacerse responsable.

 

Dado el aviso a fecha de hoy con la intención de que valga de guía para el uso de que en el pasado y en futuro pudiese aparecer en estas páginas o como diantres se llamen en el lenguaje técnico que refleja las particularidades de este tipo de publicaciones.  

Al este autor sólo le queda agradecer de todo corazón el desvelo y el interés provocado por alguna de sus tontas bromas y animar a sus  lector@s a vivir en cachondeo la mayor parte del tiempo. Pues está comprobado que la vida pasa a mayor rapidez de lo que nos parece y que todo tiempo empleado en lo severo de las preocupaciones necesita equilibrarse con dosis de buen humor y etcétera etcétera.

RECIBO UNA MOLESTA CARTA, QUE PUBLICO.

RECIBO UNA MOLESTA CARTA, QUE PUBLICO.

 

HE RECIBIDO UNA CARTA ABIERTA

 

 

De forma inesperada, he recibido una carta afeándome mi conducta en relación con el descubrimiento del sospechoso texto de Belloch. Aunque contenga erratas e insultos, me da la gana sacarlo a la luz aquí, más que nada porque se titula “Carta abierta” y nobleza obliga y también para que mis lector@s vean por mi personal ejemplo lo que hay que hacer cuando se es víctima de este tipo de tratos.

 

 

Doy a continuación el texto íntegro y exacto recibido. Para que quede constancia.

 

 

Por supuesto, el equipo multidisciplinar encargado del desciframiento del mensaje de Belloch sigue trabajando en el aire y para ustedes. ¡Faltaría más!

 

 

Texto que se cita:

 

 

CARTA ABIERTA A JABIER DALGADO

 

 

Javier Dalgado, eres un tonto de capirote. Te has dejado engañar por la apestosa propaganda de la derecha. ¡Qué te costaba habernos preguntado antes de sacar esa ridiculez en su blok. Te crees muy listo pero caes en todas las trampas de los enemigos del progreso, la expo y la libre circulación de mercancías por la ciudad. Cuando te quieras dar cuenta de tus garrafales errores ya será tarde. Nunca descifrarás los admirables mensajes de nuestro providencial alcalde y además te vas a pegar un civitortazo más gordo del que puedas imaginar. Tonto más que tonto. Lo que eres es un crédulo de las voces enemigas, y eso tendrías que remediarlo. ¡Ni con una huelga de hambre o dos pagarías el daño que tus tontadas representan para el respetable! ¡Déjate de bloks y pasea más por el monte!¡Piérdete!

 

¡DESCUBIERTO EL DIABÓLICO PLAN DEL ALCALDE BELLOCH!

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¡DESCUBIERTO!

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¡DESCUBRIMOS EL TEXTO ORIGINAL DE SU MENSAJE A SUS MÁS OCULTOS ALIADOS¡

¡SÓLO NOS FALTA DESCIFRARLO Y SE LO OFRECEREMOS SIN NINGÚN GASTO POR SU PARTE!

¡ESPERAMOS DESCIFRARLO ANTES DE QUE LO EJECUTE!

¡EN CASO CONTRARIO NO LE DEBEREMOS NINGUNA DEVOLUCIÓN DE NINGÚN DESEMBOLSO INICIAL Y USTED TAN PANCHO!

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¿QUÉ CLASE DE GENTE HAY AL OTRO LADO DEL MENSAJE?

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¿ES BELLOCH REALMENTE QUIEN APARECE A DIARIO COMO BELLOCH?

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¡REPETIMOS! ¡PERMANEZCAN ATENTOS A SU PANTALLA!

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¡RECURRA A SUS FALIMIARES Y AMIGOS!

¡CREEN REDES DE APOYO MUTUO!

¡ESTAMOS A PUNTO DE DESCIFRAR EL TERRIBLE TEXTO DE BELLOCH QUE CONTIENE LAS CLAVES DE SU DIABÓLICO PLAN!

¡DESCONFÍE DE MENSAJES DESORIENTADORES!

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VIDA LOCA(L)

VIDA LOCA(L)

Antes, desde luego en tiempos de Franco franco franco en los periódicos de Zaragoza (recuerdo curioso curial El Noticiero) había una sección bajo el titular  "vIDA LOCAL". Es fácil imaginar qué asuntos se trataban allí. Es fácil imaginar los asuntos, no lo es tanto imaginar cómoo se trataban esos asuntos y desde luego no es fácil recordarlo (más que nada, no conviene, por motivos de salud). Debería resucitarse tan maravillosa forma de ininciar a los tejemanejes de autoridades, súbditos y visitantes de nuestra ciudad. Quizá se pudiese suprimir  la  ele del título, de forma que quedase así: "VIDA LOCA". L@s lector@s sabrían así, desde un primer momento, a la primera ojeada, con qué tipo de cosas se iban a encontrar esa mañana delante de las narices. Incluso animaría sus ánimos: mejor asumir una graciosa locura local má o menos transitoria que rabiar cada día con noticias y declaraciones que resultan molestas sin una preparación del espíritu. "VIDA LOCA" sería sin duda la sección más agradecida de cualquier diario, con tal de que se redactara en los términos precisos y justos; desde luego no en ese tono de seriedad impostada con el que se tratan ahora, que hace mucho más triste su lectura. Bueno. Es sólo una propuesta. Con buena intención.

OSCURO DESEO

OSCURO DESEO

Hubo un retrete cerrado y en él dos niños de once años. Hubo recreos dedicados a forzar a otro niño a darle abrazos y a besarle. Aquel niño forzado tenía la piel aceitosa, resbaladiza, sudorosa, de un tacto excitante, una piel morena, sedosa y perfumada. Su piel, entre las orejas y el nacimiento del pelo de la nuca, exhalaba un perfume caliente que salía del cuello de su camisa como el vapor de una vasija, un vapor que mareaba y que enturbiaba el ánimo.

Aquel niño de mirada baja y labios temblorosos se dejaba encerrar en el retrete, se dejaba decir esas cosas, se dejaba exigir los abrazos, los besos, los instantes de olor  y calor conseguidos con amenazas. Y era la sumisión de aquel niño lo que atizaba la excitación de su raptor, torturador, amante desesperado. En la penosa soledad de aquel retrete, ante la loza exhibida de la taza, esos dos niños se abrazaban y besaban rodeados del ruido de las cataratas y los grifos, las risas, las carreras y los gritos de sus compañeros. Les llegaba el olor del agua en el cemento y del óxido en las tuberías, de la madera hinchada, del serrín disperso en el suelo, de colonias mezcladas, de un sin fin de olores familiares prendidos en camisas, jerséis, pantalones y batas, las ceras y los sebos en las botas, el sudor de los cuerpos en movimiento. Y había momentos de un silencio tan frío como las manos del niño que obedecía y abrazaba y besaba. Y él ardía de placer, enfebrecido con su propia energía concentrada en hacerse obedecer, hipnotizado por su propia capacidad de dominio, fuera de sí, dominado él mismo por  sus propios arrebatos de violencia y deseo.

-         ¡Abrázame!

Y el otro niño le abrazaba. Sentía sus brazos, tímidos, asustados, rodearle su cuello y se entregaba totalmente al mareíllo de aquel perfume del cuerpo caliente que se le abrazaba.

-         ¡Bésame!

Y el otro niño acercaba su boca a su mejilla y le besaba. Sentía el aire ardiente de su respiración sobre la piel, intermitente quemazón, como un anuncio exaltante; y cuando el roce de los labios mezclaba calor, humedad y suavidad sobre su mejilla ¡cómo hubiera vuelto su cara y hubiera puesto sus labios en los de aquel niño que le obedecía!

 Deseaba que aquel niño se atreviese a besarle la boca sin que él se lo exigiera ni ordenara. Por amor. Deseaba que aquel niño capaz de obedecerle por temor, le amara. Necesitaba un beso de amor de aquel niño. Se hubiera entregado enteramente a él si él besara su boca. Ése era su deseo ferviente, ésa la meta de aquellos encierros. Quería creer que aquel niño entraba con él en el retrete no por el imperio de su voz amenazante (nunca le amenazó con pegarle ni con nada concreto) sino por la de un amor que hubiera en su interior y que se atreviese a reconocer y a confesarle. Un amor que hubiera cambiado su vida en un instante.

Aquella obediencia insólita, ¿no era una excusa que aquel niño se daba para no reconocer la verdad de un amor capaz de llevarle a sus brazos?

Aquel niño le obedecía: le seguía, entraba tras él en el retrete, le abrazaba, le besaba las mejillas (¡nunca se atrevió a ordenarle aquel beso tan enloquecedoramente deseado!), pero todo lo hacía con los ojos bajos, por temor (¿a qué?), porque así se lo exigía cada vez que decidía ordenarle que acudiese a su encuentro al comienzo del recreo y entrase en el wáter y buscara el retrete con la puerta cerrada sin pestillo y entrase. ¡Aquellos minutos de espera¡ ¡El momento en el que percibía su tímido empuje al otro lado de la puerta! ¡Cuando veía, nada más abrir una rendija, su cara! 

¿Estaba enamorado? ¿Cómo sabe un niño de once años si está enamorado de otro niño de su clase? Sabía del deseo, de la excitante comezón de un sentimiento corporal más y más dominante. Sabía del asedio intermitente del recuerdo del olor y la textura de la piel de aquel niño. Sabía de la extraña sensación de poder que le producía su obediencia: dar órdenes, ser obedecido, percibir la sumisión, la entrega. ¡A él, que se le hubiera entregado para siempre por un solo beso!

Si aquel niño bajaba los ojos, escuchaba la orden, la cumplía, le seguía, buscaba esa puerta, empujaba y entraba, ¿no era, seguro que no era porque quería, es decir, incluso porque le quería?

¡Qué pensaba ese niño que podía él hacerle! ¡O qué llegó a decirle, qué amenazas pronunció! Su exaltación, su fiebre, la intensidad con la que le mirara, el tono de su voz (pero hablaba en susurros), la forma de mover las manos ante su cara (¡esa cara tan absolutamente deseada!), ¿realmente le hacían temible?

- ¡Bésame!, le decía. ¡Si tú quieres! ¡Si lo estás deseando, que lo sé! ¡Venga, bésame!

Y el otro le abrazaba y le besaba. ¿Seguro que sin  querer? ¿Seguro que sin quererle?

Lo cierto es que cuando dejó de ordenarle que acudiese tras él a los retretes no hubo nunca, ¡ni una vez!, una propuesta del otro que pudiese permitirle pensar que en aquellos abrazos y besos hubiese nada más que una inexplicable sumisión a sus órdenes.

Aquellas sesiones acabaron como comenzaron: sin ningún aviso, sin ningún razonamiento. No sabía si antes de la primera orden se había fijado en aquel niño. No volvió a pensar en él durante muchos años, nunca tuvo un encuentro, nunca medió ni una sola palabra. Dejó de existir para él.

Qué hubiese sucedido de haberle pedido por favor a ese niño que le besase o de haberse atrevido a poner sus labios, sus labios ardientes de anhelo y de deseo, sobre los labios de aquella otra boca. Cómo hubiese sido aquel año (su vida entera, después) compartiendo un dulce secreto, sabiéndose amado por aquel niño a quien tan violentamente amó y maltrató.

EL PINTOR VICENTE PASCUAL

EL PINTOR VICENTE PASCUAL

Ayer tuve el honor de recibir en casa la visita de mmi muy amigo el sabio pintor Vicente Pascual Rodrigo. Nos maileamos, nos hablamos, pero de tanto en tanto hay que verse de verdad, sentirse físicamente cerca, escucharse con presencia, observarse. Conozco a Vicente desde que él tenía catorce o quice años y yo diez y ocho. Yo entonces era un agitado agitador del PCE en el medio cultural zaragozano y él era un pintor con los ojos muy abiertos y la sonrisa muy inteligente. Nunca traté de hacerle comunista porque Vicente ya era un ser imprescindible tal como era y no hacía ninguna falta meterle en ningún lío que no fueran sus propios líos de buscador, preguntador y escuchador. Recuerdo de aquellos primeros años que devoró todos mis libros de teoría estética marxista y pese a todo no pereció ni varió su ruta: los aprovechó como aprovechaba (y sigue aprovechando) todo material intelectual y artístico que se le ponía a tiro  para desarrollar una personalidad propia que a mí me cautivaba (y me cautiva). Recuerdo la dulce expresión que acompañaba sus afirmaciones o negaciones más contundentes y a menudo irreprochables, recuerdo la aparente debilidad de aquel hombre cuyas decisiones eran determinantes: cuando marchó a Baleares, cuando marchó a Nueva York, cuando se vino a vivir y trabajar a Tarazona, que es donde lo tenemos ahora para nuestra suerte.

Ayer, mientras hablábamos y reíamos, observaba otra vez su mirada penetrante y su dulce sonrisa. Han pasado los años, ha vivido y ha vivido interiormente mucho, ha crecido intentando descrecer su yo para dejar paso a la vida verdadera. Su sabia poesía ha estado siempre en sus cuadros, pero ahora está escribiendo con palabras una expresión destilada y desnuda de sus más íntimas preocupaciones. Está fabricando un libro, un muy hermoso libro de pequeños grandes cuadros y breves profundos textos. Se ha puesto en ello mientras diversas enfermedades se han cebado en su cuerpo, que las acoje a todas con humor y valor. Sufre pero ama. Se agota pero vislumbra nuevas vidas. Y no para: es un trabajador nato y así seguirá, espero que por muchos años.

A mí Vicente pascual me admira. Ya me admiró de joven, pero ahora la admiración que siento hacia él, hacia su forma de vida y hacia la obra pictórica que le expresa y le oculta (porque no exhibe, muestra). Tomábamos el té sentados en la alfombra y éramos dos hermanos del desierto abiertos a la revelación del otro, ésa que sólo se produce cuando hay serenidad e inquietud, humor y seriedad, palabras y silencios, los mínimos gestos necesarios.

La tarde iba pasando, o éramos nosotros quienes íbamos pasando por la tarde, absorviendo su jugo de amistad. Cuando se tuvo que ir nos despedimos como siempre, como si nos saludáramos de nuevo. Porque después de una conversación como la que ofrece Vicente has conocido a otra persona en su persona y en tu persona, y esas dos personas necesitan saludarse. Quienes se despiden son las persoas que se saludaron al comenzar la tarde. Nosotros, los nosotros de ahora, ya no.

Luego, en la soledad de su partida, su presencia no quería abandonarme y yo deseaba mantenerla junto a mí. Al final, las leyes de la física y la química y todas esas leyes gracias a las que sobrevivimos, acabaron por separarnos del todo. Hasta la próxima.

He puesto un enlace a su web. Paséense por ella, disfruten de su obra, de su presencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

MEDITACIÓN, ON, ON, OOOOONNN

MEDITACIÓN, ON, ON, OOOOONNN

La ilustración que precede a estas líneas es de mi amiga Ana Martín.  La he escogido para proponer a l@s amig@s del psoe del ayuntamiento de Zaragoza que se la pongan delante de las narices (literalmente: en la punta mismísima de sus narices socialistas) y mediten largamente, aspirando y expirando (el aire: no hace falta que expiren del todo y nos enluten) lentamente, concentrándose mucho en una sola idea (es decir: en toda una idea, no sólo en un cachito de idea como suelen hacer más que nada por pereza y por tener caracter risueño y saltarín). Una vez fijada la atención en esa idea, que procuren como si dijéramos corporeizarla, darle cuerpo ante sus ojos, y luego ir mirándola en sus detalles, etc. Pueden, si quieren y les favorece la concentración, hacer resonar en sus cerebros el célebre sonido "OOOOOOONNNNN", que acaso les suene de algo. La finalidad de esta práctica meditativa es preparar sus espíritus, o lo que quede de ellos, para tomar una decisión. Una detrás de otra, sin avalanzarse ni precipitarse y procurando no despistarse mucho. Es posible que por lo menos algunos de ellos consigan así un estado mental y de ánimo que les permita conectar con la realidad sin excesivo perjuicio (para la realidad). En fin, es sólo una pequeña propuesta por si sirve de algo, que a estas alturas puede dudarse.

ENCUENTRO. CUENTO TRISTE.

ENCUENTRO. CUENTO TRISTE.

 

Estaba junto a él, era un decir: estaba en su sitio y el ocupaba un lugar a su lado, no es que ella hubiese hecho nada para estar junto a él. Estaban uno al lado del otro, pero eso solamente lo sabía él. Y no tenía ni la más pequeña pizca de valor hacerlo notar, para declararlo. Hubiera querido hacerlo, pero para eso hubiera tenido que haber hecho anteriormente muchas otras cosas en su vida, y no las había hecho, ni siquiera pensado ni deseado. Hubiera querido, en definitiva, ser otro en ese momento en el que su perfume le llegaba como una noticia de alguna de esas otras vidas que hubiera podido vivir. Si las hubiera vivido, aquella mujer acaso no estaría simplemente ocupando un lugar a su lado. Le miraría y estaría con él, desearía su compañía, compartiría con él la vivencia intensa de aquel instante. Y sería un instante sagrado.

 

No era un instante sagrado, ni siquiera un instante, al menos no para los dos. Para ella, en el curso completo de su vida ¿qué sería? Pudiera ser que no hubiese reparado ni en él ni en la calma del viento ni en la luz ya rendida de los últimos rayos de sol. Allá arriba, entre las nubes gruesas del verano, los colores variaban incesantemente. Aquí abajo acaso ella fuera ciega y nada supiera de las puestas de sol. O sorda, y los tenues sonidos del campo no le afectasen. Pero en la piel sí tendría la constancia del aire: su tibieza y su lentitud. Seguro que percibía el oscilar de los extremos de su melena, la rebeldía de unos cuantos cabellos azotando apaciblemente su frente. Su frente tan tersa. ¿Sería inteligente o enferma mental? El perfume que exhalaba su cuerpo a través de las ropas, ¿se lo habrían echado unas manos que la cuidan? ¿Lo elegiría ella? Aquella inmovilidad total, aquel echar raíces en el monte a esas horas cercanas al ocaso, a sus peligros reales y a sus miedos, ¿de qué podía ser señal?

 

Decidió preocuparse. Sería una forma de amarla sin que a él mismo se lo pareciera. Era natural, preocuparse por aquella mujer solitaria parada en medio del monte. Cualquiera lo haría. Se preocupó. Desde la breve distancia que los separaba se afanó en percibir el más mínimo vestigio de temor en ella, o desorientación, hambre, sed, alertas de lipotimia, síntomas de mareo. ¿Estaría enferma, gravemente enferma? Uniría sus destinos en una ofrenda sin límites: sería su acompañante, su enfermero, el albacea de sus últimas voluntades, testigo de su salir del mundo. Sufriría muchísimo. Pero ella jamás lo advertiría. No se permitiría ni un gesto de dolor, ni una mirada de desesperanza. Como un escudero velaría por su dama, él con esa mujer. Su enseña y su divisa, sus colores, el color de sus ojos. ¿Los tendría cerrados, para siempre cerrados? Inventaría un color de ojos para los ojos de la mujer. Verdes. Grandes. Rodeados de grandes ojeras malvas oscuras. Flores sobre una tumba. Dos tumbas. Dos tumbas sus ojos cerrados, pálidos párpados de quietud eterna. Dos pequeñas muertes sobre un ser vivo. Una mujer con los ojos muertos. Se sobresaltó.

 

Le pasaría una mano por delante de los ojos, esos ojos. Y si no reaccionaba, emplearía la voz. La voz más dulce que hubiera escuchado nunca esa mujer. Mentalmente, preparó su garganta para la primera frase, la decisiva. No esperaba que viese. ¡Y no estaría sorda! Este pensamiento le derrumbó. ¿También sería totalmente ajena a los sonidos del monte al atardecer? ¿Y si tampoco pusiera oler la lavanda, el romero, el tomillo, la suave humedad de las raíces lamidas por las últimas lluvias, la esencia de la tarde, su perfume inmediato y eterno? Estaba, pues,  enamorándose de una mujer junto a la que sin ninguna duda sería totalmente infeliz. ¿O hay algún tipo de felicidad en la compañía de una mujer así?

 

De niño le regalaron un cachorro. ¡Con qué ilusión lo cogió entre sus brazos! ¡Nunca antes amó así! Con el perrillo en sus brazos amó la creación entera, con sus ballenas, caballos, pájaros, conejos y escarabajos. Cuando se dio cuenta de que aquel cachorro era cojo lo rechazó. ¡Le resultaba imposible mantenerlo cerca de sí! Lo rechazó violentamente. Odió a ese cachorro cuya cojera le hacía totalmente infeliz. Sus sueños: corriendo por los caminos con su perro, hechos trizas. Veía cojear al perro y sentía que su cojera se le adhería. Caminaba junto al animal cojeando. Dos cojos. Todas aquellas deseadas aventuras imposibles. Lo mató. Todavía era un rebujo, un globito hinchado tras hartarse de leche. Lo metió en un balde lleno de agua y se puso a hacer remolinos con el brazo. El perrillo aparecía y desaparecía en medio de aquel ojo de agua espumosa. Se le cansaba el brazo, y el perrillo aún vivía. Lo odió aún más por eso. ¡Encima estaba haciendo de él un asesino, un torturador! Lo sacó del balde. Temblaban tanto los dos que él también moriría después de aquello. Pero no quería morir. Lo que quería era deshacerse de aquel perro cojo que le condenaría para muchos años a una infelicidad no deseada. Lo que quería era un perro entero, un compañero de aventuras, un animal capaz. Vagando por la casa vio la nevera. No lo pensó dos veces: la abrió, metió al cachorro en el congelador y se tumbó en la cama. ¿Cómo pudo dormir la siesta? Despertó. Tardó en recordar sus últimos actos. Entonces abrió la nevera y sacó el cuerpo del perrillo. Estaba todo tieso. ¿Cuánto habría tardado en morir? Tenía en el cerebro a ese perro, acusándole. Lo tendría de por vida. ¡Capaz de una cosa así!

 

La mujer de al lado pareció estremecerse. ¿Había podido escuchar de alguna forma su relato? ¡Pues estaba bueno! ¡Ahora sí que no tendría nada, pero nada que hacer!

 

Lo mejor sería verificar su ceguera. Eso posibilitaría un plan. Un plan de ataque. ¿Por qué había pensado de ataque? La presencia de la mujer le incomodaba. ¿Ahí quieta, junto a él, sin querer hacer notar que sabía de su presencia, sin darle la gana de comunicarse en absoluto con él! ¡Pero yo puedo ser un magnífico amante!, le dijo sin palabras. Y pensó que le decía cosas bonitas, frases acertadas. Y que ella sonreía. La otra cara de la luna, eso era la cara de la mujer ahora. Inaccesible pero existente. Y en esa otra cara nacía una sonrisa en respuesta a sus palabras amorosas. Quería, necesitaba ver esa cara oculta al otro lado. En cualquier caso, le pasaría la mano por delante de los ojos, y a ver.

 

Así lo hizo. No hubo respuesta. Inmovilidad total. Dio tres pasos y se colocó ante ella moviendo los brazos ante su cara. ¡Y no vio a nadie allí! Al otro lado de sus manos no había ninguna mujer. Sólo el paisaje oscurecido del anochecer. ¿Había desaparecido en la penumbra del monte? Pero aún los últimos rayos del sol dejaban advertir las figuras más o menos lejanas de los árboles, las rocas, los matojos. Aún podía decirse: almendros, granito, lavanda. ¿Y la mujer? Entonces pensó que aquella mujer no había estado allí nunca. Y entonces, él mismo, ¿qué había hecho?, ¿dónde había estado? ¿Dónde estaba él?

 

 

LA ROMAREDA Y SU DUODÉCIMA. ¡ORA PRO NOBIS!

LA ROMAREDA Y SU DUODÉCIMA. ¡ORA PRO NOBIS!

Lo de la Romareda (obras adjuntas, rastro ambulante, campo de fútbol y varios etcéteras medio desvelados o todavía por desvelar) es otro de estos casos que últimamente alegran la vida del vecindario zaragozano. Dicen que en estos asuntos de grandes e impresionantes obras lo fundamental son los números, sobre todo los pequeños números menos contantes y sonantes que se resisten a desaparecer de los papeles una vez puestos: los que hacen unos, los que deshacen otros, los que pasarán como herencia a l@s contribuyentes, los que se irán por los desagües, los que se borrarán con goma Milán, los que se repasarán y los que se subrayarán con la parte roja o azul de un lápiz rojo y azul. Ésa y no otra es una de las tareas cotidianas de un teniente de alcalde encargado del urbanismo: ver volúmenes en tres dimensiones y reducirlos sabiamente a números. Y luego repasarlos, borrarlos o subrayarlos. En eso va una buena parte del sueldo de un teniente de alcalde y todo el de varios ayudantes de varios tipos de ayudas funcionariales, contratadas, subcontratadas, privatizadas o como sea que se hayan establecido para la ocasión o para toda la legislatura.

Pero es que Antonio Gaspar tiene problemas con los números hace ya mucho tiempo, incluso, aunque suene raro y sorprendente, antes de ser teniente de alcalde de Urbanismo. Un ejemplo: hace años firmó una traducción con su ahora señora la Diputada de las Cortes de Aragón Nieves Ibeas (ambos ya entonces profesores de nuestra Universidad) de la novela en francés de Michel del Castillo “El tiovivo español”, en la que puede leerse  que “El padre Risueño era el doceavo [sic] hijo de una familia de campesinos cristianos y pobres (Op. Cit., Zaragoza, Mira, 1991, p. 208). Muy pobre debía de ser  esa familia, realmente, para recibir un doceavo de hijo, es decir, una doceava parte de hijo, que es muy poca cosa de un recién nacido y aun de una criatura hecha y derecha tan sólo en su doceva parte. Hay que ser muy cristiano para afrontar algo así con ese rasgo de buen humor con el que bautizaron al engendro nada menos que con el nombre de “Risueño”. Si les llega a nacer una cuarta parte de hijo le hubieran puesto ya Carcajada General.

Pues ese es el asunto. Que si al duodécimo se le llama doceavo las cuentas salen como salen, sobre todo más quebradas. Y todo ese lío de pasar de áreas a hectáreas y a metros cuadrados, volúmenes, líquidos, gases - sin olvidar los metros lineales y los tranvías de medio punto y todo eso que seguramente un día cercano también nos regocijará - y luego traducirlo a cantidades monetarias, a euros (que menudos son ellos para dejarse manejar así como así), pues eso: que las cuentas se transforman en cuentos de hadas. ¡Estupendo, estupendo!, belloqueó el alcalde de la ciudad varias veces al respecto y prestó más de la doceava parte de sus alharacas a su teniente de alcalde Gaspar, pese a la oposición de la oposición que cuando se opone se pone a hacer cuentas mucho mejor que cuando gobierna, faltaría más, y eso que ellos también están bastante quebrados bajo el peso de la doceava parte del concejal Buesa que en su infinita bondad no se permite apoyar el resto de su mismidad sobre el resto de la oposición.

 Pero héte aquí que, para más INRI, todo un magistrado-juez entero y verdadero sin división de partes que se le conozcan, y encima de la misma Zaragoza, ni madrileño ni catalán ni vasco ni nada de nada, y que se hizo sabio en la Facultad de Derecho de nuestra ciudad, va y dice que no. Que incluso hay cuentas por hacer que no se han hecho (o sea, que se habrán hecho como mucho la mitad de las cuentas en la doceava parte del tiempo necesario para hacerlas lindamente para llegar bien puestas al duodécimo repaso del asunto). Hasta la doceava parte de un juez en el obligado ejercicio de su duodécima función como tal y tal, parece que hubiese podido disponer “estimar la medida cautelar solicitada respecto a los acuerdos del proyecto del nuevo campo de fútbol y adjudicación de las obras…” y aprobar “la suspensión de ambos”, o sea, de las dos cosas, proyecto y adjudicación, sin dejar ni una milésima parte de duda en ninguna parte de sus veintitrés folios de sus jurídicos razonamientos.

Cuentas quebradas, quebradas ilusiones, paralizadas obras. Y entretanto, para dar más color al cuadro, las multitudes de vendedor@s ambulantes exigiendo un nuevo cambio de tercio. ¡Y vuelta a empezar! Todo esto es una expo cotidiana que acabará en bendita y alabada sea la hora o acabará con tod@s nosotr@s. Que a lo mejor es de lo que se trata. De diezmar. Que somos much@s ya y esto no hay quien lo aguante.

RENUNCIA . UN CUENTO ADOLESCENTE

RENUNCIA . UN CUENTO ADOLESCENTE

                                                           RENUNCIA

 

Estaba obsesionado con aquella chica. Llevaba ya dos años pensando sólo en ella, más concretamente,  en cómo llegar a su boca con la suya, darle un beso y, sobre todo, que se lo diera ella, sentir que se lo daba, entregarse a su beso como una pieza de caza se dejara dar muerte por un buen cazador. Ella, su cazadora. Su amada cazadora, esa chica flacucha y nariguda, de cabellera negra y negrísimos ojos, piel brillante y labios dibujados exactamente para provocar pasión.  La suya, que iba en aumento conforme la distancia entre sus labios y los suyos se mantenía y él iba creciendo y también ella. Sus pechos pujantes, por ejemplo, sus muslos sedosos. Lo sabía por algunos roces provocados adrede: bajo la tela crecían los placeres aún vedados. Había placeres de aquella chica que aún no acababa de hacerse idea de cómo eran. Ni quería. Esperaba el momento de la revelación.

 

Esperaba desde hace dos años, día tras día, sobre todo en verano. En la piscina, su cuerpo deportivo se silueteaba maravillosamente al saltar al agua. Después, entre trazos sutiles, avanzaba nadando como una pequeña diosa disfrazada con el bañador. Saldría, y las gotitas brillarían por todo su cuerpo, incluso en las pestañas y en sus labios temblorosos y también en los pies, tan cerca de la hierba y de las hormigas y acaso de algún pincho. Sufría viendo esos leves pies arriesgarse sin necesidad. Él la llevaría en brazos hasta el fin del mundo.

 

La llevaba con él, junto a él, sin atreverse a tomarla de la mano, hasta las escaleritas de hormigón de la puerta de hierro. La hiedra y las robinias daban sombra y olor a humedades lejanas, y ella tiritaba. Todo el rato tiritaba mientras reía o sonreía mientras le escuchaba. Las gotitas brillaban y un halo luminoso enmarcaba su rostro a contraluz. Sus ojos negrísimos señalaban el centro del mundo mientras él le hablaba de todas las cosas que se le ocurrían para retenerla sentada junto a sí. Cuando las gotitas desaparecían de sus tersos hombros ya sabía que el tiempo se estaba acabando. Pronto solamente quedarían gotas en esos pelillos suaves de su nuca y él querría creer que serían gotas de sudor: ella estaba sudando, como él, del placer de estar cerca y de hablarse bajito y de algún que otro roce de sus piernas o brazos, para cuándo las mejillas, las mejillas cuándo, y él sudaba del placer y del dolor que aquella cercanía le hacía sentir. Los veranos, ya eran dos veranos, los veranos sobre todo, eran tiempos de sufrir y gozar más que nunca.

 

Una tarde la chica llegó a su casa para jugar con la hermana, y él, al escuchar su voz avanzar por el pasillo, se encogió en el sofá que compartía con su madre y recitó aquello de Quevedo: “¡Déjame en paz, amor tirano, déjame en paz!” Su madre reaccionó con enfado: ¡a qué venían esas palabras!¡Qué tontería! No comprendió el enfado de su madre, ni su forma de reaccionar ante su amor por la chica, del que no habían hablado nunca pero del que podía tener noticias indirectas. Aquel enfado ante la expresión de unos sentimientos profundos le pareció una agresión violenta, injusta y detestable, algo impropio de su madre, a la que vio desde entonces con otros ojos. Pensó, incluso, que había celos, celos de madre pero celos de mujer madre, en su rechazo de un sentimiento amoroso suyo hacia otra persona. En cualquier caso, le pareció innoble y carente de sensibilidad y respeto. Y también carente de humor, acaso lo más importante. Al parecer, la expresión de un afecto personal extrafamiliar era castigada con la segregación. ¿Se le castigaba por su edad o por algo más profundo y general? En cualquier caso, se sintió rechazado por su madre y visto por ella como alguien que siente algo reprochable.

 

Le nació así la conciencia de individualidad en todo lo concerniente a la vida amorosa. No, una madre no era la persona más indicada para acompañar a un hijo en un proceso de enamoramiento. Saberlo a los trece años le dolió pero también le dio unas nuevas fuerzas vitales propias que antes acaso esperaba recibir de su madre. Era como si hubiera vuelto a nacer, esta vez ya para mantenerse separado de ella, autónomo e independiente. Estaba más solo en la vida, pero era más él mismo.

 

Pasaron esos dos años de vueltas alrededor de la chica. Cualquier ocasión era buena para acercar su nariz al nacimiento de su nuca o al cuello y aspirar los perfumes del paraíso. Cualquier movimiento suyo podía entregarle un regalo de piel. Y si ella le miraba, ¿no vería en sus ojos todo lo que la quería? Pero ella le miraba como devolviendo su apasionada mirada con un interrogante. Sus ojos parecían asustarse al preguntar en silencio: ¿Por qué me miras así?

 

Alguna vez creyó haberse hecho entender. ¡Ella sabía de su amor y lo aceptaba! Ni siquiera esperaba, por más que lo desease, la reciprocidad. Tan sólo imaginaba que la chica sabía de su amor y permitía, contenta, que le quisiera. Alguna vez creyó haber conseguido su permiso y su bendición. Pero no había nada que lo confirmase. Volvían los días de angustia y desorientación. En momentos de desánimo total buscaba en las revistas la foto de alguna chica y se abalanzaba sobre una cara desconocida para besarla con una pasión fingida, expresión irrefrenable de su verdadera pasión. Si veía besarse a una pareja bajo su ventana, sentía en sus labios los labios de la chica, el calor de su cercana respiración, el susurro de sus palabras de amor. A los quince años vivía constante agonía. Ella crecía en todo menos en el amor. Respecto a eso, incluso parecía más y más ignorante y alejada.

 

Cumplió ella trece años. Le envió un ramo de claveles, de trece claveles rojos con una tarjeta en la que sólo acertó a escribir un ¡Felicidades! Seguido de su firma. Ella le llamó por teléfono para agradecérselo. Parecía que aquellos trece claveles le habían dado un aviso de su amor. Pero si hubo aviso no hubo manera de confirmarlo. Todo siguió igual entre ellos. Una tarde, sentado junto a ella mientras estudiaban, estuvo a punto de lanzarse contra su cuerpo, abrazarla y besarla. Pero sintió la violencia de su deseo, más que la ternura, y temió asustarla. Se sumió en la tristeza. Después en la desesperación. Después de la reacción de su madre no se atrevió a comentar con nadie sus vivencias más íntimas y el pozo de angustia se llenaba nada más abrir los ojos cada mañana, cada día más lleno de aquel agua helada y  negra que amenazaba con anegar su corazón.

 

Tomó una resolución.

 

En la misa del domingo rezó intensamente a su Dios, pidiéndole ayuda. Era ya su único confidente, el único ser con acceso a su interior. Comenzó rezando para que Dios le diera paciencia e ideas. Conseguir a su chica con ayuda de Dios. Pero en la comunión tuvo la certeza de que Dios le decía que no era posible, que aquella chica era aún muy niña para entender su amor y que además debía dejarla vivir tranquila, lejos de su pasión. Si la quería de verdad, esa era su verdadera obligación: alejarse de ella, renunciar, dejarla.

 

Lloró muy amargamente mientras pensaba esas cosas que le partían el corazón. Y de su corazón herido surgió una plegaria en la que fundió amor, orgullo y obediencia. Le dijo a su Dios que vale, que se alejaría, que abandonaría su intento de amor. Pero a cambio El mismo, Dios, se haría cargo de ella. “Te la doy”, le dijo. Era suya y se la podía dar. En su interior no admitía que nadie más abajo del mismísimo Dios pudiera tener algo que ver con ella. Si no era para él, sólo sería para Dios.

 

Salió agotado de misa. Agotado y contento. Había hecho lo que tenía que hacer. Desde aquel día no hubo en él ni un solo instante de arrepentimiento por aquella renuncia. Siguió sintiendo en su interior un amor muy profundo hacia su amada, pero era un amor  tranquilo y pasivo, la sombra blanca de su antiguo amor.

 

 

 

 

ÁNIMOS Y ÁNIMO

ÁNIMOS Y ÁNIMO

He decidido decirlo bastante claro en este blog. Al fin y al cabo, esto es una ventana para comunicarse, no un espejo para mirarse ni un cristal deformado para mostrar una imagen a medida de lo que se espere de uno ahí fuera. Vivo bajo los desastrosos efectos de una depresión. Sobrevivo con pastillas, tratamiento y buenas compañías. A ratos el ánimo se viene abajo. A ratos alguien o algo te da ánimos y parece que la vida tiene algún sentido: entonces haces cosas, las que más te gusta hacer: leer, estudiar, escribir, follar, ver cine, escucharr música, pasear, hablar. Pero también ocurre que un encuentro inesperado con la decepción o con el dolor moral acaba echando por tierra todo el ánimo, los ánimos y las ganas de vivir. Quienes lean este blog tienen derecho a saber que aquí hay una persona montada en  una especie de montaña rusa emocional, una montaña rusa de la que a veces se teme tenga algún fallo estructural y que este cacharro en el que vas a toda hostia salga despedido al vacío. No me interesa el morbo ni la compasión. Sólo intento que el hecho de expresar el problema me ayude a resoverlo, o al menos a sobrellevarlo mejor. Durante los primeros muchos meses oculté mi mal a todo el mundo, y eso me hizo mal a mí mismo. No es que ahora me haya vuelto exhibicionista. Sólo que así las cosas están más claras entre quien se meneja en este blog y sus posibles lector@s , que sabrán a qué atenerse en caso de duda. Si algún rato se me apaga la bombilla pues será por eso. Espero que se me vuelva a encender, como así ha ocurrido hasta ahora. Este blog es un reto y también un termómetro, un cronómetro, un metrónomo y toda suerte de aparatos que midan el pálpito verdadero de la vida. Lamento dar malas noticias. Para mí la buena es que aún las puedo dar. Bueno. Pues encantado de conocerles. Y perdonen las molestias. Se hará lo que se pueda y ya está. Gracias por su atención. A otra cosa, mariposa.